Bastardos millonarios

2

Cuando la gente tiene desgracias, se multiplican como las mentiras.

CAPÍTULO 2

HANNA GRENNE

—Prométeme que te quedarás aquí. No te moverás hasta que vuelva.

Millie me miraba con los ojos brillantes, llenos de miedo.

—Hermana, no me dejes… tengo miedo.

Pasé una mano por su cabello, acariciándolo con suavidad, aunque por dentro yo también estaba aterrada.

—Lo sé, pero estaremos bien.

De pronto, unos pasos resonaron a nuestro alrededor.

—Ellos están aquí —susurró Millie antes de romper en llanto.

Le tapé la boca con mi mano.

—Escúchame bien —la obligué a mirarme—. Voy a distraerlos y tú saldrás de aquí. Buscarás ayuda y no mirarás atrás.

—No… —intentó protestar.

—Voy a estar bien. ¿Confías en mí?

Asintió, sollozando.

—Por ningún motivo mires atrás, aunque escuches gritos. No mires —sus ojos se llenaron aún más de terror—. Te amo, hermanita. No voy a permitir que te pase nada. Te voy a proteger.

—Está bien, Hanni —sonrió débilmente.

Esa sonrisa…
Tenía que salvarla a toda costa.

—Ahora —susurré—. Corre.

Otra vez el mismo sueño.

Sacudo la cabeza al despertar, como si eso pudiera borrar los recuerdos. Pero no funciona. Nunca funciona.

Millie aparece en mi mente día y noche. Su rostro, su miedo… y mi fracaso.

Quizás algún día pueda sanar esa herida.
O quizás no.

—Perdóname, hermana —murmuro.

Más tarde, le conté todo a Chloé. Todo. La noche, el desastre, la humillación.

—¿O sea que terminaste en la cama de un bastardo multimillonario, atractivo, y encima lo humillaste en su propia casa frente a sus empleados? —abrió la boca como si hubiera ganado la lotería—. Amiga… quiero ser tú.

Me pasé una mano por el cabello.

—Tú estás enferma.

—No. Tú eres legendaria.

—¡No entiendes la gravedad del asunto! —exploté—. Tengo su estúpido celular y él tiene el mío. Si mi padre llama y ese imbécil contesta… ¿qué crees que pase?

Chloé juntó las manos de golpe.

—Te matan. Primero te arrancan la cabeza y luego los brazos.

—¡EXACTO!

Había pasado una semana desde el incidente.

—¿El teléfono ha sonado? —preguntó señalando el cajón donde lo había escondido.

—No. Lo apagué. No quiero que me rastreen ni terminar en la cárcel.

—Oh… mañana empezamos clases —dijo emocionada—. ¿Estás lista?

Ah, sí.
La maravillosa preparatoria Claire.

—¿Arrogantes? ¿Ricos? ¿Gente que se limpia con dinero? —sonreí con ironía—. Claro que sí, muero por conocerlos.

—No hace falta tanta ironía, si te mantienes tranquila y no llamas la atención, todo estará bien.

El problema es que yo llamo la atención.

Oh, alguien tiene el ego alto y sangrón.

Lo que quiero decir es que no soporto a las personas idiotas que quieren rebajar a los demás, simplemente soy una persona con valores ciudadanos.

—¿Crees que será bueno asistir a esa escuela? Digo, no tengo dinero y mis notas no son tan buenas, siento que le estoy quitando una oportunidad a alguien mejor.

—No seas tonta, tus padres trabajan mucho para darte lo que necesitas. Además, ¿sabes la emoción que les dio cuando les dije que asistirías a mi escuela? Tu madre casi se desmaya de alegría.

—Sí, claro —dije entre dientes—. No pensaba ir a esa escuela, pero insistieron tanto que no me quedó remedio.

Chloé es mi mejor amiga. Crecimos juntas desde pequeñas porque mis padres han trabajado en su casa desde que tengo uso de razón, por tanto, hemos sido amigas desde ese momento. Sus padres sí tienen dinero, pero Chloé es humilde al respecto de ese tema.

—Cambiando de tema, ¿y tus hermanos, Zach y Ian? —ni siquiera pudo disimular su sonrisa y la emoción al solo nombrarlos.

A Chloé le encanta Zach, digamos que ha estado obsesionada con mi hermano desde pequeña, sin embargo, mi hermano es mucho mayor que ella y a la pobre la ve como una hermanita pequeña.

Pobrecita, la admiro tanto por tener un crush de tantos años y que la vean como una hermana.

Directo al corazón, sin aderezo ni mostaza.

Puse los ojos en blanco al ver la tonta sonrisa de Chloé.

—Están trabajando en una empresa, no los he visto hace un año, supongo que les va bien.

Luego de terminar mi charla con Chloé y se marchará a su casa, pensaba en cómo encajaría en ese grupo de estirados de compañeros, tal vez me estaba acelerando a los hechos, pero algo no se sentía del todo bien.




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