Beach Buggy Racing: El Arco de las Islas Misteriosas

CAPÍTULO 9: FLOWER POWER

I.

Crab Cove olía a sal y a arena caliente y a algo más que Rez no supo identificar hasta que vio los cangrejos.

Eran grandes. No grandes como los cangrejos de las pescaderías de Bucoco Island, que ya eran considerables: eran grandes como algo que no debería poder existir siendo cangrejo, del color rojo más rojo que Rez había visto en un animal vivo, moviéndose por la arena blanca de la playa con esa indiferencia majestuosa de las criaturas que no tienen depredadores naturales y lo saben.

La pista de Crab Cove rodeaba la playa, bajaba por la costa, subía por un promontorio de roca blanca con vistas al mar, y volvía. Era limpia en el sentido de que no había atajos, no había monumentos que modificaran las líneas, no había neblina ni selva ni pantano que complicara la visibilidad. Era la pista más honesta que Rez había corrido en la Liga: lo que veías era exactamente lo que había.

Eso la hacía perfecta para una carrera entre dos.

Solo dos: Rez y Leilani.

La carrera final de la serie Easy Street.

Llegaron a Crab Cove en la mañana, en el barco de transporte de la Liga que conectaba Fiesta Village con los distintos puntos de Mystery Island. El trayecto era corto pero el mar en esa parte de la isla tenía un color diferente, más profundo, con reflejos que cambiaban según el ángulo del sol.

Leilani estuvo en silencio durante la mayor parte del trayecto, con su tablet y su concentración de siempre. Rez estuvo en la proa mirando cómo se acercaba la isla.

Cuando atracaron y bajaron al muelle pequeño de Crab Cove, los técnicos de la Liga ya tenían los dos buggies preparados en la línea de salida: el Beach Buggy rojo de Rez con sus rayos amarillos, y el buggy hawaiano de Leilani con sus flores pintadas que en la luz de Crab Cove tenían un color diferente, más saturado, más presente.

No había público. Solo el organizador con su chaleco naranja, dos técnicos, y los cangrejos gigantes que hacían lo suyo con total independencia del acontecimiento humano que estaba por ocurrir.

—¿Lista? —le preguntó Rez a Leilani, mientras los dos revisaban sus vehículos antes de la salida.

Leilani lo miró.

—Siempre —dijo.

Y en su panel, Rez pudo ver algo que en todas las carreras anteriores había estado igual al suyo al inicio: la figura de su habilidad especial, el Flower Power, no estaba en gris esperando cargarse.

Estaba completamente llena de color desde el principio. Lista. Disponible. Sin límite de usos.

Rez miró su propio panel. Su Goma Quemada: gris. Esperando. Dos usos cuando se cargara.

Así que así es, pensó.

No era injusto. Era la regla de la carrera final de serie: el jefe de serie no tiene restricciones. El retador tiene las suyas.

Lo aceptó como información. No como desventaja sino como el parámetro dentro del cual tenía que encontrar la manera de ganar.

II.

La carrera era cinco vueltas. Las más largas de toda la serie Easy Street.

El organizador levantó las banderas.

Rez miró la figura gris de la Goma Quemada en el panel izquierdo. Miró los dos botones del panel derecho, apagados todavía. Miró la barra de posición: dos puntos, uno rojo y uno con los colores del buggy de Leilani, en la línea de salida.

Las banderas bajaron.

Salieron.

Leilani tomó la delantera desde el primer metro, que no sorprendió a Rez porque era exactamente lo que esperaba y lo que había planeado en torno a: dejarla ir adelante, observar, leer.

Lo que no había anticipado del todo, aunque Leilani se lo había dicho claramente, fue la escala.

Las flores llegaron al final de la primera recta: salieron del buggy de Leilani hacia atrás, moradas y brillantes, depositándose en el asfalto blanco de Crab Cove con una delicadeza que no correspondía para nada con lo que hacían cuando uno las pisaba. Eran hermosas de la manera en que son hermosas las cosas que también son peligrosas.

Rez las vio llegar y giró el volante.

Las evitó. Por poco, pero las evitó.

Las siguientes llegaron antes de que esperara: Leilani no esperó a acumular distancia para volver a usarlas. Las activó de nuevo casi de inmediato, dejando otra tanda en el asfalto a mitad de la recta, en el punto donde Rez naturalmente aceleraría.

Giró de nuevo. Perdió velocidad.

Leilani amplió la distancia.

Sin límite, recordó Rez. Las puede usar cuando quiera. Cuantas veces quiera.

En la barra de posición, el punto de Leilani se alejaba con una constancia que era geométrica.

III.

Primera vuelta terminada.

Rez la terminó a tres segundos de Leilani, que era una distancia que en cinco vueltas podía volverse imposible si no encontraba la manera de cerrarla.

La figura de la Goma Quemada en su panel izquierdo: todavía gris. Cargándose. No lista todavía.

Los botones del panel derecho: los había cargado con dos grupos de burbujas en la primera vuelta, aprovechando los momentos en que esquivaba las flores y la trayectoria lo acercaba a los puestos de power-ups. Primer botón: Freeze Ray. El ícono del bloque de hielo pulsaba suavemente. Segundo botón: Oil Slick. El bote de aceite derramándose.

Pensó rápido.

El Freeze Ray era atractivo: congelar a Leilani en un bloque de hielo la haría conducir de manera resbaladiza, y si chocaba con algo mientras estaba congelada caería. Pero Leilani era exacta. Leilani no chocaba con cosas. El Freeze Ray contra Leilani era apostarlo todo a que ella cometiera el error que no cometía.

El Oil Slick era diferente: un charco de aceite en el asfalto que hacía girar a quien lo pisara. Si lo colocaba bien, en el punto donde Leilani tenía que pasar después de activar las flores, podría usar su propio patrón de movimiento contra ella.

Guardó ambos. Siguió leyendo.

Segunda vuelta: Leilani mantuvo las flores constantes, pero Rez empezó a encontrar el patrón. No era aleatorio: Leilani las activaba en tres puntos específicos del circuito, los mismos en cada vuelta, lo que significaba que había una lógica en su uso aunque tuviera libertad total.




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