Beach Buggy Racing: El Arco de las Islas Misteriosas

CAPÍTULO 12: CHOWDER BOWL

I.

Entre Sunshine Sprint y Chowder Bowl hubo tres días.

No era un descanso oficial de la Liga: era simplemente el intervalo que el calendario dejaba entre series, y cada corredor lo usaba según su criterio. Disco Jimmy pasó esos tres días en Fiesta Village, que era donde Disco Jimmy siempre estaba cuando podía elegir. Beach Bro apareció en el taller de mecánica de Buccaneer Bay el primer día y desapareció hacia alguno de sus hoteles el segundo. Oog-Oog volvió a Tiki Temple, que era donde Oog-Oog siempre volvía cuando nadie lo buscaba.

Rez usó los tres días para algo que había estado postergando desde que llegó a las islas: mejorar el buggy en serio.

No era opcional. El Técnico Fausto se lo había dicho con su estilo de pocas palabras y mucha información: los autos que no se mejoraban entre series perdían terreno no solo en velocidad sino en estabilidad, en respuesta, en capacidad de soportar los impactos de los power-ups más pesados de las series avanzadas. Chowder Bowl tenía pistas con condiciones que el Beach Buggy rojo en su estado actual podría manejar con dificultad.

—¿Cuánto necesito? —le preguntó Rez al Técnico Fausto, mirando el catálogo de mejoras en la pantalla del taller.

El Técnico Fausto señaló tres ítems sin dudarlo.

—Motor nivel tres —dijo—. Suspensión reforzada para terreno de combate. Y blindaje básico, que en Chowder Bowl con El Zipo de jefe de serie no es opcional.

—¿Por qué no es opcional?

—Porque las Contra las Cuerdas de El Zipo en la carrera final pueden voltear un auto sin blindaje básico con el triple del tiempo de retorno.

Rez miró el precio de las tres mejoras. Sumó mentalmente. Miró sus créditos acumulados.

Alcanzaba. Justo, pero alcanzaba.

—Todo —dijo.

El Técnico Fausto asintió con esa satisfacción contenida de quien ha dado un consejo correcto y lo ve seguido.

El Beach Buggy rojo pasó dos días completos en el taller. Cuando salió era externamente el mismo: rojo con rayos amarillos, compacto, con esa presencia que Rez había aprendido a reconocer como familiar desde el primer día en Bucoco Island. Pero cuando lo arrancó en el patio del taller y sintió el motor responder, era diferente de una manera que se sentía antes de escucharla.

Más rápido. Más firme. Más suyo.

El tercer día, el domingo antes de que empezara Chowder Bowl, Leilani organizó algo que nadie esperaba que Leilani organizara.

Una tarde de playa.

Lo anunció en el grupo de mensajes de los corredores con la misma voz directa y práctica con que anunciaba todo, sin adornos: Domingo. Playa sur de Buccaneer Bay. Cuatro de la tarde. Opcional pero recomendado.

Rez leyó el mensaje y no supo bien si recomendado de parte de Leilani significaba lo mismo que recomendado de parte de cualquier otra persona.

Decidió que probablemente no, y fue.

II.

La playa sur de Buccaneer Bay era diferente a la parte del pueblo: más tranquila, con menos casas cerca, la arena más suave y más profunda, y algunas rocas en el extremo sur que creaban pozas naturales donde el agua quedaba quieta y tibia. Era el tipo de playa que existe para estar, no para pasar por ella.

Cuando Rez llegó, ya había una fogata pequeña armada con leña que alguien había traído, y varios corredores distribuidos por la playa con esa dispersión natural de la gente que está en un lugar sin un programa específico.

Beach Bro estaba en el agua hasta las rodillas con los brazos cruzados y la cara al sol, completamente inmóvil, como una estatua feliz. Disco Jimmy tenía su parlante portátil en la arena con música de los ochenta a volumen razonable, que para Disco Jimmy era probablemente un esfuerzo considerable. El Zipo estaba sentado en una roca lejos del grupo, leyendo un cómic con una concentración total que lo hacía invisible para sí mismo. Roxie estaba cerca de la fogata con una bebida energética, hablando con B'Zorp sobre algo que desde lejos parecía intenso aunque en Roxie todo parecía intenso. Oog-Oog caminaba por la orilla con las manos detrás de la espalda mirando el agua como si el mar tuviera algo que decirle. Benny estaba sentado en la arena mirando el horizonte con la expresión habitual de su traje de conejito que no decía mucho sobre nada en particular.

Leilani estaba cerca de la fogata con una taza de café que había traído de algún lugar, sin tablet, sin teléfono visible, con esa postura de quien está en un lugar porque eligió estarlo.

Era la primera vez que Rez la veía sin la tablet.

Se acercó y se sentó en la arena a su lado.

—Organizaste esto —dijo.

—Alguien tenía que hacerlo —dijo Leilani.

—No es exactamente lo que uno espera de la coordinadora de la Liga.

—La coordinadora de la Liga también necesita que los corredores estén bien —dijo Leilani—. La gente que no descansa comete errores. Los errores en esta competencia tienen consecuencias.

—¿O sea que esto es estrategia?

Leilani lo miró de reojo.

—Tómalo como quieras —dijo.

Rez miró la playa. Beach Bro seguía inmóvil en el agua como la estatua más tranquila del mundo. El Zipo pasó una página de su cómic sin levantar la vista.

—¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto? —preguntó Rez—. Organizando cosas fuera de las carreras.

—Desde que llegué a la Liga —dijo Leilani—. La empresa no lo hace. Alguien tiene que hacerlo.

—¿Y a nadie le molesta que seas tú?

—A algunos sí —dijo Leilani con una naturalidad que sugería que eso no había cambiado su conducta en ningún sentido—. Pero los resultados hablan. Los corredores que descansan corren mejor. Los que nunca salen del modo competencia se quiebran antes.

Rez pensó en Disco Jimmy diciendo que llevaba temporadas sin ganar el campeonato final. Pensó en Beach Bro diciendo que ya no le obsesionaba ganar. Pensó en todos los que llevaban más tiempo que él y todavía estaban.




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