"Recuerdo que, cuando te conocí, había flores amarillas en septiembre. Se me hizo raro... No sabía que aquello era un recordatorio del mismo día donde tú y yo... terminaríamos así.
Seré la misma persona fuerte que me mostraste ser; pero fingir, para lograr notar mi alrededor, será ahora mi realidad. Esa es mi primera misión, es lo que enseñaste.
Atte: Tu alma gemela, quien te anhela."
—¿Prefieres los lirios? —preguntó él, ladeando la cabeza con una confusión que se le dibujaba claramente en el gesto—. Sigo pensando que las rosas azules son superiores, mucho más especiales... Anda, toma, son para ti.
—No es que no las quiera —respondió ella, suavizando la mirada para que sus palabras no se sintieran como un rechazo—; solo era una sugerencia por si tenías la intención de entregárselas a alguien más, a alguien que de verdad las estuviera esperando.
Él bajó la vista hacia el ramo que sostenía, acariciando con el pulgar la textura inusual de los pétalos, sumido en una duda repentina.
—¿Es porque crees que están pintadas? ¿Es por eso que te resistes a ellas? —insistió, buscando en los ojos de ella una respuesta que fuera más allá de lo evidente.
—Existen —susurró ella, y hubo algo en su tono de voz que sonó como una promesa antigua—; de verdad existen. Y al final del día, lo único que importa es eso: que son reales, que están aquí.
...
—¡Tachán! —exclamó él con una nota de alegría vibrante y juguetona en la voz, asomando apenas la cabeza por encima de la densa y fragante blancura de aquel enorme ramo de lirios que parecía pesarle en los brazos. Su mirada, cargada de una ternura que me hizo estremecer de una forma que no pude comprender, se encontró con la mía mientras una sonrisa sincera se dibujaba en sus labios—. Pues tienes razón, mi intención desde el principio siempre fue dárselos a alguien muy especial. Específicamente, quería entregárselos a la chica que...