Hola.
Primero que nada, perdón por mis crisis expresadas en mis redes sociales pero al final también soy humana, detrás de ésta pantalla solo soy una chica más que está lidiando con crisis existenciales a diario, tengo mil trabajos, la Universidad y otras mil cosas que hacer. No me victimizo, solo que a veces las cosas me sobrepasan y necesito un descanso de todo, de esas veces que la lectura y la escritura no me sanan, solo me lastiman. De verdad haré todo lo posible por no desaparecer pero si la vida me supera no puedo hacer nada.
Mil gracias por todo, quiero que sepan que aquí hay una parte de mí, en estás letras, en estos párrafos y me encanta que las disfruten, que haya personas que las leen. Estoy trabajando en nuevos proyectos, espero publicar rápido éste para seguir publicando otros que me tienen muy emocionada. Les subiré sobre ello en mi insta, para que vayan a seguirme y a darme apoyo.
Lo siguiente que les voy a decir, cero ue ver pero tengo un amigo que acaba de abrir su canal en YouTube y acaba de publicar su primer video. Si pueden y quieren, obvio, vayan a apoyarlo, así sea con una sola reproducción, les dejo el perfil aquí abajo. (@TheBearsKitchen268), el que tiene el logo del oso chef, jijiji
Mil gracias, besitos y que ese cometa les cumpla todos sus deseos.
Chau, chau.
Los días después se volvieron una burbuja tibia. Una rutina secreta que parecía existir fuera del calendario: clases, mensajes rápidos, miradas largas, y al caer la noche, el plan tácito de siempre: escaparse a cantar.
El bar de karaoke era pequeño, con luces ámbar que dejaban todo más suave, más bonito, como si el mundo estuviera ligeramente desenfocado alrededor de ellos. Y ahí, en ese escenario diminuto, Nicky y Alec parecían infinitos.
Esa noche el público estaba más vivo que nunca. Aplaudían, reían, gritaban sus nombres. Ya era la quinta vez que subían en menos de una semana, y todos los conocían. Todos los esperaban.
Nicky sostenía el micrófono como si fuera un viejo amigo. La melodía empezó, y el silencio expectante se sintió como un abrazo.
— Y ahora que no voy a estar
Suerte encontrándote una igual
Ninguna como yo te va a enamorar
Pero vo' andá a buscar (anda a buscar) —
Su voz temblaba apenas, no por nervios, sino por sentir demasiado.
Alec la miraba, apoyado en el soporte del micrófono, como si ella fuese lo único que existiera.
— Te voy a extrañar, te voy a extrañar
Y aunque yo sí quiera, no te puedo perdonar
Yo te voy a extrañar, te voy a extrañar
Y aunque yo sí quiera, no te puedo perdonar — terminó Nicky, bajando la voz con una dulzura que desgarraba.
Hubo un segundo de silencio — breve, perfecto — y después:
— ¡Un aplauso para la estrella de nuestra noche! ¡Nicole Moretti! — anunció Alec, alzando el brazo de ella como si hubiera ganado una competencia.
El público estalló en vítores, silbidos, palmadas.
Nicky se rió, roja, y dejó el micrófono, bajando del escenario con el corazón lleno.
Alec fue detrás de ella, todavía con esa sonrisa que solo le salía cuando la miraba a ella.
— Cada vez hay más gente viniendo solo para verte, darling… tal vez debería empezar a ponerme celoso — dijo, inclinándose hacia su oído.
Ella rodó los ojos, divertida.
— Vienen a vernos. A los dos. Y lo sabes.
— Mmm… te daré la razón esta vez — respondió él, llevándose una mano al pecho dramáticamente. Luego bajó el gesto, tomándole la barbilla con suavidad — Solo porque me gusta cuando ganas.
La besó.
Un beso lento, cálido, como si estuvieran hechos del mismo aire.
— ¿Me permiten felicitar a las estrellas de este bar? — interrumpió una voz a sus espaldas.
El beso se rompió.
Nicky se dio la vuelta, y la sangre se le congeló suavemente bajo la piel.
— Profe… — murmuró, sin poder ocultar la sorpresa.
El profesor sonrió con los labios, pero no con los ojos.
— Hola, Nicky… Alec.
La música del bar siguió sonando, pero la burbuja ya no era tan segura.
Algo había entrado.
Algo que traía realidad con él.
— Veo que el ejercicio ha dado sus frutos — dijo el profesor Javier, cruzándose de brazos, con una media sonrisa que no era del todo aprobación ni del todo regaño —. Ahora cantan frente a público desconocido, escabulléndose a diario de LIKE. Supongo que ni sus padres ni los directores del colegio lo saben.
El aire se volvió un poco más denso.
— Profe… le juro que hay una explicación para esto… — empezó Nicky, dando un paso hacia él, como si la cercanía pudiera suavizar las cosas.
— Nicky — la interrumpió Javier, levantando una mano — no le diré a nadie.
Ella soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Alec también relajó apenas los hombros.
— Pero — continuó el profesor, y esa palabra sí pesó — deben tener cuidado. Si yo vine al bar y lo supe, tal vez alguien más haga lo mismo.