—Entramos, lo eliminamos y nos retiramos. No quiero balas, no quiero golpes, no quiero violencia de ningún tipo hacía gente inocente, ¿entendido?— todos asintieron—Excelente. Andando jóvenes, todo debe salir tal cual lo planeado. Davian Wellington debe caer hoy.
Un pequeño grupo de soldados en vestimenta de civil salieron de una furgoneta negra y se colaron por la parte trasera de la discoteca Paradise. Hoy era el cumpleaños de Diara, la menor de los Wellington y este lugar había sido el elegido para festejarlo. Llevaban dos semanas planeando esta baja, y aunque las cosas parecían ir bien, Jeremy sintió un nudo en el estómago; en una hora se cumpliría un mes de su llegada a este país y de su nuevo cargo como Coronel. Todo había concurrido con normalidad y no podía sentirse mejor con el puesto que ahora estaba sobre sus hombros, pero no dejaba de sentir que algo iba mal.
Según información de un infiltrado en los Bastos, Davian Wellington sería nombrado como nuevo representante de la Mafia en pocos días. Un paso para su aprendizaje antes de convertirse en el nuevo líder; le cederían el poder de una familia y el clan que está manejara; Barton Baskerville había desaparecido del radar y los hermanos Wellington tuvieron que adelantar los planes de sucesión. No había otra opción que el hijo de Reginald. El hijo que odiaba tener guardaespaldas. Y la ORSP no iba a desaprovechar esta oportunidad para desestabilizar a esa sucia sociedad criminal. Matando al heredero, claro esta.
Justo entrando a un pasillo oscuro que solo era iluminado por pequeñas luces led moradas en las orillas del piso de la discoteca, les recibió el inicio de Runway Walk de Demrick. No les tomó nada integrarse y quedar rodeados de cuerpos sudorosos, ebrios y drogados. Lo primero que Jeremy notó fue el columpio que colgaba en medio del lugar. Un pequeño cuerpo descalzo, cubierto de un diminuto vestido amarillo de brillos y cabellera rubia se columpiaba mientras la gente bailaba debajo de ella.
—Lilith— giró el rostro cuando una voz pronunció ese nombre al mismo tiempo que él. Se trataba del Teniente Harris.
—Espero que no haya olvidado el plan, Harris.
—Claro que no Coronel. Claro que no— Harris ni siquiera le devolvió una mirada cuando se alejó. Miró de nuevo a Lilith y después al área VIP. Enseguida diviso a su objetivo. Davian y su primo Desmond charlaban animadamente con la cumpleañera.
—Coronel, lo tenemos en la mira. Esperamos su señal— escuchó en su auricular cuando caminaba hacia la barra. Acercó su muñeca derecha a su boca donde tenia un comunicador escondido en el reloj y habló.
—Si están listos y seguros de su puntería, háganlo.
—Enterado.
Ahora solo quedaría esperar el deceso, la confirmación y retirarse. Pero entonces sus ojos se movieron de manera inconsciente hacia la mujercita que se columpiaba, y para su sorpresa los ojos de ella ya estaban sobre él. Tragó saliva. “Mierda”. Si esa sonrisa que veía en su rostro no significaba otra cosa que no fuera que lo había reconocido entonces estaba jodido. Se mantuvo impasible. Ella movió los ojos a algo, o mas bien a alguien detrás suyo y sin pensarlo dos veces se tiró del columpio. Apenas pudo reaccionar cuando un hombro choco contra él y vio al Teniente Harris correr entre la gente detrás de la rubia. “Mierda por segunda vez”.
Entonces sobre la música se escuchó. Uno. Dos. Tres tiros. Levantó la cabeza a la zona VIP y Davian ni ninguno de sus primos estaba a la vista. Corrió entre la gente hacia el sonido de un nuevo disparo y se topo con una escena horrible; tres cuerpos sin vida en la pista de baile. Ninguno era Davian Wellington. Ninguno era un peligroso mafioso que estaba a punto de tomar el poder. Harris quedo en la mira cuando la gente empezó a correr al lado contrario de los cuerpos. La música se detuvo y aún con la poca luz del sitio pudo ver como el moreno tragaba saliva al momento que sus ojos se toparon con los suyos.
—Yo trate… pensé que si le había dado… ella…
La cosa se puso peor cuando los demás soldados a su cargo no contestaron el >Retirada< que les mando. “Mierda y mil malditas veces mierda”.
Hoy, viernes, diecisiete de julio del año dos mil quince, y el reloj de muñeca marcando las doce en punto de la madrugada. Jeremy Baxter oficialmente estaba cumpliendo un mes como Coronel de la ORSP. ¿Ultimo día también? No lo dudaba. La idea de retirarse ya no le sonaba tan mal. Después de todo, acababa de fracasar en su primer misión como parte de la ORSP.
Sus ojos se movieron a la tercer bolsa negra que los forenses sacaban. ¿Ese cuerpo era uno de los civiles que mató el Teniente Harris o de los soldados que iban de encubierto? Daba igual, porque otra bolsa pasó frente a él.
—Coronel Baxter— una suave voz femenina lo llamó a sus espaldas.
—Agente Douglas.
—Vine tan rápido como se me informó. Lo lamento mucho— no la vio, pero casi pudo asegurar que lo miraba con pena. Él no necesitaba ser visto así.
—Su padre…— quiso saber.
—Mi padre esta yendo a la Central. Ahí tienen recluido al Teniente Harris.
—Mmm— solo eso pudo salir de sus labios cuando la sexta y séptima bolsa salieron de la discoteca Paradise.
—Se que piensa que es su culpa, pero…
—¿Y no lo es?— la miró y ella negó rápidamente.
—Usted no sabia lo que Harris haría.
—¿Y si, si lo sabía?
—Si lo sabia el Oficial Douglas deberá ser puesto al tanto y también será juzgado junto al Teniente Harris. Si bien le va serán cinco años por encubrimiento y cuarenta por traición.
—setenta y cinco años son una excelente edad para, saliendo de prisión convertirme en un jugador compulsivo de Bingo o morir de un coraje mientras trato de encontrar el control remoto que llevo en la mano.
—Suena bien, pero eso solo pasará si el Oficial se entera— Jeremy volvió la vista a la mujer a su lado —No le diré.