Basalto 2700

Capítulo 5

El colapsador dado por Bar a Misar no fue para nada una casualidad. De hecho, fue un gesto de compasión. La cámara que usó Misar estaba programada para enviar inmediatamente la fotografía a una consola ubicada en la carrosa una vez tomada. El haberle dado la idea de mantener la cámara era un placebo cuya finalidad era dar la falsa sensación de necesidad de retorno al pobre desgraciado quien tuviera que llevar a cabo la misión. La misión tenía contemplado como un hecho la muerte de Misar.

Crimson Cross, ese es el nombre de la banda de mercenarios que encargó aquel trabajo a Bar. ¿El objetivo de escanear la cámara que contenía a HuuSaaran? Muy sencillo: conocer al milímetro su funcionamiento y debilidades estructurales para así, en una osada invasión a la nave de transporte, deshabilitar la cámara criogénica de HuuSaaran y lograr una ascensión forzada con un miembro de la banda. Sin embargo, el plan no resultó como debía.

Después del hecatombe, Nima se escabulló entre la agitada multitud de personal quienes estaban suficientemente preocupados por el inminente colapso de las instalaciones como para darse cuenta de la intrusión.

Después de avistar la carrosa en el punto indicado y subirse a esta, el vehículo arrancó, perdiéndose en la negrura de las dunas basálticas nocturnas.

— Ah... — Jadea. — ¿Aunque sea consiguieron la foto?

— ¡¿En qué carajos estabas pensando al ir hasta ahí, Nima?! Maldita sea, casi haces que te maten. — Reclama en forma de regaño el conductor mientras mira por el retrovisor a la exhausta Nima.

— No te importa, Pol... — Responde con cierta vergüenza.

— ¿Que no me importa? Bueno, la verdad no me importa mucho, pero fue a mí a quien Julian encargó TU cuidado. ¿Qué le habría dicho si morías por esa imprudencia?

— No lo sé, Pol. ¿Sabes qué? No importa, olvídalo. Perdóname, ¿sí? — Dice mientras se recuesta a una de las paredes de la carrosa. — Solo me nublé por un momento...

— Y por cierto, sí, sí conseguimos la foto.

— Gracias al cielo...

— Solo hay que esperar que el cuerpo del mocoso se termine de pudrir por tener al Holli'at dentro y que ese tal Ghaarnam se encargue del resto. Cuando la nave de carga haya partido, iremos con todo.

La cabeza de Nima se encontraba repleta de dudas que la incomodaban como el aleteo de un enjambre de abejas. ¿Por qué fue hasta allá? ¿Realmente valió la pena dejar que muriera ese niño? ¿Había tan si quiera una forma de salvarlo? ¿Cuál fue su motivo para aceptar aquel trabajo? Buscaba insensibilizarse con la excusa de haber visto cosas mucho peores antes, pero no podía. Su alma, más que otras veces, se sentía miserable cada vez que recordaba la forma en que la miraron esos ojos marrones a través del casco del uniforme.

Mientras la joven mercenaria marinaba en una silenciosa melancolía rumbo al crucero de la Crimson Cross, un enfrentamiento apoteósico tenía lugar en las instalaciones del Centro de Investigación de KayCor.

El General Ghaarnam Bori, inmediatamente después de ver aquella figura imposible, recuperó su vigor y voracidad que lo caracterizaba, abalanzándose a una gran velocidad hacia el receptáculo de HuuSaaran.

De pronto, la presión atmosférica dentro de las instalaciones aumentó 250 veces su magnitud, convirtiendo al personal humano que se encontraba en el centro en montones de carne amorfa compacta.

Huusaaran esquivó hábilmente los ataques del General con una velocidad nunca antes vista; y a causa de que en aquel momento el Holli'at no podía darse el lujo de probar los límites de su receptáculo, se limitó simplemente a la evasión y contrataque físico. El enfrentamiento se convirtió en un intercambio de golpes, contrataques y esquivos.

— ¡¿Solo eso tienes para mí, HuuSaaran?! ¡¿Acaso lo único que merezco son tus enclenques golpes?! — Reclama el General antes de dar un poderoso empujón gravitacional al Holli'at. — Vamos a ver si sigues con esa arrogancia después de esto.

El general posó sus almas en el suelo generando una atracción gravitacional 500 veces mayor a la del planeta minero, lo que causó que el Holli'at se postrara en el suelo.

— ¿Es esto suficiente? ¡Muéstrame lo que tienes!

La opresión de Ghaarnam era demasiado grande como para seguir manteniéndose en el confort de la cautela, el Holli'at debía actuar.

En aquellos instantes en los que HuuSaaran yacía aguantando con un tesón que decaía en picada, decidió buscar dentro de las memorias de su receptáculo con la vaga esperanza de encontrar algo que le fuera útil para la hiperconciencia corpórea.

Entre los empolvados recuerdos monótonos del trabajo en las minas, encontró fragmentos borrosos, densos y masivos. Fragmentos mentales difuminados, pero tan colosales que se asemejaban a la colosal magnitud del vasto universo en sí mismo.

Por un instante el Holli'at lo palpó, la plenitud del universo condensada en la mente de un humano.

Fue en aquel momento que, sin explicación alguna aparente, HuuSaaran y el General habían cambiado de lugares y situación. Ahora quién yacía postrado por el yugo gravitacional era el General, y quien mantenía las riendas del enfrentamiento era el Holli'at.

Ante esta milagrosa oportunidad, el Holli'at salió disparado de las instalaciones del centro de investigación, atravesando las colosales puertas que se habían cerrado por la inconmensurable presión.

En el suelo, un confundido Ghaarnam se retorcía batallando por mantenerse consciente y reducir lo más rápido posible el cambio gravitacional.

Después del acalorado encuentro, entró la escuadrilla personal del General quienes se habían mantenido en las afueras tratando de contener a los proyectos biológicos que ante la ausencia de energía se habían liberado de sus yugos.

— ¡General! ¿Se encuentra bien? — Pregunta la teniente Ivy.

— Sí..., estoy bien. — Responde entre jadeos.

— ¿Necesita tratar sus heridas? ¿Hay algo que podamos hacer?




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