La asamblea improvisada donde se llevó a cabo la macabra ejecución se encontró en un silencio sepulcral una vez acabada esta. Los escoltas de la escuadrilla personal de Ghaarnam, ya acostumbrados a semejante crueldad, trataban frívolamente de apaciguar a la audiencia no-cordonante que presenció el suceso en vivo.
— Limpien este desastre, ¿sí? Que en unos momentos tengo la reunión con su divinidad. — Ordenó mientras sacudía la sangre de su bota izquierda.
Ghaarnam era, sin lugar a dudas, una figura cruenta y despiadada. Su cuadrilla, aunque compartían la tradición maratori, nunca terminaban de comprender aquel ímpetu violento que residía en su superior.
Ivy, su teniente más confiable y hasta punto su "confidente", era la única que parecía comprender y hasta cierto punto entender el sadismo de Ghaarnam.
Ghaarnam es el nombre del Hak'Zel que reside dentro de Doil, el humano cordonante que tuvo la desafortunada bendición de ser escogido como recipiente 13avo del general Hak'Zel.
El General se sentó en una silla hecha de mármol basáltico similar a un trono, en la espera de la confirmación de su divinidad el Emperador. Ghaarnam era probablemente el único maratori, incluyendo a los 7 generales, quien no sentía temor por la mística figura del emperador.
Después de unos 5 minutos el silencio de la sala se vio interrumpido por un resonar sutil que alertaba a la escuadrilla que el Emperador estaba listo para dar comienzo a la improvisada asamblea.
— Bueno, ya saben qué significa eso. Primios, fuera de mi vista y tenientes de rodillas mirando al suelo. — Advirtió con soberbia mientras se levantaba de su pseudotrono.
Las luces se apagaron, y la tensa atmósfera de la cual estaba dotada la habitación se convirtió rápidamente en un aire casi que ceremonial.
El General Ghaarnam recibió el llamado del Emperador de pie, como nadie se atrevía a hacer.
Un holograma azulado se hace presente, revelando la figura un soberano omnipotente sentado en un trono sublime.
— Benditos sean los ojos que le ven, su divinidad. Grande es mi gratitud y dicha por el haberme sido concedido el honor de que su majestad aceptara esta imprevista asamblea. — Dice con un tono sarcásticamente solemne.
— Ahórrate las formalidades, Ghaarnam. Ve al grano. — Responde una estruendosa voz, similar a un trueno.
—Como usted ordene, su majestad. HuuSaaran escapó. Se vinculó a un primio traidor que saboteó las instalaciones.
— ¿Por qué no lo detuviste?
— No quise.
— ¿No quisiste? Explícate. — Ordena con severidad.
— Pues, ¿no era acaso eso lo que buscábamos? La cordonancia inducida, algo que era impensable hasta hace unos años. Lo que ocurrió fue un milagro.
— Eso no responde mi pregunta, Ghaarnam. ¿Por qué no lo detuviste?
—Por que no lo consideré necesario. Lo que tenemos ahora es una oportunidad única. Si dejamos que el nuevo recipiente de HuuSaaran se desarrollé más, las cosas que puede revelarnos no solo servirán para resolver su "pequeño" inconveniente, majestad. Sino que podría ser la clave para resolver preguntas que antes pensábamos que no tenían respuesta.
— Conque es eso.... Un capricho tuyo.
— No es un capricho mío, es un movimiento estratégico. Al fin y al cabo, no es Thaarn la única que tiene derecho de pensar, ¿no es así? — Pregunta desafiantemente. — Entonces, solicito entonces, que su divinidad declare a su siervo Ghaarnam Bori como el encargado exclusivo de este asunto, y que nadie de los otros 6 va a meter sus manos en este asunto.
— Está bien, tal y cómo has pedido se te será hecho. Entonces, te nombro a ti, General Ghaarnam Bori, Fauces del Imperio, como el General encargado del seguimiento y posterior captura del recipiente de HuuSaaran.
— Muchas gracias, su divinidad. — Agradece el General con una sonrisa pícara.
— Sin embargo, si fallas en tu cometido, serás relevado de tu puesto y de tus tropas, siendo reemplazado por el teniente Kognaar.
La sonrisa del general es reemplazada inmediatamente por una expresión de fastidio.
— Como usted ordene, su majestad.
— Si es todo lo que me tienes que informar, doy la reunión por terminada.
— Bueno, le agradezco su tiempo, majestad-. — Es interrumpido.
— No me vuelvas a fallar, Ghaarnam. O la próxima vez, el castigo no será un simple relevo.
Fin de la transmisión.
Los escoltas de la escuadrilla se pusieron de pie y las luces de la habitación se encendieron instantáneamente.
Aunque la figura del emperador sea conocida por todo el imperio, tanto por cordonantes como por no-cordonantes, su apariencia real y presencia han sido uno de los grandes misterios del régimen.
Por lo general, siempre que se solicita una reunión con el Emperador, el que hace acto de presencia es Golmir, su portavoz y mano derecha. Sin embargo, solo aquellos miembros del Imperio considerados dignos por el Emperador, son los únicos que tienen la dicha de hablar con él en persona. Como no es de sorprenderse, el General Ghaarnam Bori es una de esa excepciones.
— Ivy, necesito que ordenes la prohibición de la entrada y salida de cualquier nave de este mugroso planeta.
— ¿Planeas atraparlo ahora, Ghaarnam? — Pregunta Ivy confundida.
— No, planeo mostrarle al emperador que tengo razón. Ustedes, si ven al recipiente de HuuSaaran avísenme, es probable que Dorma esté detrás de esto.
— Entendido, General.
Todo el séquito de Ghaarnam acató inmediatamente la orden. Ivy, tal y cómo se lo pidió su superior, ordenó la vigilancia y pesquisa de toda embarcación que entrara o saliera de Basalto.
El plan de Ghaarnam era sencillo: Acorralar al recipiente de HuuSaaran, quien por Ghaarnam asumía que todavía estaba en control de recipiente, y enfrentarse con él nuevamente. ¿La razón? Tener un vistazo más de cerca de ese enigmático poder que usó para escapar de su opresión gravitacional.
Ghaarnam no quería atraparlo en ese momento, para nada. De hecho, ni si quiera estaba peleando en serio en el UHC. Se contuvo en la pelea por miedo a romper al recipiente, el cual resultó ser más resistente de lo que pensaba. El General Imperial era un apasionado por el combate y por la guerra, no disfrutaba nada en este mundo tanto como un combate en el que no tuviera que contenerse.