Después de un intranquilo descanso, el recipiente del Holli'at recobró la consciencia poco a poco por el ruido molesto de estática proveniente de un viejo holovisor. Entre la confusión del desconcierto y del trauma previo, lo único que Misar alcanza a divisar es una figura borrosa de un colosal hombre de pelo rubio sentado delante de él con una expresión impasible.
— ¿Dónde estoy?¿Quién eres? — Pregunta mientras sus pupilas se mueven de un lugar a otro.
— Misar, ¿no es así?
— ¿E-Eres del Imperio? — Pregunta con un débil temor
— No... no soy del Imperio.
— Gracias al cielo... — Responde con alivio mientras su cuerpo luchaba por aterrizar su consciencia. — Entonces... ¿quién eres?
— Soy Julian Dorma, capitán del Red Eagle y... — Suspira. — El hombre responsable de lo que te pasó en KayCor.
— ¿Lo que me pasó en KayCor? ¿A qué te refieres?
— Me refiero a tu "muerte", así como a tu ascensión. — Responde con una aguda mirada sobre el somnoliento minero.
— ¿Mi-Mi muerte? ¿De qué hablas? — Pregunta con inquietud mientras su mente va liberándose del letargo. — Cierto... ¿Mi brazo? ¿Mamá? ¿Dónde mierda estoy? ¡¿Por qué estoy atado?! — Inquiere mientras empieza a retorcerse.
— Tranquilo, Misar. Créeme, si te quisiera herir, ya lo hubiera hecho. Necesito que te calmes y entiendas lo que pasará.
Nada de aquella situación encajaba en la mente de Misar, aun estando bajo los efectos del letargo simbiótico, su mente se encontraba lo suficientemente clara como para saber que algo andaba muy mal. Las preocupaciones que dejó atrás en el momento en el que HuuSaaran se introdujo en su cuerpo empezaron a bombardear su mente de golpe. La deuda de su madre, el robo de la mercancía, el caos en el Centro de Investigación, todos esos hechos que parecían tan surrealistas empezaban a pesar en su mente, aunado al desconcierto de estar a la merced de un total desconocido.
— ¿Qué quieres de mí? ¿Vick te envió?
— Escúchame atentamente, Misar. Escucha detenidamente cada palabra que te voy a decir: Por alguna razón que desconocemos, al momento en el que fuiste a tomar la foto, el General Ghaarnam se percató de la intrusión y usó Gravedad para aparecer dentro de la sala del UHC. Aunque probablemente no lo recuerdes, moriste.
— Estás mintiendo, es mentira.... — Responde Misar clavando una mirada de incredulidad y conmoción en los celestes ojos del capitán.
— Pero, je, como te darás cuenta, no estabas del todo muerto. — Ríe. — El paquete al que tenías que tomar la foto no era un "algo", sino más bien un "alguien". Dentro de esa cámara criogénica había un Holli'at, una raza homóloga a los Hak'Zel. Este Holli'at se metió dentro de tu cuerpo buscando refugio del gas OffGon; sin embargo, por alguna razón, se pudo dar la simbiosis.
— ¿Simbiosis? Pero si ni siquiera soy cordonante, estás mintiendo... ¡¿Qué demonios pasó en realidad?!
— Es la verdad, Misar. Ahora, aparentemente, eres un maratori.
Tal afirmación cayó como un pesado yunque sobre la cabeza de Misar. No podía creer ni una sola palabra de aquel desconocido. Todo lo que el afirmaba iba en contra de todo lo que el suponía creer y saber acerca de los maratori y los Hak'Zel.
El discurso que se promovió durante toda la historia imperial era el mismo: Los Hak'Zel eran una raza benevolente que huía de una dictadura impuesta por otra facción de su planeta originario. Ellos se habían proclamado como el equivalente "humano" a su contexto, y aunque siempre hubieron dudas y preguntas acerca de detalles como la identidad de la otra facción, sus tradiciones, su forma de reproducción, entre muchísimas otras cosas; simple y llanamente se limitaban a dar a entender que aquel tema era un "Tabú" en su cultura. Dando como única explicación que fue el dios creador Zenkohpit quien los creo a partir de las rocas de su planeta y que sin él, no podían reproducirse de ninguna otra forma.
Con el paso del tiempo y el aumento de la brecha entre no-cordonantes y cordonantes, el imperio consideró innecesario tan siquiera dar explicaciones a seres "inferiores", por lo que todo lo relacionado al imperio, los Hak'Zel y la nueva raza, era tomado delicadamente con pinzas.
Lo que en realidad pasó tantos siglos atrás era en realidad muy distinto a lo que se contaba.
La revelación de este hecho fue seguida por un denso silencio. El minero estaba intentando asimilar todo lo que Julian le había dicho, haciendo un esfuerzo sobrehumano para creer aquel relato de fábula.
— Okay... Julian. Digamos que es cierto todo esto que me estás diciendo ¿Entonces por que estoy atado y cómo llegué a aquí.
— No sabemos tus intenciones, o tu estabilidad con el Holli'at. Por lo que no me gustaría dejarte libre y poner en riesgo a todos aquí.
— ¿Todos? ¿Cuáles "todos"?
Se abre una compuerta en la oscura habitación revelando a los otros 3 miembros de la banda, exceptuando a Nima.
— Jum, ya veo... Así que no eres un viejo fetichista que secuestra personas, que alegría. Y ahora, ¿qué me harán? — Pregunta Misar.
— No te haremos daño, solo necesitamos que tomes este brazalete y te lo pongas. Tal vez te pueda doler un poco al momento del contacto, pero es necesario. Si lo haces, te soltaremos. — Dice Julian mientras saca de un viejo bolso de cuero un brazalete niquelado similar a una pieza de joyería. — Este brazalete hará que sigas siendo tú en todo momento. Como te dije, dentro tuyo tienes a un Holli'at, cuyo nombre es HuuSaara. Aunque él es un "viejo conocido" mío, no sabemos si pueda llegar a reconocernos o qué tan estable se encuentre ahora mismo. Por lo que no me gustaría arriesgarme a que salga de tu interior y provoque una desgracia.
— Ajá, seguro... Pónmelo, entonces.
Julian se acerca a la camilla donde se encontraba atado el minero. El dispositivo es abierto después de hacer un chirrido, lo coloca en la muñeca de Misar y lo cierra bruscamente.