Bastos

3.

La brisa de la madrugada se filtraba por la ventana del conductor. Jeremy, que estaba sentado de copiloto, mantenía el cuerpo recto y la mirada sobre el camino. Por el espejo retrovisor vio de reojo como un chico de tez morena y cabello rapado lo observaba. Tenía los ojos fruncidos. Parecía pensativo y alerta a cada movimiento de su parte, eso le causó gracia.

—¿Soy o me parezco?— preguntó de manera tranquila, mientras devolvía los ojos al camino.

—Eres Henker— mencionó de manera inmediata.

—¿Qué?— un chico rubio a su lado paró un bostezo y lo miró confundido. Su compañero lo ignoró.

—Fuiste nombrado así por Hans Koch, un mafioso alemán. Mataste a toda su gente en tu primera misión— Jeremy frunció el ceño. “No fueron todos” pensó.

—¡Joder! ¿Eres tu? ¿En serio eres tu?— el rubio pareció perder el sueño y miró con emoción al hombre sentado frente a él.

—Hace mucho tiempo que no me llamaban así.

—¡Doble joder, si eres tu!— el joven dio un manotazo al asiento con entusiasmo.

—¿Qué significa Henker?— una chica de cabello corto y negro asomó la cabeza entre los cuerpos del rubio y el moreno. Venía sentada en los últimos asientos del vehículo.

—Verdugo— murmuró Jeremy mientras alcanzaba a ver las luces del edificio al que debían llegar.

—Bienvenidos— un hombre en traje de militar, parecido al que portaban los chicos que acompañaban a Jeremy, los recibió junto a dos soldados más —Soy el Sargento Jefferson.

—El oficial Douglas me ordenó venir aquí, no dio más información ni indicaciones. Espero que ustedes puedan ofrecerlas— juntos caminaron un largo pasillo y se detuvieron frente a una enorme puerta negra.

—El oficial Douglas quería que estuviera al tanto de toda la información recopilada hasta el día de hoy sobre los Bastos. Muy pronto haremos una intervención hacia uno de ellos.

Entraron a una sala enorme, llena de computadoras y monitores, parecida a la casa en la que había estado el día anterior, pero, cinco veces su tamaño. Militares y administrativos caminaban de un lado a otro murmurando o simplemente enfocados en sus tareas.

—Diablos, esto es fascinante— el rubio detrás de Jeremy casi pareció caer en un sueño.

—Compórtate Jones, estamos aquí representando al Oficial Superior Douglas. No podemos parecer niños en un parque de diversiones— la chica habló a su lado, tratando de ocultar el brillo en sus ojos azules.

—Martínez tiene razón. Estamos aquí para una misión— El chico moreno que estaba a lado de Jeremy mantenía una mirada seria, no parecía impresionado por el lugar o siquiera interesado.

—Esto será largo muchachos, así que pónganse cómodos— mencionó Jeremy mientras veía llegar al hombre con un carrito lleno de documentos.

Después de cuatro horas y cincuenta minutos de revisar y estudiar documentos, Jeremy bostezo. No recordaba lo aburrido que eran las carpetas de investigación. Por eso, siempre había preferido participar en operaciones de alto riesgo que quedarse detrás de un ordenador clasificando papelería. No era secreto de nadie, que había evitado estas cosas durante la mayor parte de su tiempo en el ejercicio y que teniendo pocos meses de haber ingresado solía pagarle a otros soldados para que se encargaran del papeleo. Solo que ahora no podía darse el lujo de hacerlo; había sido mandado a Estados Unidos por su superior con la tarea de ser un Coronel en la ORSP. Esto le abría posibilidades que antes no habría podido imaginar, y viendo los rostros en los expedientes de esa mafia que tantos dolores de cabeza le habían causado en el pasado, lo mantuvieron positivo. Él creía firmemente ser capaz de eliminar de una vez por todas a los Bastos.

—Estas carpetas no tienen fin— exclamó Jones —Y tengo hambre— gimoteó con un ligero puchero.

—Vayan a desayunar, los veo aquí en cuarenta minutos— ordenó Jeremy mientras tomaba otra carpeta de color negro.

—¿Cuarenta minutos? El agente Anderson solo nos da quince minutos.

—Y eso, cuando esta de buenas.

Jeremy levantó la mirada hacia los jóvenes soldados y levantó una ceja. Todavía no había tenido la oportunidad de conocer al Coronel de la planta norte. Anderson estaba encargado de todos los soldados de la ORSP, mientras que él había sido asignado a la planta sur; donde se encontraban los analistas y especialistas de investigación. Ahora que lo pensaba, se extrañó que el Oficial Douglas lo mandara a esté lugar con soldados del plantel norte cuando tenia gente especializada y mejor cualificada para esta tarea.

—Es su día de suerte. Aprovéchenlo— dijo antes de volver la mirada a las hojas. Jones y Martínez no dudaron en desaparecer por una puerta gris que daba a la cafetería del edificio. La mirada que sintió en la mañana cuando venían de camino volvió a su radar, lo que hizo que levantará la mirada por segunda vez —¿No iras con tus amigos?

—No son mis amigos. Soy su Teniente.

—No quiere decir que no puedas ir a comer con ellos.

—No me mandaron aquí a degustar comida sin sabor. Si podemos aprovechar el tiempo en encontrar una oportunidad para deshacernos de los Bastos, por mi mejor— Entonces Jeremy se sintió intrigado. Lo había tenido a su lado las ultimas seis horas y aunque había notado una personalidad distante y fría, ahora comprendía mejor el motivo de su actitud.

—¿Cuándo pasó?

—El tiempo es irrelevante cuando tienes un objetivo que cumplir.

—No puedes basar tu lealtad y compromiso en una venganza. Le recomiendo que elimine ese pensamiento de su sistema, Teniente Harris— el moreno ahogó una carcajada y negando con la cabeza volvió a su seriedad.

—¿Tu lo hiciste Henker?— soltó —Todo el mundo sabe lo que hiciste en el operativo Bolia del 2007. Eso para mi sonó a venganza.

El hombre sonrió de lado y cerró con lentitud y sumo cuidado la carpeta que tenia en las manos. Se levantó, pero no con la intención de parecer intimidante. Esto había escalado a una conversación mas profunda que no podía hacerlo sentir como una falta de respeto. No como alguien mas lo haría.




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