I.
Home Hud olía a coco y a piedra caliente por el sol y a ese tipo de brisa marina que solo existe en las islas pequeñas donde el mar está cerca de todos los lados al mismo tiempo.
Rez lo notó antes de que el yate terminara de atracar: el olor llegó antes que la imagen completa, mientras la isla todavía era una silueta de palmeras y tejados de paja sobre el agua azul clarita. Era un olor que no había olido antes exactamente así, diferente al de Bucoco Island y diferente al de Fiesta Village, con algo que era más tranquilo, más propio, como el olor de un lugar que existe para estar en él y no para pasar por él.
La arena de la orilla era blanca amarillenta, suave, del tipo que se hunde un poco bajo el peso de los pies y que uno arrastra en las zapatillas durante horas sin darse cuenta. Las palmeras eran altas y tenían cocos reales colgando de ellas, lo cual sonaba obvio pero que Rez anotó de todas formas porque los cocos reales en las palmeras reales tienen una presencia que las palmeras decorativas no tienen.
Las gaviotas sonaban.
Las gaviotas de Home Hud sonaban diferente a las de Bucoco Island, o quizás eran las mismas gaviotas y el sonido era diferente porque el espacio era diferente. Rez no lo sabía con certeza y lo anotó en el cuaderno como pregunta sin respuesta por ahora.
El muelle era pequeño: suficiente para el yate y para las personas que esperaban en él.
La pancarta era lo primero que se veía desde el agua: tela roja, letras amarillas, WELCOME, RACERS! con ese tipo de entusiasmo que no necesita signos de exclamación para ser real aunque los tuviera.
Y debajo de la pancarta: las personas.
Rez bajó del yate con la mochila al hombro y el cuaderno en la mano, que era exactamente como había bajado del primer barco dos temporadas atrás, y miró al grupo que esperaba en el muelle con la misma atención con que había aprendido a leer los pelotones al inicio de las carreras: buscando lo conocido primero y luego lo nuevo.
Lo conocido llegó como una ola.
Leilani estaba en el borde del muelle con los brazos cruzados y su expresión evaluadora de siempre, que hoy tenía algo diferente: no era la evaluación de quien mira a un desconocido sino la de quien mira a alguien que conoce bien y verifica que sigue siendo lo que recordaba. Llevaba su vestuario hawaiano con la falda de hojas verdes y las flores moradas detrás de la cabeza, que era exactamente lo que Rez hubiera dicho que llevaría si alguien le hubiera preguntado antes de llegar.
—Llegaste —dijo Leilani.
—Llegué —dijo Rez.
Y eso fue suficiente por ahora, porque algunas personas no necesitan más que eso después de dos años de mensajes y llamadas.
El Zipo estaba al lado de Leilani con los brazos cruzados también, en su postura de siempre, con la máscara naranja y azul que en la luz de Home Hud tenía colores diferentes a como los recordaba Rez, más vibrantes, más definidos. Asintió cuando Rez lo miró. Un solo gesto. Que en El Zipo era un abrazo.
Roxie Roller estaba detrás con una lata de bebida energética en la mano, lo que era tan consistente con todo lo que Rez sabía de Roxie que casi lo hizo sonreír. Levantó la lata en su versión de saludo.
Oog-Oog estaba de pie con esa quietud suya que hacía que su presencia fuera más intensa que la de las personas que se movían más. Asintió despacio.
Disco Jimmy tenía el parlante portátil. Por supuesto.
B'Zorp procesaba la llegada de Rez con sus ojos enormes y esa calidad de presencia que siempre hacía que uno sintiera que estaba siendo analizado en más dimensiones de las habituales.
Beach Bro tenía sombrero de paja y una calma que era exactamente la que había tenido siempre y que en Home Hud parecía completamente en su lugar.
Benny estaba al fondo del grupo, mirando el mar, con la expresión habitual de su traje de conejito que no decía mucho sobre nada en particular pero que Rez ya sabía leer como una presencia y no como una ausencia.
Y McSkelly.
McSkelly estaba ahí, al borde del muelle, con su sombrero pirata y su sable y esa calidad de permanencia que tienen las cosas que llevan siglos siendo lo que son. Cuando Rez lo miró, McSkelly le devolvió la mirada con las cuencas vacías que sin embargo transmitían algo que era reconocimiento y algo más.
—Bien hecho —dijo McSkelly, con esa voz que hablaba desde varios siglos al mismo tiempo.
Era la segunda vez que Rez escuchaba esa voz. Seguía siendo igual de peculiar y seguía siendo igual de reconfortante de una manera que no tenía explicación lógica.
—Gracias —dijo Rez.
Luego miró al resto del grupo que no había identificado todavía.
Y ahí estaban: los nuevos.
II.
Los nuevos eran cinco, más uno que no era exactamente nuevo pero que era completamente diferente a lo que había sido.
Rez los recorrió con la mirada de la misma manera en que leía los pelotones: buscando información en lo visual antes de que llegaran las palabras.
La primera que se acercó fue Mikka.
Era imposible no verla primero: el pelo largo y multicolor que en las imágenes de la app había parecido llamativo era en persona todavía más así, con esa cualidad de los colores que no piden permiso para ser vistos. Naranja, verde, azul, morado, rojo, todo junto en una cascada que le llegaba a la cintura y que se movía con ella cuando se movía. El gorro de monstruo morado con tres ojos verdes encima de la cabeza. La ropa negra con el cinturón verde neón. Las zapatillas rosas brillantes.
Y la expresión: abierta, alegre, con esa energía de las personas que genuinamente se alegran de conocer a alguien nuevo.
—¡Rez! —dijo, como si ya se conocieran, que era claramente la manera en que Mikka trataba a todo el mundo—. ¡Por fin llegas! Estábamos esperando. Bueno, yo estaba esperando, los demás menos pero yo sí. ¿Cómo fue la carrera de clasificación? ¿Usaste la Goma Quemada? Yo usé la mía en la primera vuelta y casi me salgo del circuito pero al final quedé primera así que resultó bien aunque Ruby me miró raro. ¿Ruby te miró raro a ti también?