Los días habían transcurrido con normalidad, Alec y Nicky estaban bien de nuevo, aunque Nicky no le creía del todo, Alec no le había contado nada pero ella no lo culpaba, en el fondo sentía culpa porque ella también ocultaba algo y no pensaba decirle.
—Alec, basta —pidió Nicky mientras intentaba zafarse del ataque de besos de su novio.
—Alec… —volvió a decir entre risas.
—Basta, por favor…
Pero Alec la calló con un beso en los labios.
Nicky soltó una pequeña risa contra su boca mientras él la rodeaba por la cintura y la atraía más hacia su cuerpo, como si no llevara ya varios minutos encima de ella solo para fastidiarla, besarla y hacerla reír.
—No me canso de ti —murmuró Alec apenas se separó de sus labios.
—Eso no fue lo que dijiste hace diez minutos cuando te dije que no iba a dejar que eligieras la canción tú solo —le recordó ella con una sonrisa.
Alec frunció el ceño apenas.
—Eso es distinto, darling. Ahí estabas atentando contra mi buen gusto musical.
Nicky soltó una carcajada.
—¿Tu buen gusto musical? —repitió con burla—. Alec, por favor, querías elegir una canción solo porque sabías que te ibas a ver guapísimo cantándola.
Él sonrió de lado.
—¿Y acaso estoy mintiendo?
Nicky negó con la cabeza, divertida.
— Eres insoportable.
—Y aún así estás aquí, encima de mí, enamoradísima.
—No estoy encima de ti, tú estás encima de mí.
Alec bajó la mirada hacia ella, con esa sonrisa torcida que siempre le desacomodaba algo por dentro.
—Y no te estás quejando tanto.
Nicky abrió la boca para responderle algo, pero Alec aprovechó ese segundo para volver a besarla, lento esta vez, con una suavidad peligrosa que la hizo olvidar por un instante cualquier respuesta inteligente que pudiera haber tenido.
Sus manos subieron automáticamente hasta el cuello de su novio y Alec sonrió apenas contra sus labios, satisfecho de sí mismo, antes de profundizar un poco más el beso.
—Alec… —murmuró Nicky apenas él le dejó espacio para respirar.
—¿Mhm? —respondió él sin alejarse demasiado, todavía con la nariz rozando la de ella.
—Se supone que íbamos a ensayar.
—Y vamos a ensayar —aseguró él, dejando un beso fugaz en la comisura de sus labios—. Eventualmente.
Nicky lo miró con incredulidad.
—Llevas diciendo “eventualmente” desde hace media hora.
—Bueno, es que cada vez que te veo se me olvidan mis prioridades.
Nicky rodó los ojos, aunque una sonrisa inevitable tiró de sus labios.
—Qué mentiroso.
—No estoy mintiendo —aseguró él con total descaro—. Mi prioridad eres tú.
—Tu prioridad es besarme hasta dejarme sin aire para que no te siga contradiciendo.
Alec soltó una risa baja.
—También.
Nicky intentó empujarlo por los hombros, pero Alec solo se dejó caer más sobre ella, exagerando el peso de su cuerpo para fastidiarla todavía más.
—¡Alec! —se quejó ella entre risas—. ¡Pesas!
—No es cierto.
—¡Claro que sí!
—No me importa —respondió él sin una pizca de culpa antes de besarle la mejilla—. Me gusta tenerte así.
El corazón de Nicky dio un pequeño vuelco.
Y odiaba lo fácil que era para Alec decir cosas como esa con total naturalidad, como si no fueran capaces de desarmarla por completo. Él levantó apenas el rostro para mirarla. Sus ojos grises estaban tranquilos, cálidos, peligrosamente bonitos.
—¿Qué? —preguntó Alec al notar que ella se le había quedado viendo.
Nicky negó con la cabeza de inmediato.
—Nada.
—No sabes mentir, darling, ¿qué pasa por esa hermosa cabecita?, ¿por qué me miras así?.
—No te estaba viendo de ninguna forma, Alec soltó una risa.
—Claro que sí, darling. Me estabas viendo como si estuvieras enamorada de mí o algo así.
Nicky entrecerró los ojos.
—Tal vez porque eres mi novio, idiota.
—Ah, cierto —murmuró él con una sonrisa ladina—. A veces se me olvida la suerte que tengo.
Y antes de que Nicky pudiera responderle, Alec volvió a inclinarse hacia ella para besarla otra vez. Pero esta vez el beso fue más despacio, más suave. Era uno de esos besos que parecían no buscar nada más que disfrutarla. Nicky suspiró contra sus labios y dejó de intentar fingir que de verdad quería detenerlo.
Porque la verdad era esa, que no quería. No cuando volvía a ser ese chico insoportable, encantador y completamente suyo que lograba hacerla olvidar todo lo demás.