Baya de lobo

Capítulo 1

«El destino guía a quienes lo aceptan y arrastra a quienes se resisten».

Morita anhelaba la felicidad. Una sencilla, de mujer... ¡una que se pudiera entender! Una felicidad cálida como una manta de lana gruesa. De esas que te hacen apresurar el paso hacia casa, sin importar la nieve o la lluvia persistente. De esas que huelen a pasteles recién horneados y a leche con miel. Cuando, tras la tormenta, siempre sale el sol y brilla el arcoíris...

Pero no con su oficio, no con su destino. Morita había nacido bruja.

No era la clase de bruja con la que asustan a los niños en los cuentos. No tenía un diente de hierro para triturar los huesos de viajeros desprevenidos o de niños traviesos, ni un caldero gigantesco donde cupiera entero el pequeño Andrushko, el hijo de la vecina. No ordeñaba las vacas ajenas por las noches ni esparcía sal en las encrucijadas durante la luna llena. Simplemente, a sus dieciocho años, ya había visto más de lo que otros logran ver en toda una vida.

Y todo aquello se escondía en una casita pequeña, vieja y encorvada. Sus conocimientos, sus sueños, sus esperanzas... todo tras una puerta que colgaba de una sola bisagra.

Aunque, en realidad, Morita no se sentía una bruja. Oh, no. Su abuela lo sabía. Nunca se lo ocultó, pero no tuvo tiempo de enseñarle todo. Y ese peso oprimía el alma de la joven. Tal vez, si hubiera alcanzado a aprender algún conjuro, el techo habría dejado de gotear. Tal vez su vida habría tomado un rumbo mejor.

Morita suspiró y cerró la chirriante verja con un golpe seco. Al instante, Malok se lanzó a sus pies. Ronroneó, frotándose contra su bota, y de inmediato el corazón de la joven se sintió un poco más cálido. Los gatos son así: capaces de calentar hasta el alma más gélida y desesperanzada.

La chica se agachó para acariciar a su más fiel amigo en el mundo entero. —He estado con la abuela —explicó Morita, como si el gato le hubiera preguntado. O quizás, simplemente porque necesitaba compartirlo con alguien. Tenía un sabor amargo en la boca, como si acabara de beber una infusión de ajenjo. —Quité las malas hierbas, le llevé miel y pasteles...

Suspiró al recordar la tumba que descansaba al borde del cementerio. La abuela se había marchado con los antepasados esa primavera. Y con su partida, todo empezó a desmoronarse sobre la cabeza de Morita. Los aldeanos, que nunca quisieron mucho a la vieja bruja, el techo que difícilmente aguantaría este invierno y... lo peor: ella misma no era capaz de ver un futuro en esa casa hundida en la tierra. ¡No veía su propio futuro!

—¡Eres mi único ayudante! —sonrió con tristeza, tomando al gato en brazos—. ¿Atrapaste al ratón que no nos dejaba dormir? —¡Mrrr! —respondió el gato satisfecho, insinuando que ya no necesitaba almuerzo. —¡Qué bueno!

Morita dejó al gato en el suelo; pesaba lo suyo. No era de extrañar, los ratones parecían haber estado esperando bajo la casa durante toda la vida de la abuela. Pensó en adoptar una gata, pero no se atrevía a ofender al viejo señor de la casa. La abuela decía que Malok y ella habían nacido casi el mismo día. Morita solía reírse de aquello, pues desde que tenía memoria, el gato siempre se veía joven y fuerte. ¿O solo lo parecía?

—¡Maldita seas, criatura de las tinieblas! ¡Morita! ¡Morita, dónde te has metido! —chilló de pronto la vecina. Bueno, vecina... su casa estaba a casi doscientos pasos, pero Blanquita siempre se las apañaba para llegar hasta sus coles. —Tu cabra se ha comido mis coles otra vez. ¡Morita! ¡Átala de una vez! Ya no puedo más.

—¡Tía Valena, si la había atado! —exclamó la joven, corriendo a atrapar a su sustento, una criatura terca como un demonio—. De verdad, la até... ella... no entiendo cómo se soltó...

—¡Un espíritu maligno la posee! —exclamó la vecina con aire de experta—. Tu abuela sabía cómo lidiar con eso, pero tú... —la mujer suspiró y añadió en tono más humano—: Véndela... a quien sea. ¿Para qué dejas que te martirice? Es una bicha maliciosa.

Maliciosa lo era, y mucho. Pero Morita no tenía corazón para enviarla al matadero. Y así, ¿quién la querría? Su carácter era, ciertamente, difícil. —Si no obedece, la venderé —prometió la chica con severidad, más para la cabra que para la vecina.

Valena caló a la joven bruja al instante, pero solo soltó un bufido. —Necesitas un marido, Morita. Ya casi eres una solterona. Y una mujer sin marido es como una brizna de hierba seca. No serás una Morita, sino una Baya de Lobo.

La joven sonrió con tristeza. El nombre se lo puso su abuela. Nada más tomarla en brazos por primera vez y ver sus ojos del color de las bayas del bosque, la llamó así. Las vecinas se burlaban, diciendo que llamarla como un arbusto espinoso le traería una vida igual: erizada ante su destino, dejando que la suerte pasara de largo. Pero la abuela solo reía. Decía que el verdadero destino no teme a ninguna espina.

En eso creía Morita. Pero aun así sentía tristeza. Soledad.

—Así cuidarías de hijos, y no de gatos y cabras —aconsejó por enésima vez este verano la buena tía. —¡Pero si no hay nadie! —se encogió de hombros—. No he encontrado mi destino todavía. —¡Bah! Para cuando lo encuentres, ya no querrás casarte —bufó la mujer—. ¿Y dónde piensas encontrarlo? Encerrada en casa entre cuatro paredes...

Morita sonrió, pero no respondió. Era la misma cantaleta casi todos los días. Al principio intentaba discutir, pero luego comprendió que era inútil. ¿Para qué gastar la voz? La tía hablaría hasta cansarse y se marcharía, y a Morita no le dolería la cabeza por sus sermones.

—¡Como quieras! Tengo trabajo hasta el cuello —al no recibir la respuesta esperada, Valena agitó la mano—. ¡Y tú, demonio con cuernos, ni te atrevas a asomarte por mi huerto! —¡Me-ke-ke! —respondió Blanquita, no se sabía si indignada o burlándose de la vecina.

Qué nombre tan extraño le había puesto la difunta bruja a la cabra: llamar «Blanquita» a un animal negro como el carbón parecía una burla. Pero la abuela siempre había tenido sus excentricidades.



#1097 en Fantasía
#204 en Magia

En el texto hay: bruja, lobo, aquelarreliterario

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.