Balón de Terciopelo

Capítulo 28

LA SORPRESA

Esa noche, luego del partido, Elodie se dejó caer en la cama y no se despertó hasta pasado el mediodía del día siguiente.
Mildred estaba igual de cansada y no fue hasta que escucharon una campanilla sonar que despertaron.

-Buenos días princesas, les traje el almuerzo- dijo Cecily Warton, con voz suave.
-Señora, ¿cómo está?… Elo despierta que tu mamá nos trajo comida- dijo Millie con una sonrisa.
-¿Mi qué?- preguntó Elodie fregándose los ojos como queriendo cerciorarse de que lo que estaba viendo fuese real.
-Hola bebita, les traje un desayuno tardío y arreglé para que tus compañeritas, tu y yo vayamos a un spa más tarde.
-¿Lo qué?- preguntó Elodie mirándola con incredulidad.
- A un spa. Bueno, ahora las dejo para que coman. Ya arreglé para que las pasen a buscar más tarde. Nos vemos.
-¿En el qué?- llegó a preguntar Elodie antes de que se fuera.

Todo lo que estaba sucediendo le pareció tan increíble, que no fue hasta que Mildred comenzó a servirse de la comida que su madre les había puesto en un carrito de comida, que entró en razón de lo que realmente había sucedido.

-¿Ella realmente estuvo aquí no es así?
-Y la comida está deliciosa, deberías probarla antes de que yo me coma todo- dijo pasándole una de las bandejas.
- ¿Y habló de un spa?
-Sí, no sabes las ganas que tengo de que me hagan un masaje.
-No pienso ir, ni comer nada de lo que trajo, ¿qué se ha creído?
-Elo, dale una oportunidad, más si lo que busca es mimarte.
-Me consiente tanto que me enteré por el Rector que se había divorciado y quedado sin dinero, para luego, volver a enterarme, nuevamente por medio del Recto que ya no necesito la beca.

Mildred que estaba comiendo alegremente levantó la ceja sorprendida con lo que Elodie acababa de decirle.
-¿No precisas la beca?
-Aparentemente no, el Rector no quiso explicarme, me dijo que tenía que hablar con Cecily.
-Elo, eso es fantástico, aprovecha y habla con ella.
- Yo…no sé…además planeo dejar el equipo.
-¿Cómo que planeas abandonarnos?
-¿Y seguir teniendo a Félix como entrenador? No gracias.
-Pero si hasta ahora es nuestro entrenador y...
-Sí, pero ahora está soltero, pronto va a estar casado ¿recuerdas?
-¿Te sigue importando?
-Sí, me sigue importando, ¿contenta?- dijo entre gritos.

Millie sonrío de manera pícara y no dijo nada más, le sirvió un poco de jugo, unos entremeses y prácticamente la obligó a comer.
Tiempo después, un hombre con uniforme de chofer les golpeó la puerta y con una reverencia se presentó para llevarlas al spa.

Poco menos tuvo que obligar a Elodie para que fuera al spa y al ver a sus compañeras en una limusina enorme que las esperaba en la salida, ella se sintió avergonzada.
Era la primera vez que se sentía apenada por el hecho de hacer una burda ostentación del dinero que tenía.

Esta mujer no para de hacerme pasar malos ratos, primero me deja en una situación paupérrima, y cuando el resto de las personas comienzan a aceptarme por lo que soy, ella comienza a tirar dinero por la ventana para que todos sigan pensando que soy una consentida.

-¿Qué sucede? – le preguntó Millie mientras iban bajando las escalinatas en dirección a la limusina.
-¡Que no te das cuenta de que van a volverme a odiar!
-Tranquila, inventaremos alguna cosa.
-¿Y qué voy a inventarles?- llegó a decir antes de subirse a la limusina totalmente apenada.
Sus compañeras de equipo estaban sumamente felices, divirtiéndose a lo grande dentro de la limusina como para notar la preocupación que Elodie llevaba escrita en la cara. Al poco tiempo, ella se olvidó de lo que las otras podían pensar, y comenzó a divertirse también.
Su preocupación se había desvanecido por completo, y el resto de las muchachas del equipo la recibieron como si se tratase de una heroína.

- El Rector si que se lució en darnos este regalo- dijo una de las muchachas del equipo.
-¿El Rector? Preguntaron Elodie y Millie al mismo tiempo.
-Claro, eso es lo que dice la invitación, ¿acaso a ustedes no les llegó una?
-Sí, la invitación, claro- dijo Millie dándole un ligero codazo a Elodie.
-Al menos tuvo la sensatez de no decirle nada al resto- le susurró a Millie.
-Te dije que todo iba a estar bien. Tu madre no es tan mala como crees- le susurró esta a su vez.
-No puedes culparme por dudar.
-Ni siquiera abriste el regalo que te hizo- dijo sacándolo de su cartera.
-¿De dónde sacaste eso?
-De tu escritorio, ¿por qué no lo abres?
-Ábrelo tú.
-No es mío.
-Eso no te impidió tomarlo- dijo Elodie sacándoselo de las manos, intentando lucir molesta aunque en realidad no lo estaba.

Al abrirlo se encontró con un anillo con forma de balón de fútbol donde los hexágonos negros estaban hechos con diamantes negros, y los blancos con diamantes transparentes. El anillo era lujoso pero de buen gusto y se notaba el esmero que habían puesto en diseñarlo.
Dentro se podía leer una inscripción: “orgullosa de mi goleadora”

-¡Vaya! Es muy lindo y debe haberle costado una fortuna- exclamó Millie.
-¿Pero cómo... sabía que yo iba a meter un gol?
-Creo que te conoce… casi como si fuera tu madre- dijo entre risas.
-¡Qué graciosa!




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