Balón de Terciopelo

Capítulo 33

PARA SIEMPRE

La Iglesia estaba llena, horas antes de que comenzara la ceremonia. Elodie siempre había querido casarse en una imponente catedral del centro de la ciudad cuyos vitrales le recordaban el amanecer en la montaña, y gracias a su madre, puedo hacerlo.

Los techos amplios y altos, tenían frescos con pinturas religiosas que se hacían que el lugar pareciera salido de un cuento de hadas.

A esa hora de la mañana, los vitrales filtraban el sol haciendo que los antiguos bancos de madera se bañasen con la calidez de sus colores.

El lugar parecía suspendido en una especie de idilio, todo estaba arreglado de forma exquisita. Los bancos decorados con flores, lo mismo el altar e incluso las puertas de la catedral.

Los invitados susurraban entre si como queriendo mantener la solemnidad que el lugar emanaba. No había nadie de la alta sociedad, solo un par de amigas íntimas de la madre de Elodie, y de la familia de Félix.

Intencionalmente, Elodie había hecho del evento algo exclusivo y reservado a aquellos a quienes apreciaba.

Félix esperaba junto a sus padres y a la madre de Elodie en el altar, intentando no lucir nervioso. Sin embargo, la verdad era que lo estaba, no paraba de moverse e impacientarse cada vez que alguien lo saludaba de lejos.

-Ojalá dejen de saludarme que Elodie va a entrar en cualquier momento y ni cuenta voy a darme.
-Tranquilo que cuando entre, te vas a dar cuenta- le susurró su padre.
-No lo sé, esos tontos no hacen nada más que distraerme.

Su cabello no solo había vuelto a ser pelirrojo sino que desde que se había quitado los piercings que llevaba, lucía muy diferente.

El traje que llevaba puesto, lo hacía parecer más un modelo de alta moda que un entrenador de fútbol.

Cada minuto que pasaba, hacía que se sintiera más nervioso y que le sudaran las palmas de la mano. Nunca se había sentido así, ni cuando jugó en la champions , ni cuando tuvo que dejar de jugar para venir con su hermana a Estados Unidos para que hiciera su tratamiento.

Esta vez era diferente, esto era para toda la vida y no se arrepentía ni un ápice. Sin embargo estaba temblando de los nervios.

-Calma muchacho que el baile viene después de la boda- le dijo su padre entre risas.
-Recuerda que luego de la boda, luna de miel.

Justo cuando Félix creyó que la hora de que Elodie entrara, no llegaba más, el murmullo se incremento. Y exactamente en ese momento, las damas de honor comenzaron a entrar, catorce en total. Todas las chicas del equipo con catorce padrinos elegidos por Félix. Acto seguido la marcha nupcial comenzó.

Félix miró como incrédulo agradeciendo que al parecer, Elodie no se había arrepentido.

Inmediatamente el murmullo cesó y Philippe le susurró algo al oído que hizo que Félix sonriera y se relajara un poco.

Las puertas se abrieron y todas las miradas se clavaron en la entrada.

Primero entró Olivia a quien le había comenzado a salir el cabello pero que para ese día, llevaba una peluca castaña hecha especialmente para ella.
Oli hizo volar los pétalos de flores y segundos después, Elodie entró del brazo del señor Knight.

Al principio Félix no la pudo ver bien, los reflectores y flashes se lo impidieron, pero a medida que ella comenzó a avanzar lentamente, él pudo verla.

Su vestido blanco adornado con perlas y cristales que caía desde su cuerpo con una elegancia natural, hacía que se viera como una princesa.

El corset era delicado, ajustado lo justo para definir la figura sin marcarla en exceso. Encaje fino subía desde la parte superior, como si dibujara sobre la piel. No era recargado, pero captaba la luz de los vitrales de forma sutil, haciendo pequeños reflejos que cambiaban con cada paso.

La falda era amplia, pero no pesada. Capas de tul y tela suave se movían con ella, flotando ligeramente al caminar. No arrastraba el vestido; el vestido la seguía, como si respondiera a su movimiento.

El velo caía desde la parte trasera del peinado, ligero, transparente, rozándole la espalda y cayendo detrás como una línea de aire blanco.

El cabello estaba recogido de forma elegante, bajo, con algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro sin desordenarlo. No era un peinado rígido, sino controlado con naturalidad.

Llevaba un ramo de rosas azules y rosa, el color de su equipo de fútbol y a medida que se fue acercando, Félix pudo ver las lágrimas en sus ojos.

Él también, había dejado caer unas lágrimas, y al tenerla frente a frente, fue como si el mundo se hubiera detenido.

El encaje del velo hacía que Elodie luciera etérea, casi como si se tuviera luz propia. Al llegar se detuvo frente al altar y ambos se arrodillaron mientras el sacerdote les daba su bendición.

Las palabras sonaron como un dulce eco y llegado el momento, Félix miró a Elodie y luego de decir los votos, le puso el anillo en el dedo y seguidamente, ella hizo lo mismo.

-Puede besar a la novia- dijo el sacerdote.

Ambos se miraron , sonrieron y finalmente Félix levantó el velo y la besó.

Habían decidido donar el dinero de la fiesta para el hospital en el que Olivia se había atendido, e irse de luna de miel ni bien terminase la ceremonia. Cuando el sacerdote pronunció las palabras finales, salieron de la Iglesia rumbo a la montaña, con la promesa solemne de llevar a Olivia cuando fueran al caribe.

El vuelo duró a penas unas horas ya que habían decidido quedarse en Estados Unidos y gastar el dinero en más donaciones. Esta vez, el dinero ahorra se iba a destinar en ayudar a las muchachas del equipo cuyas becas no eran suficientes.

Unos meses atrás, Elodie se hubiera sentido una desgraciada por no poder darse ciertos lujos, pero ahora era diferente, no precisa de cosas materiales para ser feliz. Por primera vez veía la realidad de otra manera, una manera más austera sí, pero también más humana.




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