Mis pies ya se mojaban por las gotas de lluvia que chocaban contra el piso. Un pensamiento extremo pasó por mi mente, mientras algunas personas corrían para refugiarse de la lluvia, no sin antes verme como un bicho raro.
¿Y si todo fue un truco y en realidad es un ladrón que usó a un bebé como distractor?
No sé de dónde saqué tanta energía para correr a una velocidad extrema para mi corazón; ni siquiera, por una fracción de segundo, pensé con la cabeza fría en tomar un taxi primero para llegar más rápido a mi casa. Pero todos sabemos que en los momentos más críticos, toda racionalidad puede desaparecer en el ser humano.
Luego de meter la llave en la cerradura y abrirla, la puerta fue empujada de golpe. Con la respiración agitada y la mano izquierda apoyada en el marco de la puerta, solo intenté sostener mi cuerpo para no caerme.
—Ah, bi... bienvenida. —Aquel hombre me miró con cierta confusión, por mi aspecto desaliñado y agitado—. ¿Pasó algo malo?
—Sí... —Miré que en su mano derecha tenía un llavero mío en forma de oso, moviéndolo de un lado a otro para distraer a su hijo. Aquella escena extrañamente relajó mis nervios—. No...
Nunca había sentido tanta adrenalina en mi vida, excepto por aquel día.
¿Entonces, realmente no es un ladrón? ¿Todo es real?
Primero, lo primero.
Cerré la puerta y dejé a un lado el paraguas. De inmediato saqué el pañal y las toallas para el bebé.
—Traje todo lo necesario. Solo falta que el bebé no se incomode al cambiarlo. —Me incliné cerca de él—. Hola, pequeño —dije de forma suave, agitando mi mano algo nerviosa debido al aspecto que yo tenía. El pequeño me miró fijamente y, en respuesta, me dedicó una dulce sonrisa mientras alzaba sus pequeñas manos hacia mí.
Mi expresión se tornó sorprendida, sintiéndome conmovida por su reacción.
Este pequeño ángel no puede ser un demonio.
La voz calmada de aquel hombre me hizo percatarme también de su presencia:
—Estoy seguro de que no se incomodará si lo tocas. Yo... miraré atentamente. —Suspiró y me miró a los ojos—. Gracias por tomarte la molestia de hacer esto por mi hijo.
Mi rostro mostró conmoción por unos segundos.
Es muy educado. ¿Todos los demonios son tan educados como él? Algo está mal, no tiene sentido.
Calmé mi expresión de manera abrupta.
—¿Quieres aprender? —Señalé.
Él asintió decidido con la cabeza, como si fuera un obediente alumno.
Cuando lo observé mejor, de manera directa, noté con más claridad sus rasgos marcados de un atractivo hombre adulto: piel blanca, ojos grises y cabello negro. De perfil sereno, pero con una presencia enigmática.
La ropa que usaba era un conjunto extraño, de color negro con tintes rojo oscuro. No estaba segura de creer que era realmente un demonio, a pesar de que mis ojos lo habían presenciado... pero.
Toda la perspectiva del perfil de un demonio se acaba de ir al tacho. O, por lo menos, eso quiero creer.
Después de unos minutos, y recordando la forma de cambiar a un bebé, aquel hombre llamado Alterium me miraba casi maravillado por la facilidad con la que puse un pañal desechable; nada parecido al trapo que acababa de enrollar para botarlo.
Incluso la ropa del bebé tiene un estilo que parece sacado de otra época...
—Listo, bebé. —Aplaudí de manera suave, con un gesto alegre hacia el pequeño—. ¿Te sientes muy fresco y limpio, verdad?
En respuesta, sentí que el bebé tocó uno de mis dedos, como si afirmara mi pregunta. No pude evitar sonreír ante ese simple y tierno contacto.
—Cierto, ¿lograste entender...?
De pronto sentí un vacío detrás de mí. Al voltear, noté que Alterium ya no estaba a mi lado. Por un instante, mi cuerpo se enfrió más de lo que ya estaba y miré a todos lados con rapidez.
¿No estaba a mi lado hace cinco minutos?
Pero aún puedo sentir cierto rastro de él...
Justo cuando mil ideas cruzaban por mi mente, sentí que algo suave cubrió todo mi cuerpo. Sorprendida, de inmediato noté que era una manta.
La voz de aquel hombre sonó cerca de mi cabeza:
—Debes sentir frío después de mojarte con la lluvia, disculpa por asustarte.
Sentí un pequeño alivio y, al mismo tiempo, una extraña sensación al notar cómo apareció detrás de mí como un fantasma.
Traté de hablar con calma, como si nada hubiera ocurrido:
—Esto es... —Toqué la manta y la miré fijamente—. ¿Es de mi cuarto?
Él no tardó en responderme:
—La encontré en esa habitación. —Señaló mi cuarto, al fondo del pasadizo, y luego se acercó a mí—. Sé que la salud de los humanos es frágil; estar con la ropa mojada será malo para ti, te enfermarás si sigues así. —Tomó al bebé entre sus brazos—. Mi hijo y yo agradecemos tu ayuda. -Mostró una agradable sonrisa.
No supe exactamente qué responder, así que de mi boca solo salieron simples palabras:
—Ah... sí. No fue nada.
Fui de inmediato a mi cuarto a ponerme una pijama nueva y a secarme un poco el cabello. El paraguas no sirvió mucho cuando salí corriendo como una demente. Estuve tan relajada por unos minutos, que olvidé mi miedo inicial. Hasta que recordé mi realidad.
Hay un hombre de procedencia extraña en mi sala y yo soy una mujer solitaria. Pero tiene un bebé... ¡Eso no asegura nada! Cálmate.
No debería pensar tanto las cosas. Debo arreglar la situación como una humana civilizada. Además, ese hombre es muy educado, más educado que muchas personas que dicen ser humanos.
Salí de mi cuarto decidida a aclarar la situación en la que me encontraba. Así que, cuando mi boca fue más rápida que mi cerebro, solté la primera petición que se me ocurrió:
—Puedes... —Tragué saliva— ¿puedes convertirte en un demonio de nuevo?
Después de unos segundos incómodos, aquel hombre respondió mi pregunta:
—Por supuesto, solo espero que no te asustes. —Me miró preocupado.