No podíamos irnos a dormir sin este.
Que lo disfruten, espero sus comentarios y recuerden seguirme en redes para que se avienten los spoilers de los siguientes libros, que hay tres en el horno y no sé, depende de lo que pida la gente vemos cómo continua la historia de Nik y Alec. Nada es para siempre, ¿no?.
El departamento estaba inundado por una luz suave y el eco de una melodía que parecía envolver cada rincón con una nostalgia casi tangible.
Frente al espejo del tocador, una silueta se movía con tranquilidad. Se aplicó un toque ligero de un gloss con color, observando su reflejo con una media sonrisa. Lucía radiante, con las mejillas llenas de vida y una serenidad que le había costado meses conseguir.
En la pantalla de su celular, apoyado contra el marco del espejo, la aplicación de Spotify mostraba una carátula en blanco y negro con un rostro que solo resaltaba los ojos y una barra de reproducción que avanzaba lentamente. Era el éxito número uno a nivel global, una canción que se había vuelto su favorita, la canción que estaba rompiendo récords en todas las listas. El nombre del artista brillaba en letras blancas: Lex.
Ella clavó la mirada en la pantalla mientras la voz del cantante llenaba la habitación a través de las bocinas. Era una voz que ella reconocería en cualquier universo, sin importar cuántos años pasaran o cuántos nombres artísticos decidiera usar él para camuflar su dolor. Cada nota, cada acorde y cada maldita letra de esa canción hablaban dealgo que solo ella entendía. Él lo había logrado; se había convertido en la luz que brillaba en medio de la oscuridad.
—¡Apúrate, que se nos va a hacer tarde! —gritó la voz de Nico desde la sala, acompañada por el sonido de unas llaves tintineando.
Ella parpadeó, saliendo del trance, y soltó una risa suave que iluminó por completo su rostro. Tomó el celular entre sus manos, pausando la música justo en el último acorde de la guitarra.
—¡Ya voy, Nico! ¡Solo me falta ponerme los zapatos! —respondió ella hacia la puerta.
Se miró una última vez en el espejo, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja. Sus ojos, profundos y llenos de una chispa inconfundible, brillaron con una mezcla de orgullo y melancolía al ver la pantalla ahora en silencio.
Nicole Moretti sonrió para sí misma, tomó su bolso y caminó hacia la salida, lista para continuar.