Basalto 2700

Capítulo 4

Al llegar a casa y que su madre le confirmara lo esperado, Misar se acercó sutilmente a Gala, quien se encontraba hecha un ovillo en el sillón de la residencia. Puso su cabeza sobre su hombro y la rodeó cálidamente con sus brazos.

— Tranquila, ma. Ya vi cómo resolver el problema. — Susurra Misar con una esperanzadora convicción.

— ¿De qué hablas? — Pregunta ingenuamente Gala entre sollozos.

— Estuve canjeando un par de favores en la mina, je. Así que si todo va según lo planeado, más tardar pasado mañana la cuenta estará saldada.

Gala se abalanza sobre Misar para abrazarlo frenéticamente.

— ¿Puedo saber de qué se trata? —Pregunta Gala mientras todavía se encuentra sobre el cuello de su hijo.

— No es nada fuera de lo común, ma. Solo favores por favores, ya sabes.

Después de un descanso ficticio en los que la mente de Misar se debatía entre preguntas y dudas, llego el alba al planeta Basalto. Se arregló, vistió y a duras penas ingirió un par de bocados de pan. En el trayecto a la mina, Misar se convencía a sí mismo de estar listo para lo que sea que le fuera a proponer Bar.

En la mina, Bar estaba esperándolo tal como dijo en el puesto de control.

— ¡Buenos días, solecito! ¿Preparado para hacer el trabajo del año? — Saluda animosamente el viejo minero.

— Buenos días, Bar. Ahora sí, ¿de qué se trata? — Pregunta Misar con una fría determinación en su mirada.

Procede Bar a proyectar una simulación estructural de las instalaciones del Centro de Investigación de KayCor.

— ¿Sabes que es esto, niño?

— El Centro de Investigación de KayCor, ¿no es así?

— Perfecto, ya que estamos en sintonía... Lo que deberás hacer es relativamente sencillo: Tendrás que ingresar a las instalaciones y dirigirte al sector UHC, esperar un rato hasta que los guardias Imperiales cambien de guardia y una vez no haya nadie, mandas la señal con este radiocomunicador y tomas la foto holográfica al paquete. Sencillo, ¿verdad?

— Okay, tengo muchas dudas. Primero que nada, ¿cómo mierda se supone que sepa cuándo cambian de guardia? Además, ¿eres tan si quiera consciente del calibre del lugar que estamos hablando? Dudo muchísimo que los malditos guardias Imperiales tan si quiera necesiten "descansar" o cambiar de guardia. Por cualquier forma que lo veas es un suicidio.

— Escúchame bien, niño: en cuanto se trata de estas mierdas soy un maldito profesional, ¿sí? Si mis fuentes dicen que los guardias o quien putas sea tomarán un descanso en un momento específico, lo harán ¿de acuerdo? — Responde Bar defensivamente. — Así que lo único a lo que tienes que limitarte a responder es a un "entendido, Bar" ¿estamos?

— Como digas, Bar.

— Además, no vas a entrar por entrar como un maldito amateur. Como te expliqué, tendrás que dar una señal. Esa señal hará que un socio mío deshabilite por unos 30 segundos la energía del lugar con un PEM tan malnacidamente poderoso que hará que tengas dolores de cabeza por semanas.

— ¿Qué hay de los otros trabajadores y científicos? No creo que no digan o hagan nada.

— Por si no sabías, las fotografías holográficas son imperceptibles al ojo humano. Además, hay tanta mierda mística en ese lugar que créeme que con el colapso de los sistemas de contención y sensores infrarrojos estarán suficiente ocupados tratando de estabilizar los otros experimentos o lo que sea que haya ahí.

Misar sabía que el trabajo no sería tan fácil como decía Bar, y que no podía fiarse en su totalidad de su palabra. Sin embargo, era la única solución que había frente a tan dura encrucijada en la que se encontraba.

— Está bien, Bar. Dame todo lo que necesito y dime la hora y el lugar exacto.

— Toma esto. — Le entrega la alargada cámara holográfica. — Ya están puestos los parámetros requeridos, lo único que debes hacer es colocar la cámara a ras de suelo y presionar el botón. El led en la parte superior estará titilante de un color rojo, en el momento en que se ponga verde, la foto estará lista. Nos vemos mañana a las 5 en la estación de los mercaderes.

— Está bien, nos vemos ahí.

Antes de que Misar le diera la espalda a Bar, lo toma del hombro deteniéndolo.

— Toma esto, niño. — Le entrega un pequeño dispositivo cilíndrico.

— ¿Qué es esto? — Pregunta Misar curiosamente.

— Un colapsador. Por si las cosas salen mal, pégatelo en el cuello y pulsa el botón. Te matará en un instante. — Responde Bar con una frívola expresión de seriedad. — Créeme, si esto llega a salir mal, es muchísimo mejor morir así que caer en las garras del Imperio.

Misar queda helado ante la respuesta de bar a su pregunta. Era bien conocido que la severidad del Imperio ante los traidores no era nada para tomarse a la ligera. Sin embargo, Misar nunca pensó que tal pavor a ser atrapado por el Imperio llegaría a tal punto de ver la misma muerte como una opción más deseable que ser atrapado y castigado por el Imperio.

El día de trabajó transcurrió con aparente normalidad. Aunque Misar trataba de no comerse la cabeza pensando en el día de mañana, le era casi imposible mantener el enfoque entre las estruendosas embestidas a las rocas basálticas.

Una vez terminada la jornada laboral, Misar toma la misma ruta que todos los días, pero con la carga mental de estar a un día de jugarse no solo el futuro de su madre, sino el de su vida misma.

En el reflejo de la ventana del transporte obrero Misar reflexionaba en un revolú de pensamientos divergentes. La duda, el miedo, el dolor, la aflicción, la injusticia de la situación. Todo se veía tan surreal que incluso llegó a pensar vagamente en si realmente era real todo lo que estaba viviendo. Una parte de él estaba remotamente emocionada por una casi que infantil curiosidad, aquella parte ajena del riesgo de muerte que implicaba tan intrépida misión.

Ya en su cubículo habitacional, Misar recostado marinaba en una vaga nostalgia contemplando el pacífico cielo basáltico. Ese instante íntimo entre Misar en sus pensamientos se vio repentinamente interrumpido por un mensaje de Bar.




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