Be the light (pendiente)

Capítulo 9

Todo fue un caos desde esa noche.

Alec se había distanciado de Nicky sin explicaciones. No la ignoraba, pero había una barrera invisible entre ellos: lo suficiente para herirla, no lo suficiente para alejarla del todo.
Cuando se mostraba cercano era en las peleas clandestinas, en esa bodega húmeda donde ella iba a verlo para apoyarlo, aun cuando fingía que no necesitaba apoyo de nadie.

Las carreras seguían ocurriendo religiosamente cada fin de semana. Las fiestas, los afters, los excesos… ya eran parte del paisaje habitual de los privilegiados chicos de LIKE. Sin embargo, las noches que realmente los unían eran las del karaoke: esas en las que, entre micrófonos viejos y luces de colores, solo existían ellos dos y la música.
Aun así, Nicky sabía que Alec le ocultaba algo grande. Había intentado sonsacar información a Nico y a Maxi, pero ambos parecían tener un pacto de silencio. Ninguno soltó nada útil.

La razón que la mantenía apoyándolo en aquellas peleas clandestinas era el motivo que él y sus amigos finalmente le habían confiado: ayudar a los niños de pocos recursos que no tenían las mismas oportunidades que ellos.
Equilibrar un poco la balanza, lo llamaban.
Y Nicky, enamorada como estaba, quería creer en esa causa… y en Alec.

Las últimas dos semanas, después de la carrera, habían sido mágicas a su lado. Confusas, intensas, imperfectas… pero mágicas.

Las clases, por fin, habían terminado.
Nicky y Alex caminaban hacia su habitación. Alex, como siempre, se quejaba de absolutamente todo: del profesor, de la tarea, del clima, de la vida… y entre quejas, aprovechaba cada oportunidad para elogiar a su amiga “la genio” que sobresalía en todo.

—¡Nicky! —la llamó Alex, haciéndola volver a la realidad.

—¿Eh…? —respondió Nicky, parpadeando.

—¿Escuchaste algo de lo que dije durante todo el camino? —Alex exageró el drama mientras abría la puerta de su habitación. Ambas entraron.

—Claro que sí, Alex… —dijo Nicky dejándose caer de golpe sobre el sofá—. Eres imposible de ignorar.

—Seguro estás pensando en tu querido novio y en su pelea de hoy —dijo Alex con una sonrisa burlona.

—En realidad no recordaba que era hoy —aseguró Nicky, sin mucho convencimiento.

—¿Que no lo recordabas? —repitió Alex, con esa sonrisa de sé que mientes—. Naiki, vas a cada una de sus peleas, a cada una de sus carreras… ¿y me vas a decir que hoy, justo hoy, no lo recordabas? —añadió con obviedad. Luego suspiró y suavizó el tono—. Sé que no la han pasado bien, pero conmigo no tienes que fingir. Sé cuánto te duele que esté tan distante. Alec antes buscaba mil maneras de estar cerca de ti y estos días ha estado… diferente. Entiéndelo, quizá solo necesita espacio.

Nicky bajó la mirada.

—Es que no sé qué ocurre… —confesó con la voz rota—. Siento que ya no es lo mismo. Está distante conmigo, solo cambia cuando estamos solos, como en el karaoke o después de ganar alguna carrera o una pelea… y no sé qué hacer —tragó saliva—. No quiero que esto se acabe tan pronto.

—Oh, Naiki… ven acá —Alex la abrazó con fuerza, y Nicky se quebró en llanto—. Justo eso deberías decirle. Todo lo que te da vueltas en la cabeza y te lastima el corazón —susurró—. Estoy segura de que hay una explicación. Después de lo que pasó esa noche, es entendible que Alec esté incómodo, pero no es tu culpa. Tienen que hablarlo.

—¿Y si no quiere? —preguntó Nicky sin levantar la vista.

—Él te ama, Naiki —afirmó Alex con seguridad—. Te aseguro que querrá hablar antes de perderte.

Nicky la abrazó con más fuerza y siguió llorando.

—Ya verás que todo va a estar bien —dijo Alex, acariciándole el cabello.

El día transcurrió entre intentos de distracción. Vieron películas románticas, comieron golosinas y Alex se encargó de mantener la mente de su amiga ocupada, evitando que sobrepensara su situación. Pero incluso los días más largos terminan, y la noche cayó.

—Oye, Naiki… —la llamó Alex, moviendo suavemente su hombro.

—Mhm… —respondió Nicky con la boca llena de brownie, recargada sobre ella.

—Deberíamos prepararnos para ir a la pelea de hoy.

Nicky emitió un quejido y tomó una galleta.

—Vamos… es una buena oportunidad para que hablen —insistió Alex—. Además, el ambiente es buenísimo.

—Tú lo que quieres es ir a ver a Noah —replicó Nicky, llevándose otra galleta a la boca.

—Tal vez —admitió, acomodándose un mechón de cabello—, pero no estamos hablando de mí. Y deja de comer eso —añadió, quitándole el bowl.

—¡Oye!

—No creo que el doctor esté muy feliz con tantas golosinas.

—¡Tú me las diste!

—Sí, pero no pensé que perderías el control.

—No importa, conseguiré más —dijo Nicky, cruzándose de brazos.

—Supongamos. Ven —Alex la tomó del brazo y la levantó—. O llegaremos tarde.

—No, Alex… —se quejó Nicky mientras era arrastrada al vestidor.

Después de un largo rato, Nicky estaba exhausta y fastidiada, mientras que Alex parecía disfrutarlo como si estuviera en una pasarela. Tras un par de horas, por fin quedaron listas.



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En el texto hay: romance

Editado: 04.05.2026

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