Be the light (pendiente)

Capítulo 21

Último, gente.

Muchas gracias a todas aquellas personas que le dieron una oportunidad. Que me dieron una oportunidad a mí. Sé que no es el mejor libro, que hay mejores pero es ese libro que hizo la niña que tenía su propio wattpad en secundaria, a la que sus compañeros molestaban en su lugar por otro capítulo, jajaja y esa que escribía a mano.

Muchas gracias a esa personita que guardó en su biblioteca mi libro, todos estos años lo dejaste ahí, nunca lo borraste. Mil gracias.

Es precioso ver como las lecturas crecen y espero seguir creciendo tanto que algún día alguien diga "Ella es mi autora favorita", espero algún día firmarles libros y hacerles dedicatorias, pero mientras llega ese día espero me sigan dando su apoyo y amor.

Los tqm, su abogada de confianza que se cree escritora.

Disfruten y descansen.

​La cabaña olía a madera húmeda y al aroma dulce del chocolate que Alec terminaba de espesar en la estufa. Eran pasadas las dos de la madrugada del domingo. Después de la cena perfecta y de esa intensa plática donde Alec se había vaciado el alma, ninguno de los dos quería que la noche terminara. El antojo de algo dulce los había hecho bajar al sofá de la sala en pijamas, envueltos en la misma manta, buscando prolongar la tregua que el destino les regalaba.

​—Te dije que esta receta de mi abuela lleva un toque de canela, no seas escéptico —dijo Nicky con un hilo de voz divertida, apoyada en el respaldo del sofá mientras lo miraba trabajar en la barra.

​—Lo sé, lo sé, pero el chef diez estrellas aquí soy yo —replicó Alec, fingiendo indignación mientras se acercaba al sofá trayendo un cuenco con palomitas y dos tazas humeantes—. Mírame… estoy dándolo todo para consentirte.

​—Como siempre —bromeó Nicky, aunque su sonrisa se suavizó por completo cuando él se sentó a su lado y se inclinó un poco más cerca.

​El roce fue inevitable. Alec le robó un beso breve, de esos que parecían no saciar nada y solo dejaban con ganas de más. Ella rió bajito contra sus labios, y él aprovechó para abrazarla por la cintura, acomodándola contra su costado sobre los cojines, entre la manta y el sonido constante de la lluvia que seguía golpeando los cristales.

​Nicky apoyó la cabeza en el pecho de Alec, escuchando el ritmo acelerado y seguro de su corazón. Él jugaba con sus dedos, dibujando círculos lentos en su piel con la serenidad de alguien que no necesitaba nada más en el universo entero.

​—Podría quedarme aquí contigo para siempre —murmuró Alec contra su cabello.

​—Suena tentador —respondió ella, cerrando los ojos con una sonrisa—. Aunque tendrías que seguir cocinándome a la madrugada por el resto de tus días.

​Él rió suavemente, bajando la voz como si confesara el secreto más valioso del mundo:

​—No me importa pasarme la vida entera en la cocina… si es contigo, darling.

​Nicky levantó la cabeza para mirarlo. Sus ojos se encontraron en la penumbra iluminada solo por el reflejo de la chimenea. Alec acarició su mejilla con el dorso de la mano, a punto de besarla otra vez… cuando de pronto, algo cambió de forma drástica.

​No fue un aviso escandaloso. Fue una grieta silenciosa bajo la piel de Nicky. El aire dejó de entrar a sus pulmones y un pitido ensordecedor le apagó el sonido de la lluvia. Quiso sostenerle la mirada a Alec, pero sus ojos se desbocaron y el color de su rostro se desvaneció por completo, tornándose de una palidez traslúcida, casi mortal.

​—¿Nik…? —alcanzó a decir él, con una repentina alarma tiñéndole la voz.

​Justo antes de que pudiera responder, el cuerpo de Nicky se tensó y se desplomó hacia un lado de forma inerte, perdiendo toda la conciencia.

​El cuenco de palomitas cayó al suelo, rodando hasta detenerse bajo la mesa. Alec reaccionó con los reflejos grabados en su sangre, atrapándola en sus brazos antes de que su cabeza golpeara contra la madera. El corazón de Alec dio un vuelco violento, hundiéndosele en el estómago.

​—¡Nik! —la llamó con desesperación, dándole suaves palmadas en la mejilla, pero no obtuvo respuesta—. ¡Nik, mírame!

​Ella estaba pálida, demasiado pálida, con los labios perdiendo el color rosado de siempre. Su respiración era débil, alarmantemente irregular. Alec sintió cómo un nudo de puro terror le apretaba la garganta, dejándolo sin aire. La tomó con fuerza contra su pecho, como queriendo transferirle su propia vida.

​—Ey, mírame, por favor… no me hagas esto —susurró con la voz completamente quebrada, sintiendo unas ganas espantosas de llorar—. Nik, vamos, no puedo perderte… no a ti. Despierta, por favor.

​El silencio de la cabaña se volvió ensordecedor, interrumpido únicamente por el sonido frenético e hiperventilado de la respiración de Alec, quien con la mano temblorosa buscaba desesperadamente el celular entre los cojines para llamar a una ambulancia, dándose cuenta de que el mundo perfecto que habían construido se acababa de romper en mil pedazos.

Alec cargó a Nicky en brazos con una facilidad desesperada, como si el simple contacto pudiera mantenerla con vida. Sentía cada segundo como una eternidad mientras abría la puerta de la cabaña bajo la lluvia torrencial, con su corazón golpeando tan fuerte contra sus costillas que apenas podía escuchar otra cosa.



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En el texto hay: romance

Editado: 07.08.2026

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