Bebé demonio

Capítulo 4 El aprendizaje de un demonio

Al principio, cualquier persona podría parecerle reconfortante la vida que yo llevaba. Y que intercambiara aquella "tranquilidad" por hospedar a un demonio con un bebé en brazos. Suena trillado, bastante, si no se entiende el daño que me hago al estancarme en esa rutina. Si pedía algo de vida en mi día a día; tal vez mis súplicas fueron escuchadas de una manera muy acertada y radical, envolviéndome en una situación imposible.

Y si ahora me preguntaran: «¿Por qué los ayudo a pesar de todo?»

Ni yo misma lo entiendo completamente. Tal vez fue mi yo compasivo quien tomó la iniciativa al verlos tan desamparados. Pero, para calmar mi mente, lo tomé como si fueran inquilinos temporales. Y para ser sincera, aún estaba procesando esta situación en la que yo misma acepté involucrarme. Aunque no puedo negar que es un poco emocionante ver las reacciones de un demonio en su faceta de padre.

Con la casaca limpia y puesta de nuevo, Alterium notó lo importante que era tener una lavadora, y lo sería aún más para la pequeña ropa del pequeño Arthur. Poco después preparé el almuerzo con los pocos ingredientes que me quedaban en la refrigeradora. Algo sencillo, pero, luego de mucho tiempo, utilicé la olla mediana en lugar de la pequeña.
Mi alivio fue ver que ambos comieron lo que cociné sin ningún problema.

Ahora mismo miraba con mucha expectativa y esperanza a un papá demonio que se alistaba, por segunda vez, para cambiar el pañal de su hijo. Era una situación algo complicada, ya que no era solo orina lo que se encontraba en él.
La expresión de seriedad en su rostro demostraba cuánto contenía sus sentidos, intentando no dejarse vencer por el nerviosismo ni por el olor nada agradable que emitía el poderoso pañal del pequeño Arthur.

En ese momento, yo solo era una consejera.

—Bien, la clave está en ser rápido. No siempre los bebés te orinarán, pero no por eso se debe bajar la guardia. También es importante poner una manta debajo de él para no ensuciar el lugar donde lo cambias. —Juntando ambas manos, sonreí suplicante hacia el bebé, aunque no me entendiera en lo absoluto—. Pequeño Arthur, ayuda a tu papá, ¿sí?

La única respuesta que recibí de su hijo fue una gran sonrisa, como si se riera de mis gestos.

Bebé Arthur, lo voy a tomar como un sí.
Aunque creo que es tu padre quien más te suplica.

El proceso principal de quitar la parte superior del pañal, soportar el hedor y la desagradable visión, había mejorado.
Limpiar con un papel suave la parte sucia, enrollar el pañal sin quitarlo, hasta que el paño húmedo lo dejara limpio por completo de adelante hacia atrás. Y, finalmente, retirar por completo el pañal.

¡Lo completó de forma exitosa!

Con el pañal limpio listo para ser usado a un lado de él, Alterium se sintió aliviado por un momento; lo noté tragar saliva y suspirar, orgulloso de haber progresado en tan poco tiempo.
Pero la distracción podía ser un factor crucial.

Así que hablé de inmediato para hacerlo reaccionar:

—¡No te demores en ponerle el pañal!

Alterium levantó de inmediato los pies del pequeño Arthur con suavidad y metió la parte inferior del pañal debajo de él, para luego unirla con la parte superior, pegando con cuidado las dos alitas. En ese instante, su nivel de concentración era de admirar; incluso yo me sentía nerviosa, tanto como la primera vez que le cambié el pañal a mi hermano menor.

—Muy bien, solo debes asegurarte de que el pañal quede acomodado en sus muslos; después le pondrás su pantalón. —Alterium completó esta última indicación, y di mi veredicto final—. Y ya está. ¡Buen trabajo!

El cuerpo y la expresión de Alterium se relajaron, volteando hacia mí con una mirada satisfecha.

Mi mano derecha se paralizó en el aire, impulsada por las ganas de darle una chocada de palmas para felicitarlo. Noté incluso que su hijo me observaba fijamente, así que llevé la mano a mi frente y disimulé acomodar mis cabellos sueltos.

¿Qué estoy haciendo? Lilian, no te emociones de más.
Aún conservo este reflejo que tenía con mi madre cuando trabajábamos juntas… pero él no es ella. No puedes mostrar demasiada confianza a un desconocido.

Respiré profundo y modulé mi voz:

—Créeme que lo has hecho bien. A muchos les cuesta cuando son primerizos, pero en poco tiempo lo dominarás.

Alterium dirigió su mirada hacia su hijo y habló en un tono nostálgico:

—No había sentido esta adrenalina, que no fuera en el campo de batalla.

Mi mirada también se dirigió hacia el pequeño Arthur, y le mostré una suave sonrisa. En conjunto con mis palabras que solo fluyeron tratando de darle ánimos:

—Entonces, tu pequeño hijo es por quien valdrá la pena luchar en este nuevo campo de batalla.

Alterium sonrió y afirmó con la cabeza, dirigiendo su rostro hacia mí. El reflejo de mi rostro se plasmó en sus ojos grises.

—Lo es —respondió.

Por un instante sentí mucha profundidad en su mirada. Luego tomó a su hijo y lo cargó, acariciando su pequeña cabeza con una expresión apacible.

—Hijo, buen trabajo. Me ayudaste mucho.

Expresé satisfacción con mi mirada al oír sus palabras. El ambiente paternal era muy conmovedor.

Nunca pensé que un demonio podría querer tanto a su hijo.

Di dos pasos adelante y me acerqué al bebé.

—De seguro que tu hijo es alguien afortunado. Gracias también, pequeño Arthur. —El bebé me miró fijamente y metió su mano en la boca, achinando los ojos al reírse.

¿Cómo un bebé demonio puede ser tan adorable?
Ambos son colaboradores y tranquilos… es una verdadera sorpresa.

Despejé mis pensamientos y enderecé mi postura. Esta vez miré a ambos.

—Por cierto, me faltó aclarar algo. El primer piso es el espacio que yo uso. Así que no se puede entrar en mi cuarto, ni en mi baño. —Su mirada se tornó incómoda, recordando aquella vez que entró sin permiso a mi habitación—. La cocina y la sala sí están disponibles, y el televisor también puede usarse. Solo te pido que no dañes ese altar que está en la esquina. Es el altar de mi familia.




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