Buenas noches, gente.
Otra vez yo, les subiré todos los caps restantes hoy, así que una disculpita por el spam. Disfruten gente y una disculpita por lo que pueda pasar. Acuerdense de darle amor y no puedo creer que ya casi llegamos a los 2K, qué emoción.
Duerman bien, no se desvelen por favor y consiganme trabajo para que esta desempleada tenga dinero y pueda seguir invirtiendo en libros y pueda seguir escribiendo.
El lunes comenzó exactamente igual que cualquier otro. Nicky estaba convencida de que sobrevivir a la semana sería más complicado que cualquier examen de matemáticas.
Había dormido poco y pensando demasiado. Y Alec Rubio seguía apareciendo en cada rincón de LIKE, aunque llevaban semanas evitando cruzar más palabras de las estrictamente necesarias.
—¿Por qué tienes cara de funeral? —preguntó Alex mientras dejaba su mochila sobre la mesa.
—Apenas puedo mantenerme cada día… —soltó cansada.
—Deberías contarle a tus padres o al médico. ¿Te has tomado el medicamento? —preguntó su amiga.
Nicky rodó los ojos.
—También tú…
Antes de que pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió.
—Nicole Moretti, a la oficina de dirección, por favor.
Nicky levantó la vista de inmediato.
—¿Qué hiciste? —preguntó Jay, quien también estaba en la habitación.
—Nada.
—Eso dicen siempre los culpables.
—Te juro que no hice nada.
Nicky tomó su mochila y salió del salón sin esperar a nadie. El profesor Luis cerró la puerta; sin embargo, al cruzar el umbral del salón, en el pasillo, Alec esperaba recargado en la pared.
—¿Qué esperan para caminar?, ¿una invitación por escrito? A la dirección —dijo el profesor Luis.
Nicky caminó rápido y decidió ignorar a Alec.
Cuando llegaron a la oficina de dirección encontraron a Javi, a la directora y a dos personas que ninguno reconocía. La mujer sonrió apenas los vio entrar.
—Perfecto. Ya están aquí.
Nicky intercambió una mirada confundida con Alec. La directora acomodó una carpeta sobre el escritorio.
—Sus padres han firmado las autorizaciones.
—¿Qué autorizaciones? —preguntó Nicky.
La mujer abrió la carpeta.
—Las de la campaña publicitaria.
—¿Qué campaña? —preguntó Alec.
La mujer lo miró como si estuviera bromeando.
—La campaña de mi nueva colección Divina Élise, aquella de la que les hablé en mi última gala, la gala de Velaris —sonrió—. Felicidades. Ustedes dos acaban de convertirse oficialmente en la imagen principal de la colección. Sus padres ya revisaron el contrato y estuvieron de acuerdo con cada uno de los términos, ya se firmó y comenzaremos lo antes posible. Sin embargo, tenemos encima el tiempo, así que a sus horarios —sin estorbar con actividades escolares, claro —miró a la directora—, se les agregaron actividades relacionadas a la campaña: eventos, sesiones de fotografía, ruedas de prensa, galas, etc.
Los miró a ambos antes de continuar:
—Tenemos que anunciarlos ya en un evento. Será una gala privada, pero habrá reporteros y personas muy influyentes. Y su profesor de música —dijo mirándolo en ese momento— me dijo que son muy talentosos en el canto y la música, entonces me encantaría que canten en ese evento, claro, si ustedes están de acuerdo —dijo la señora finalmente.
Nicky miró con recelo a su acompañante, que estaba sentado a un lado de ella, ya que el resto de los asistentes estaban justo frente a ellos.
—Supongo que habrá muchos ensayos antes, ¿no? Y tenemos que estar juntos todo ese tiempo.
—Sí, claro que sí —respondió la señora.
Alec soltó una pequeña risita burlona y bajó la cabeza.
—Si Nik está de acuerdo, yo no tengo problema —aseguró con esa sonrisa de suficiencia en su rostro.
Nicky sabía lo que hacía; no se iba a dejar retar y ganar por su ex, así que ya tenía una respuesta en mente.
—¿Cuál es la canción? —preguntó.
—Es un repertorio para toda la noche, o bueno, una parte de ella para amenizar la velada —aseguró la señora.
(...)
Todo a partir de ahí se convirtió en un torbellino implacable, un horario ajetreado que amenazaba con devorar las pocas fuerzas que le quedaban. Las semanas siguientes se transformaron en un desfile borroso entre sesiones de fotos donde los flashes la cegaban, ruedas de prensa asfixiantes, apariciones en televisión donde tenía que sonreír de manera idílica y entrevistas donde le preguntaban una y otra vez sobre su "química innegable" con el capitán del equipo de fútbol. Y en medio de todo ese caos, seguía estando LIKE, con sus exigencias académicas, sus entrenamientos de porristas y sus propias rutinas personales.
Nicky estaba agotada, al límite de sus capacidades físicas. Cada noche, al llegar a su habitación, sentía que los huesos le pesaban el doble. El maquillaje diario se había vuelto su mejor aliado, haciendo verdadera magia al ocultar las ojeras violáceas, la palidez extrema y todas esas pistas silenciosas de un cuerpo que gritaba desesperado por un descanso.