Bastos

8.

Misuri, EE.UU
21 de julio de 2015

El día anterior había sido un fiasco total. Desmond nombrado heredero directo de Barton Baskerville, descartando por completo al supuesto sucesor. Lilith estaba bastante segura de que de haber sido diferente, ahora mismo estarían viajando a Italia con los hermanos Russo. En cambio, se encontraban en el bosque Mark Twain por decisión de su pareja, cazando, cosa que tampoco le molestaba del todo, aunque tampoco le quitaba el mal sabor de boca.

—¿Estás enojado conmigo? —preguntó después de veinte minutos de haber empezado la caza. Davian la vio de reojo y negó con la cabeza.

—Estoy concentrado.

—¿Desde ayer?

—Lilith —la voz del hombre salió calmada, aún en un tono severo. Advirtiendo que no se sobrepasara, igual la rubia lo ignoró y continuó.

—No entiendo como tu padre pudo hacerte eso frente a todos, fue muy humillante —se secó el sudor de la mano derecha y volvió a tomar con ambas manos el rifle que eligió usar—. Digo, tú primo me cae bien y lo que quieras, pero no fue justo.

—Mi padre es un imbécil —admitió.

—Y un tonto —Lilith asintió para sí misma y brincó sobre una gran roca que estaba en una pequeña cima. Se dejaba ver un poco del bosque a su alrededor y achicó los ojos y trató de visualizar a su presa.

Davian también subió a la roca y se detuvo un momento a respirar y aclarar su cabeza. En ese punto, el aire se sentía más fresco y puro. La tranquilidad lo rodeó igual que unos pequeños brazos delgados, lo que lo hizo sonreír.

Estaba molesto, no con su primo. Realmente, el hecho de haber sido desechado como líder de los Bastos le era más que indiferente. Y es que una carga de por vida haya pasado a manos de Desmond, significaba que Davian dejaría de estar en la mira de su padre. Con quien, si estaba disgustado, comenzando por lo que le dijo al terminar la ceremonia y finalizando con su típico desprecio a Lilith. Sintió un repudio anormal hacia él.

—... no se si eso esté bien para ti —Lilith alzó la cabeza esperando una respuesta y Davian parpadeó.

"Carajo", pensó. No escuchó nada.

—Lo que tú quieras siempre estará bien para mí —le sonrió y la acercó más a él mientras le daba pequeños besos en la cabeza, esperando que ella no descubriera su ligera falta de atención.

—Gracias —Lilith se apretó más—. Por cierto, estuve pensando mucho y creo que sería buena idea ir a Italia, ¿no crees?

—Ese viaje sucedería si...

—Si si, ya sé. Pero, ahora que tu padre te hizo a un lado —con el dedo índice hizo círculos en el abdomen de su pareja—. Puedes hacer lo que quieras.

Davian tomó con calma la mano que jugueteaba sobre su camisa y respiró profundamente para no expresar el disgusto ante su comentario; unas hojas crujiendo a lo lejos capturó la atención de ambos, Lilith dejó de abrazarlo, levantó su arma del suelo y salió detrás del sonido con emoción, dejando a Davian con la reprimenda atorada en la garganta. No tuvieron que avanzar mucho cuando la rubia alzó su rifle y apuntó. Un tiro fue suficiente para derribarlo, justo en la cabeza.

—Te dije que este era mío —el mayor la regaño mientras pasaba de ella y se acercaba a la presa, observó pedazos de cerebro regados alrededor de un árbol y las hojas del suelo donde cayó. Admiró en silencio la buena puntería de la joven.

—Eres demasiado lento amor —soltó con burla.

—El próximo es mío —la señaló con el dedo índice en forma de advertencia y Lilith sonrió de oreja a oreja, luego bajó la vista al cadáver e hizo una mueca.

—¿No crees que tu papá preguntará por él?

—Ese viejo me tiene sin cuidado, no me digas que tu... —la miró con la ceja arqueada.

Ella negó con la cabeza y se inclinó para visualizar mejor lo que había hecho. Se felicitó por la excelente evolución en su puntería y apuntó mentalmente intentar el tiro con arco la próxima vez; aprendía rápido y no desaprovecharía ninguna oportunidad para sacarle provecho a su habilidad.

—Me da un poco de pena. Solo estaba haciendo su trabajo —mencionó mientras volvía a ponerse de pie.

—Él ya lo sabía, morir o morir —le restó importancia.

—Pobre Benjamín, era guapo —Lilith tomó aire y caminó lejos del cuerpo inerte del corpo para buscar a la próxima víctima. Unos brazos la tomaron por la cintura y detuvieron su caminar, ella sonrió.

—¿Guapo? Tendrás que repetir eso de nuevo sin huir de mi —lo escuchó susurrar cerca de su oído. Lilith soltó una risita.

—¿Celoso de un muerto?

—Pff, sería triste de mi parte siquiera considerarlo. Dime, ¿has visto otros corpos sin que me dé cuenta? —la hizo quedar frente a frente, tiró su rifle junto al arma de él.

—Bueno... —hizo un gesto pensativo y después carcajeo—. Bromeo, en mi mente solo existes tú y nada más que tú —le ofreció una sonrisa sincera.

—Y el bebé.

Y el bebé. Lilith perdió la orientación por un breve momento y bajó la vista de los ojos de Davian hasta su camiseta de color verde militar. Curioso que apenas notara que era de ese color. Tragó saliva cuando la voz del hombre pronunció su nombre, la actitud de ella lo hizo dudar. ¿Algo estaba mal? Si, estaba muy muy muy mal.

Lilith apretó los labios y los puños al mismo tiempo, no estaba lista para decirlo—. Lo perdí —pero finalmente lo hizo.

—¿Qué acabas de decir? —Davian intensificó el agarre en los antebrazos de la rubia, casi sin darse cuenta. Sin duda dejaría marcas. Lilith gimoteó de dolor y se recriminó mentalmente por haberlo dicho.

"Momento y lugar equivocado".

—No fue algo que hice por voluntad propia —trató de explicar y el semblante del rubio la hizo callar.

—¿Cuándo pensabas decírmelo? —ella no dijo nada—. ¡Habla!

—Después de...

—¡Mírame cuando te hablo, maldita sea! —los dedos del ojiverde se incrustaron en sus mejillas cuando la obligó a levantar el rostro.

—Después de que terminara la ceremonia —alcanzó a decir entre quejidos por el fuerte agarre—. Pero tu padre cambió todo.




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