Otro más, gente. Cada vez vemos más cosas, ¿por qué siempre es el los ultimos capítulos donde se revela todo?, yo creo que es algo con lo que nos adiestran a las escritoras como a los estudiantes de derecho a pensar en el caso más surreal y catastrofico del mundo.
Al día siguiente, la habitación de las chicas en LIKE estaba inusualmente tranquila.
Nicky seguía acostada en la cama superior de la litera, con un brazo sobre los ojos y el edredón cubriéndole hasta la cintura. No tenía sueño, pero tampoco ganas de levantarse. Solo quería que el mundo dejara de pedirle cosas por un rato.
La puerta se abrió de golpe.
—Buenos días a la princesa en coma.
—Cállate, Jay.
—Sí está viva —anunció él, entrando a la habitación con una sonrisa triunfal.
Alex apareció detrás de él con dos vasos de café y una charola de pan dulce.
—Te traje desayuno.
Nicky apenas giró la cabeza.
—No tengo hambre.
Jay dejó escapar un silbido.
—Eso sí es preocupante.
Alex levantó una ceja.
—Siéntate.
—No soy un perro.
—Naiki.
Nicky soltó un suspiro exagerado y terminó incorporándose en la cama.
—¿Qué quieren?
Jay se dejó caer sobre la silla del escritorio, girándola al revés para apoyar los brazos sobre el respaldo.
—Convencerte de algo.
—No.
—Ni siquiera sabes de qué se trata.
—Contigo nunca termina bien.
Alex rodó los ojos antes de intervenir.
—Los de tercero organizaron una fiesta en un yate este fin de semana.
Silencio.
—No.
—Naiki...
—Alex, acabamos de tener una de las peores semanas, llevo semanas sin descansar, casi me muero hace unos días...
Jay levantó un dedo.
—Eso último no cuenta porque nadie sabe.
—Ustedes sí.
—Precisamente por eso.
Nicky le lanzó una almohada.
Jay la atrapó sin esfuerzo.
—¡Qué agresiva!, casi me das en la cara.
—Tú eres un fastidioso.
Alex dejó el café sobre el escritorio.
—Escúchanos tantito.
Nicky volvió a recostarse.
—Los estoy escuchando.
—No, estás oyendo para después ignorarnos con estilo.
Jay sonrió.
—Eso también hay que reconocerlo.
Alex continuó.
—Solo será el fin de semana. Salimos hoy por la tarde y regresamos el domingo. Playa, mar, comida, música... nada de profesores, nada de ensayos, nada de campañas.
—¿Y por qué habría de querer ir?
Jay intercambió una mirada con Alex.
—Porque llevas dos semanas encerrándote cada vez que puedes.
—Mentira.
—Ayer saliste únicamente porque casi te obligamos.
Nicky no respondió.
—Y antes de eso solo salías para cantar con Alec.
—Jay...
—¿Qué?
Alex le lanzó una mirada de advertencia.
—Suavidad.
—Estoy siendo suave.
—No, no lo estás siendo.
Jay volvió a mirar hacia arriba.
—Naiki.
Ella levantó apenas la vista.
—¿Qué?
—Alex va.
—Ajá.
—Yo voy.
—Aun no veo la relevancia de esta conversación.
—Y...
Sonrió con malicia.
—Alec también va.
Nicky frunció el ceño.
—¿Alec?
—Así es.
La habitación quedó en silencio.
Nicky desvió la mirada.
—No cambia nada.
Jay soltó una risa.
—Claro que cambia.
—No.
—Entonces ve.
—No quiero.
—¿Porque estará él?
—Porque estoy cansada y simplemente no quiero ir.
—Ajá.
—Jay...
Él se puso de pie.
—Mírame.