Bebé demonio

Capítulo 1 Dos demonios

«En la vida hay muchas sorpresas, pero lo que llegó a mi vida y casa fueron dos sorpresas traídas del inframundo».

La vida es un carrusel de emociones, buenas o malas

La vida es un carrusel de emociones, buenas o malas. Al final, cada uno experimenta demasiadas cosas en el recorrido, y eso cambia a las personas constantemente.

Si analizo mi propio recorrido y veo mi yo actual...

¿Cuándo fue la última vez que socialicé y salí a divertirme?

En los últimos años, mi vida ha sido muy monótona, hasta el punto de ahora vivir más en el trabajo que en mi propia casa. Pero, para bien o para mal, eso ya es algo a lo que estoy acostumbrada. Una solterona de pocos amigos, que prefiere ver películas o leer libros en sus ratos libres en vez de salir.

Bueno, sé que no soy la única.

«No eres atractiva, eres aburrida».

Digamos que las altas expectativas de la sociedad y el golpe de realidad me convirtieron en esto. Pero, vamos, sean positivos, no es su vida. Y aún tengo la esperanza de que este fracaso no será eterno, tengo tan solo veinticinco años.

Cambiar mi rutina me ayudaría mucho. Sin embargo, esto último debí pensarlo mejor.

Me pregunto: ¿por qué abrí mi puerta en esta noche de lluvia? ¿Fue por el llanto de un bebé que escuché? ¿O por la voz desesperada de ese hombre detrás de mi puerta? Lo único que sé es que, al tomar la decisión de abrir mi puerta, fue suficiente para marcar mi propio futuro.

—Por favor, necesito ayuda, no tengo a dónde ir, y mi hijo no para de llorar... —Paró de hablar cuando un fuerte hedor llegó a mis fosas nasales. Poco después, aquel hombre no dudó en aclarar lo evidente—: Su pañal necesita ser cambiado.

Esta situación ya es bastante extraña por sí sola. En primer lugar, no conozco a este hombre. Y, para terminar, cuando por fin pude ver sus rostros con más claridad, el tierno bebé y su alto papá de repente tenían cuernos en sus cabezas, y el color del iris de sus ojos era rojo.

El perfecto escenario para una película de terror o una broma pesada.

No pude gesticular ni una palabra por el asombro, y el control de mi televisor se cayó de mi mano izquierda al quedarme tiesa por la impresión.

Yo... ¿Estoy soñando?

Recapitulemos todo, antes del impactante momento.

Mi situación actual es la de una persona que vive sola en una casa solitaria; tengo un trabajo con un sueldo moderado, no tengo novio, mis padres y hermano menor... sus almas están en el cielo, de eso estoy segura. Si vamos a hablar de mi apariencia, tampoco quiero expresar todas mis miserias. Ser secretaria no es malo, lo malo son los jefes prepotentes y con signos de andropausia que creen que una secretaria es una esclava. Lo único que me mantiene en pie es que aún no tengo más responsabilidades, como tener un hijo.

—Documentos desordenados y apilados. La computadora está a punto del colapso y el técnico no viene. Lo único bueno de este día es que es viernes —suspiré, recostando mi cabeza sobre el borde de mi mesa.

Sentí una sombra deslizarse hacia mí y, de pronto, alguien se arrodilló a mi lado. Giré la cabeza con asombro, solo para encontrar a mi compañero Ernesto en aquella posición.

—Lilian, te lo suplico, te lo imploro. ¿Puedes pegar las hojas sueltas y entregar este documento a nuestro jefe? —Un cúmulo de hojas apiladas en un folder estaba sostenido en sus manos—. Mi hijo tuvo una recaída de repente, y mi esposa me llamó desesperada. Necesito tu ayuda, por favor. Si le pido permiso, no me dejará ir...

Mi único amigo cercano en esta empresa es también un buen padre y de los pocos compañeros que me tratan bien. Conozco a su pequeño hijo y a su esposa, así que comprendía muy bien su mirada de preocupación.

—Tranquilo. —Palmeé su hombro izquierdo y le mostré una sonrisa llena de energía positiva—. Ve por tu hijo, yo me encargo.

Sus ojos se iluminaron alegres.

—¡Gracias, Lilian! ¡Eres un ángel! —Corrió por su maleta y salió de inmediato de la oficina.

Miré la ventana fijamente mientras el sol se ocultaba y solté un gran suspiro.

Todo saldrá bien. Solo me falta corregir cinco hojas de este documento. Además, no creo que llueva hoy, cuando hubo tan buen tiempo.

De repente, noté que la ventana poco a poco se humedecía, hasta finalmente percatarme de que era la lluvia quien hacía su majestuosa aparición.

Mi rostro abarcó la expresión de: ¿es en serio?

—No debí pensarlo... —Me acomodé en mi asiento y agarré con ambas manos mi computadora—. Compañero de trabajo, aguanta una hora más, sé que puedes hacerlo.

—Estás loca, créeme —la voz de una mujer conocida sonó del otro lado de mi escritorio.

El día no podía terminar sin que ella desquitara su frustración conmigo. Para mi mala suerte, aquella mujer tenía que pasar por este lugar para llegar al otro extremo y salir de la oficina.

—¿Sabes que las personas locas son más felices? —Mi boca bordeó una pequeña sonrisa antes de que volviera a mis asuntos.

—Ya lo creo, con lo aburrida que es tu vida —rió con sarcasmo—. Por Dios, por lo menos arregla tu cara de forma decente. Mira esas feas cicatrices en tu rostro que ni siquiera pueden ser cubiertas con maquillaje. ¿En serio eres una secretaria? Bueno... digamos que no vistes tan mal, algo bueno debías tener...

Suspiré y contesté de manera honesta:

—¿No crees que la lluvia de hoy es hermosa? No solo purifica el aire, también nuestra mente. Que tengas una bonita noche. —Alcé la mano derecha para despedirme de ella, viendo aún fija la pantalla de mi computador.




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