I.
La primera vez que la cartelera mostró una pista fuera de las islas, Rez la miró durante más tiempo del necesario para leerla.
División A: Gold Rush Ridge, 10:00 am.
Gold Rush Ridge.
Desierto. Estados Unidos. Estilo vaquero, rocoso, casi rojo.
No era una pista que existiera en su memoria de la primera temporada porque en la primera temporada no existía: era nueva, de las que BaeSoft había preparado durante los dos años de renovación, de las que los coordinadores habían mencionado brevemente en las caminatas de exploración pero que solo se podían conocer de verdad corriendo en ellas.
Rez abrió la app y buscó la descripción de Gold Rush Ridge: Desierto rojo en el suroeste de Estados Unidos. Formaciones rocosas, barrancos y tierra polvorienta con un estilo de la vieja frontera vaquera. La pista recorre cañones estrechos y abre en mesetas amplias con vistas de kilómetros. Fauna local incluye serpientes de cascabel que cruzan el circuito ocasionalmente y un cóndor que anida en el punto más alto del recorrido.
Serpientes de cascabel que cruzan el circuito.
Rez lo anotó en el cuaderno como información de pista con el mismo peso que anotaba el lago de lava de Tiki Temple o los dinosaurios de Dino Jungle.
La app tenía una sección de vista previa de cada pista: fotos y un video corto de treinta segundos. Las de Gold Rush Ridge mostraban roca roja, cielo azul sin nubes, polvo que el viento levantaba en espirales pequeñas sobre el camino, y en el horizonte las formaciones de piedra que eran inconfundiblemente del suroeste norteamericano.
Era completamente diferente a todo lo que había corrido antes.
Bien, pensó Rez. Diferente es información.
El viaje a Gold Rush Ridge fue el primero que Rez hacía en avión con la Liga y fue una organización diferente a los barcos entre islas: un vuelo desde el aeropuerto más cercano a las islas, que requirió un barco previo desde Home Hud hasta tierra firme, y luego el vuelo hasta el aeropuerto del desierto, y luego un vehículo de la empresa hasta el lugar.
Todo coordinado por la aplicación, que actualizaba los detalles de logística con una eficiencia que hacía que uno se preguntara brevemente cómo habría funcionado la primera temporada con este nivel de organización y luego dejara de preguntárselo porque la respuesta era obvia.
En el avión iban los seis de la División A: Rez, Leilani, El Zipo, Mikka, Clutch y B'Zorp.
Clutch miró por la ventana durante todo el vuelo sin decir nada, con una atención que era diferente a la de los demás: no la curiosidad de quien ve un paisaje nuevo sino el reconocimiento de quien ve algo que conoce aunque no lo haya visto exactamente así.
Rez lo notó.
—¿Conoces el desierto? —le preguntó.
Clutch lo miró.
—El desierto me conoce a mí —dijo.
Era la respuesta más larga que Clutch había dado en respuesta a una pregunta personal desde que Rez lo conocía, y venía con esa calidad de las frases cortas que contienen más de lo que dicen.
Rez no preguntó más.
Pero lo guardó.
II.
Gold Rush Ridge olía a polvo caliente y a algo mineral que Rez no supo nombrar pero que era el olor específico de la roca roja cuando el sol lleva horas calentándola.
La pista era exactamente lo que la descripción prometía y más de lo que las fotos podían mostrar: la roca no era un color sino varios, desde el naranja brillante hasta el marrón oscuro casi negro, con estratos visibles que eran la historia geológica del lugar escrita en la piedra. Los cañones en la sección media del circuito eran estrechos de una manera que hacía que los buggies parecieran más grandes que en las pistas abiertas, con las paredes de roca a los lados tan cerca que uno podía extender el brazo y tocarlas si fuera tan imprudente como para extender el brazo durante una carrera.
Y las mesetas: amplias, con vistas que en cualquier otro contexto serían el tipo de paisaje que uno para a fotografiar. Aquí eran el tipo de paisaje que uno leía tácticamente porque en las mesetas el viento cambiaba la dinámica de los buggies de maneras que en las pistas cerradas de las islas no existían.
Los puestos de burbujas en Gold Rush Ridge estaban en los bordes de las mesetas y en los puntos de entrada a los cañones: grupos de cinco o seis en las zonas amplias, grupos de cuatro en los cañones donde el espacio no permitía más. Y había una burbuja amarilla específica en el punto más alto del recorrido, cerca del nido del cóndor que efectivamente estaba ahí y que observaba las carreras con la indiferencia olímpica de las cosas que existen en una escala de tiempo diferente a la de los buggies.
El atajo de Gold Rush Ridge no era visible desde el circuito principal: pasaba por el interior de una formación rocosa que desde afuera parecía sólida pero que tenía un paso en el centro, una grieta ancha que con el buggy era transitable si uno entraba en el ángulo correcto y a la velocidad correcta. El atajo cortaba la sección más larga del cañón y añadía el elemento de la oscuridad interior de la roca durante los segundos que duraba el paso, similar al atajo de la casa de Spooky Shores pero sin el sistema de posición funcionando con la misma precisión porque las paredes de roca interferían ligeramente con la señal.
Rez lo descubrió en la primera vuelta de reconocimiento, que la Liga daba antes de cada nueva pista: una vuelta sin cronómetro oficial donde los pilotos podían explorar el circuito a velocidad reducida antes de la carrera.
Lo exploró desde afuera: tocó el borde de la grieta con la mano al pasar, sintió la temperatura de la roca que era más fría que el exterior aunque el sol estuviera encima de todo, y calculó el ángulo.
Posible, escribió en el cuaderno durante los minutos antes de la carrera. Entrada: ángulo de 15 grados respecto a la pared. Velocidad: media-alta, no máxima. La oscuridad interior dura aproximadamente cuatro segundos. Sin señal de posición completa: confiar en el tacto del camino.