—¿Por qué nos detenemos aquí? Pensé que iríamos directamente a La Casa— el hombre ingles detalló con curiosidad las grandes letras que adornaban el edificio. Wellington & Star. Lugar que nunca había tenido la oportunidad de ver en persona, solo en fotos.
—Antes necesitamos que veas esto— la mujer tecleó algo en su laptop y la acercó a las piernas del hombre. Jeremy se acomodó y prestó atención.
—¿Cómo es qué…?
—No fue una misión sencilla, debo aclarar. Pero, tras varios intentos fallidos, logramos hacer que Billy se infiltrara en las instalaciones. Por desgracia perdimos el audio. Sin embargo, las imágenes son muy buenas.
—¿Esto esta pasando justo ahora?— preguntó sin apartar sus ojos de la pantalla. Sentía algo raro en su estómago. Punzadas que lo hicieron removerse en su lugar.
—Así es— asintió la mujer.
—Interesante— susurro para si mismo. La crema y nata de la escoria criminal. Estaban solo a unos cuantos metros de él. Las ganas de matar a esos malditos lo carcomió. Observó con detalle cada uno de los rostros de las personas que se encontraban en la sala. Los conocía a todos. Menos uno. Una joven. Rubia y pequeña —¿Quién es?
—¿Quién? Oh. Ella es Lilith, la novia de Davian Wellington.
—¿Novia? Debes estar jodiéndome. Parece una niña.
—Lo es. Tiene quince años— Jeremy frunció el ceño.
—Sabía que esté tipo era un enfermo, pero incluso robarse a una adolescente sobrepasa hasta sus propios límites— sintió náuseas— ¿Cuál es su información?
—No hay. No tiene apellidos, familia, ni siquiera aparece en la base de datos de los nacimientos en el país. Es como un fantasma. Creemos que es de algún país extranjero. Eso si, por lo que hemos investigado, ella fue rescatada junto con otras personas de una zona de trata de blancas.
—¿Y como fue que llegó a manos de él?
—He ahí nuestra sorpresa. Ese rescate fue ordenado por Reginald Wellington— por fin apartó la vista de la pantalla y buscó algún atisbo de broma en los ojos cafés de la pelinegra. No lo encontró— Davian estuvo dirigiendo la misión. Al parecer le gusto y la hizo su protegida.
—Tratándose de ellos dudo que los hayan “rescatado”, ¿Dónde están ahora?
—Ni idea, lo poco que sabemos es gracias a Billy— la mujer regresó la laptop a sus piernas— E igual que tu, dudo mucho que los hayan regresado con sus familias.
—Eso es más que obvio, Reginald no es un hombre que haga caridad. Lo que me sorprende es que permita que esa chica esté presente mientras planean sus próximos delitos.
—No lo está. Unos minutos antes de que iniciará la junta él y Davian se pelearon e incluso llegaron a agredirse físicamente. Fue algo hermoso. Puedo darte una copia si quieres.
—¿Cómo sabes que ella fue la razón?
—Hace tres meses, antes de que nuestro pequeño espía tecnológico perdiera el audio, padre e hijo tuvieron una “conversación”. Le prohibió llevarla a la empresa o algún lugar donde estuviera presente su familia o socios. Dudo que el arrebato de hace unas horas haya sido porque no se peinó.
—Una adolescente está creando brechas en la familia Wellington, parece algo muy beneficioso para nosotros.
—No cantes victoria tan pronto, el segundo al mando tiene algo en mente. Gerald Wellington no piensa dejar que una niña arruine el imperio Bastos así como así, y menos por la calentura de su sobrino.
Jeremy notó algo raro en la pantalla y se lo señaló a la pelinegra. La chica entró en pánico —Mierda, mierda, mierda— Al parecer la junta ya había sido finalizada, todos estaban de pie mientras intercambiaban algunas palabras. En una esquina de la sala se encontraba Lilith, alejada de los hombres mirando directamente hacia el lugar donde estaba escondido Billy; la mujer a lado de Jeremy empezó a temblar. Esta sería la tercera vez que los descubriría, no sabía como, pero la rubia parecía tener un radar para las cámaras ocultas. Su loca teoría era que su ojo derecho, del color del cielo, era una clase de visión de rayos x; estaba por ponerse peor cuando la vio caminar lentamente hacia el ficus. Mordió su labio con nerviosismo y empuño sus manos, esperando otro fracaso. Su jefe está vez la patearía lejos del caso, su puesto e incluso del país.
Davian se dirigió a la chica, la cual volteó en su dirección y se enderezó, el chico le hizo una seña con la cabeza mientras le extendía la mano la cual ella tomó enseguida y salieron de la sala. No pudo evitar soltar un suspiro de alivio.
—Por poco— murmuró el ojiverde, causando que la mujer diera un brinco en su lugar al darse cuenta de la extrema cercanía en la que se encontraban. Él estaba respirando muy cerca de su cuello. Trató de recobrar el aliento y sin querer parecer grosera se alejó con lentitud del hombre.
—Si, por poco— soltó una risita nerviosa mientras acomodaba un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja— Bueno, ahora si podemos ir a La Casa, el Oficial realmente esta ansioso por verte.
—Me trajeron a una misión suicida, es obvio que esta ansioso.
La pelinegra iba a responder cuando Larry, el tipo detrás del volante los interrumpió— Ehh Liz, ellos acaban de salir— Jeremy no perdió tiempo y bajó la ventana enfocándose en Lilith. Ignoró por completo el reclamo de la compañera a su costado y siguió grabando cada detalle de la rubia en su cabeza. De repente, como si fuese un robot que acababa de detectar una amenaza, Lilith giró su cabeza hacia la Suburban, específicamente a la mirada de Jeremy. Algo dentro de él hizo clic cuando sus ojos se conectaron con los de ella. Haciéndolo sentir escalofríos.
Ella no hizo nada, solo sonrió. Lo cual le preocupo un poco. Su interacción se vio obstruida por dos hombres de seguridad, que le daban la espalda y sintió justo lo que su acompañante había experimentado minutos atrás— Será mejor que nos vayamos— dijo, subiendo la ventana de nuevo.
—No tiene que pedírmelo dos veces— Larry estaba a punto de arrancar cuando cinco hombres de traje y armas apuntando en su dirección aparecieron frente a la Suburban.