Una bienvenida de locos y un bastardo que acechar. Ella es Hanna una tonta y a un estúpido odiara.
CAPITULO 3
HANNA GRENNE
Según lo que había entendido de Louis, los BM3 dirigen la preparatoria Claire. Todo se hace a su manera y, si algo no les gusta, simplemente mueven un dedo y la escuela se convierte en tu peor enemiga.
—¿Entonces lo que quieres decir es que la calavera significa un juego? —pregunté, mirando al chico de anteojos con asombro.
Por un momento creí que nunca más lo volvería a ver, pero cuando nos dirigimos al aula descubrimos que estábamos en la misma clase. Qué pequeño es el mundo.
Louis asintió.
—Todo es un juego para ellos —se ajustó las gafas, pensativo—. Desde que llegué a esta escuela no hacen más que criticar la posición económica de los demás. Nadie puede saber que eres becado. Si lo descubren, te acosan hasta que renuncias.
—¿Tú eres becado? —pregunté con interés.
—Oh, no. Mi padre es el secretario del alcalde. No tenemos tanto dinero como Daemon y los otros, pero vivimos cómodamente. Puede pagar esta escuela.
Como lo imaginaba: un montón de estirados a los que solo les importa el dinero.
—¿Quién es Daemon? —fruncí el ceño.
Louis me miró sorprendido.
—¿No sabes quién es? Pero si te lo acabas de encontrar.
—Ajá.
Bostecé. Esta escuela empieza incluso más temprano que la anterior. Apoyé la cabeza en el pupitre y observé los rasgos de Louis de cerca. Era atractivo, debía admitirlo: mandíbula recta, dientes perfectos. Seguía hablando de Dios sabrá qué.
¿Cómo podían atacar a un chico tan dulce? ¿Qué esconde esta preparatoria en realidad?
—¿Quieres saber quiénes son los BM3 en realidad? —preguntó Louis, nervioso incluso al mencionarlos.
—Claro. Adelante.
Me sonrió, entusiasmado de tener tema de conversación.
—El chico de cabello negro que protegió a Daemon se llama Ander. Es uno de los BM3. Su fuerte son los deportes y la fuerza física.
Entonces ese idiota fue el que me levantó la mano. Vaya que hubiera dolido.
—El rubio se llama Kay. Es conocido por ser uno de los más atractivos y reservados. Toca instrumentos, canta… Nunca se le ha visto acosar a nadie, pero tampoco defiende a nadie. Algunos dicen que Daemon y Ander lo molestan, aunque no creo que sea cierto. Han crecido juntos desde pequeños.
¿Kay? ¿Ander? Suenan a bastardos.
Louis guardó silencio. Alcé la mirada y lo encontré girando la cabeza nerviosamente.
—¿Qué haces?
Seguí su mirada y entonces lo vi.
Daemon, junto a los otros dos, observándonos a través del vidrio de la ventana. Sonreía.
—Solo ignóralos —dije a Louis—. No te van a lastimar en mi presencia.
No puedes ni cuidarte sola. ¿Recuerdas la última vez que ayudaste a alguien?Casi te demandan por privacidad. O cuando entraste al cine sin pagar la boleta. Casi terminas en la cárcel.
¡No es momento!
Un golpe en la ventana me hizo saltar. Estamos en un segundo piso y esos tontos estaban parados afuera como si nada. Daemon sostenía un cartel que no lograba leer gracias a mi desgraciada miopía.
—¿Qué dice? —le pregunté a Louis.
Se asomó, palideció.
—Dice que te espera en la cafetería en el almuerzo. Que no llegues tarde o te encontrará donde sea. ¿Sigo leyendo?
Asentí.
—También dice: “Vamos a divertirnos como la vez pasada, cabeza de chorlito”.
—¿Cabeza de qué? ¡Oh, Dios! Ese chico quiere morir hoy.
—¿Ustedes se conocían?
Sí. De hecho, la semana pasada estaba en su cama sin saber cómo terminé allí. Discutimos. Tomé su celular. Nunca más nos vimos.
—No. Está loco por llamar la atención.
Y yo soy color rosa.
¡Cállate!
—En fin… ¿Y Daemon?
—Le dicen Dae, Gaymon o simplemente Daemon. Es el líder de los BM3. Tiene las calificaciones más altas del país. Es bueno en deportes, juegos, todo. Sus padres son increíblemente estrictos y absurdamente ricos.
Claro. La mansión del niño rico se parece a la casa presidencial.
Louis bajó la voz.
—Dicen que su acoso llevó a algunos estudiantes a quitarse la vida. Otros simplemente desaparecieron.
Abrí los ojos.
—¿Eso no sería un delito?
—Todos les temen. Pídele perdón a Daemon. Ignóralos. Te evitarás problemas.
Tal vez lo haría. Pero humillarme… jamás.
A la hora del almuerzo tomé mi bolsa y busqué un lugar apartado. Unas escaleras moradas y solitarias parecieron perfectas. Abrí la lonchera que mi madre había preparado. Había más comida de la que vi en diecisiete años.
Primer mordisco. Felicidad absoluta.
—¿Qué estás haciendo?
Casi me atraganto. Kay estaba de pie a mi lado.
—Vete —dije con la boca llena.
Sin permiso se sentó junto a mí.
—Hoy no quiero pelear —dije—. Y no moveré mi trasero de aquí a menos que me arrastres.
—No vine a mover tu trasero —respondió con voz ronca.
Su sonrisa era… demasiado hermosa.
Recuerda que es un idiota. Tienes prohibido gustar de chicos malos para que sean buenos.
—Solo vine a probar tu comida.
—Y yo soy negra —ironicé.
Tomó un pedazo de carne de mi lonchera y se lo llevó a la boca.
—¿Ves?
—¡Eso es mío! Escúpelo.
—¿Estás segura?
Maldita sonrisa.
—¿Por qué estás aquí?
Se atoró con una fresa. Le pasé agua.
—Solo quería probar tu comida… aunque no entiendo por qué no estás en la cafetería.
—No tengo dinero para eso.
—Entiendo.
Resoplé.
—No hace falta que entiendas. Eres igual que Daemon.
Silencio incómodo.
Contra mis principios, le tendí el último sushi.
—No le doy el último sushi ni a mi madre. Agradécelo.
Sonrió como un niño pequeño.
Cuando quedó el último trozo de manzana, ambos lo tomamos al mismo tiempo. Nuestras manos chocaron.