Helloooooo, sé que he estado desaparecida pero ando un poco estresada con la Uni y el trabajo. Además deben de saber que también comencé a publicar otros dos libros, de los cuales tampoco he actualizado pero deben esperar a que lleguemos a una parte importante de este liro para actualizar.
De nuevo muchas gracias por seguir aquí, y si les apetece por favor siganme en redes, eso me ayudaría a crecer un poquito más. O también pueden votar aquí por mis historias o dejar comentarios.
TQM
Gracias.
— Alex, debemos irnos — la apuró Jay desde el sofá, mientras ella se miraba por milésima vez al espejo y alisaba su cabello rubio.
— La perfección no se apresura — replicó con toda la calma del mundo, retocándose el labial.
— Pero si ya estás perfecta — intervino Nicky, sonriendo.
— Tiene razón, estás preciosa — añadió Jay con un gesto exageradamente galante.
— Agradezco sus comentarios, pero son mis mejores amigos… jamás me dirían que me veo mal — respondió Alex con aire dramático —. Pero bueno, ya podemos irnos.
Jay soltó un suspiro teatral.
— ¡Por fin! — exclamó levantándose del sofá.
Nicky tomó su bolso, metió el gloss y siguió a la rubia que ya abría la puerta.
— Vi que guardaste el gloss — señaló Jay mientras caminaban.
— Es para retocarlo si se arruina — explicó Nicky sin darle importancia.
— No se arruinaría si nadie lo tocara… pero como planeas besuquearte con Alec, obvio que se va a arruinar — se burló él, dándole un codazo.
— Basta, Jay — protestó Nicky, dándole una palmada en el hombro.
Los tres salieron al pasillo. LIKE estaba casi vacío; el murmullo habitual se había convertido en un eco lejano. Era fin de semana, y los alumnos tenían permiso de salir. Avanzaron hacia la salida principal, donde el sol de la tarde pintaba el suelo con destellos dorados.
Afuera, un auto negro esperaba. Alec, con las gafas puestas y ese aire de chico que no pasa desapercibido ni aunque lo intente, los esperaba apoyado en el capó. Nicky lo reconoció al instante; no había manera de olvidar ese coche ni al dueño.
— Wow… sí que le encanta la discreción — comentó Jay en tono sarcástico.
— Suban o se van caminando — replicó Nicky, caminando hacia el copiloto.
— Hola, novia — saludó Alec en cuanto ella subió, acercándose para besarla.
— Aquí no, Alec — murmuró ella, esquivando sus labios mientras se abrochaba el cinturón.
Jay se metió atrás, mirando el interior con curiosidad.
— No sabía que se podían guardar coches en LIKE… — dijo fascinado — ¡Auch! — se quejó cuando Alex le dio un golpe para que se hiciera a un lado.
— Muévete — exigió ella con frialdad.
— Qué agresiva, te urge un polvo que te saque el mal humor — bromeó Jay, rodando los ojos.
Alec soltó una risa apenas audible.
— Definitivamente, tus amigos son únicos, Nik — murmuró con una sonrisa cómplice mientras encendía el motor. — De verdad que estar con ustedes es toda una aventura — rió Alec, ajustando el retrovisor —. No como mi novia amargada, que ni un beso de saludo me deja dar.
Nicky lo fulminó con la mirada.
— Y te vas a quedar sin besos hasta nuevo aviso por dramático — replicó.
— Nik, soporté diez años sin ti — bromeó él, sonriendo de medio lado —. Puedo aguantar un rato más.
— Oh, te aseguro que será más que un rato — dijo ella cruzándose de brazos.
Alex soltó una risita.
— Yo apuesto que Naiki pierde.
— Coincido — añadió Jay sin pensarlo.
Alec solo sonrió satisfecho antes de arrancar el coche. Condujo entre el tráfico de luces y música hasta el lugar de la carrera. En cuanto los espectadores reconocieron el auto, empezaron los vítores y los gritos. El rugido de los motores se mezclaba con el de la multitud.
— ¿Qué se siente ser la novia de Alec? — preguntó Alex con una sonrisa traviesa y una ceja arqueada.
— No me molestes, Alex — refunfuñó Nicky, mirando por la ventana.
— No la provoques o se pondrá más picky — intervino Alec divertido.
— Vamos, Naiki… no puedes estar molesta toda la noche — dijo Jay.
— Solo no me molesten — pidió ella con un suspiro, aún mirando hacia fuera.
Alec detuvo el coche. Jay y Alex bajaron enseguida, perdiéndose entre la gente y la música. Él se giró hacia Nicky.
— ¿Quieres hablar? — preguntó con voz más suave.
— No lo sé — respondió ella, sin apartar la vista del cristal.
Alec se inclinó un poco, posando su mano sobre su pierna descubierta por la falda gris tableada.
— No quiero que empecemos mal — dijo con sinceridad —. Llevamos una semana de novios, Nik… no quiero que esto se arruine por una broma tonta.
Nicky respiró hondo antes de responder.
— No es solo eso. Me abruma el secreto, Alec. Que todo esto tenga que esconderse… que solo lo sepan mis amigos y mi hermano, mientras tú eres el favorito de todos y lo tomas tan a la ligera. Tal vez estoy siendo celosa, no lo sé.
— Sabes que es secreto porque tú lo pediste — respondió él, apretando un poco su mano en su pierna —. Y lo respeto. Siempre voy a apoyarte.
Nicky sonrió apenas.
— Creo que el conductor estrella debería bajar del auto y saludar a su público. Quizás hasta agradecerles.
— Solo si mi copiloto favorita baja conmigo — replicó él, guiñándole un ojo.
Alec salió primero. Nicky lo siguió, ajustando el corset negro sobre su camisa blanca. La brisa de la noche le revolvió el cabello. Alec se acercó, tomó una pañoleta roja y la ató con cuidado alrededor de su cuello. Él ya llevaba una igual en el bíceps derecho.
— Es para distinguir los bandos — explicó —. Nosotros somos el rojo.