Bebé demonio

Capítulo 6 Elevar la confianza

Dentro del auto, el quejido del pequeño Arthur se oyó desde el interior de la manta que lo cubría. Había despertado después de una larga siesta, y justo a tiempo, ya que estábamos por llegar a casa. Pagué el taxi y ambos corrimos a preparar su biberón. El bebé sollozaba por hambre, un fuerte sonido cuya razón me fue fácil reconocer esta vez. Así que, batiendo mi propio récord, preparé su biberón en poco tiempo. Con el pequeño Arthur más tranquilo, por fin ambos pudimos suspirar con alivio.

Y aproveché ese momento para dirigirme hacia Alterium de forma apropiada:

—Fui muy descuidada al no alistar su biberón al salir, que solo su pañal... —sonreí nerviosa—. Es bueno que durmió bastante bien.

Alterium no tardó en contestar:

—Duerme largas horas, no te preocupes por eso. —Me miró sereno, mientras sostenía al bebé en sus brazos—. La próxima vez, yo prepararé su biberón. Tengo que acostumbrarme a hacerlo.

Dando un respiro, me apresuré en hablar:

—Yo te ayudaré. Lo llevaremos en un envase especial mañana, para que no se enfríe.

Luego de que Alterium asintiera, al ser mi petición acertada, hubo un corto silencio. Pero me atreví a expresar lo que quería decir en un principio:

—Por cierto, ¿te sientes mejor ahora? Sé que tú fuiste quien detuvo ese auto, y me explicaste al principio que debías recuperar tu vitalidad para regresar, fue por mi imprudencia que lo desperdiciaste. Lo siento por eso, y gracias. Si no fuera por ti, dudo que seguiría en buenas condiciones.

Alterium estiró su mano derecha hacia mi dirección, mientras el bebé aún sostenía su casi vacío biberón.
Un fuego de color azul y pequeño iluminó su mano; no pude apartar la vista de ese peculiar suceso.

—Esta es mi vitalidad, no gasté demasiado. En cuatro meses será suficiente para que se eleve y alcance su punto máximo. —Bajó su mirada hacia mis ojos, cerrando su mano en un puño—. Así que no te culpes, fue mi decisión ayudarte.

Sus palabras sinceras calmaron mis nervios al instante. Aunque sabía que aquella acción había retrasado su objetivo principal, sus palabras lograron disminuir mi culpa.

—Entiendo, pero... igual te devolveré el favor de alguna forma.

Alterium me miró por un momento y luego suspiró, asintiendo con una breve sonrisa.

—Si eso deseas, está bien. Aunque no quiero que lo veas como una obligación. Para mí, el favor ya ha sido devuelto.

Miré mis manos por unos segundos, sin saber cómo responder.
Sin embargo, cuando el pequeño Arthur terminó de tomar su leche, señalé hacia su dirección para que me dejara cargarlo un momento y así aliviar la pesadez de su estómago.
Siendo mi petición escuchada, palmeé su espalda con mucha suavidad, mientras su pequeña cabeza se recostaba sobre mi hombro. Un suave eructo sonó, y sentí el cuerpo del bebé relajarse.

Alterium me observó fijamente mientras yo aún sostenía de esa forma tan cercana al pequeño Arthur, por lo que me puse un poco nerviosa al notarlo.
Sin dudarlo, hablé de inmediato para cambiar el ambiente tan abrumador que sentía:

—Siempre haz esto después de que tome su leche. Los bebés se llenan de gases y puede provocarles dolor en el estómago si no se alivia primero con unas suaves palmaditas en la espalda. Aunque las primeras veces el pequeño Arthur eructó solo, sin necesidad de hacerlo, es mejor prevenir.

Al captarlo, Alterium afirmó con el rostro.

—Lo haré. De hecho, vi a las sirvientas que lo cuidaban hacer esto. Nunca me atreví a preguntar, ya que creí que era algo usual. Además, no quise interrumpir su trabajo. —Se mostró pensativo—. Ahora entiendo el porqué lo hacían.

Con su respuesta, no pude evitar analizar su comportamiento hasta ahora.

Parece que puede tener una actitud reservada y cordial con las personas cercanas a él, incluso si son sirvientas. Sí que es un demonio singular para el rango que ocupa.

Aunque también puede enojarse por su hijo... Si no lo hubiera visto hoy, seguiría creyendo que es solo un demonio con un semblante amable. Me sorprende que no ocultara esa parte suya, como si quisiera que lo notara.

Sin embargo, tiene algo de sentido... Es más que claro que jamás debo dañar, ni por un descuido, al pequeño Arthur.
Incluso si mi intuición es buena, no debo bajar totalmente la guardia.

Mi expresión se notó tensa por un momento, imaginando escenarios posibles si algo así llegara a suceder.

—¿Lilian?

—¿Sí? —reaccioné de inmediato.

Su rostro se mostraba intranquilo, viéndome algo confundido, hasta que soltó una pequeña sonrisa para mi sorpresa.

—Parece que te perdiste en tus pensamientos.

—¿Eh? Ah... sucede a veces... —Sonreí de igual forma para disminuir la vergüenza. Incluso el pequeño Arthur me miraba confundido.

Negar el parecido de ambos sería un delito.

Al sentir el pañal húmedo del bebé, le indiqué a Alterium que lo cargara por un momento, y de inmediato fui hacia donde estaba mi bolso.

—Ahora tenemos que volver a cambiar su pañal.

Agarré un pañal y un paño húmedo, luego volteé hacia él. Alterium se mostró tenso por unos segundos, pero después asintió con convicción.

—Lo haré de nuevo.

Su determinación hizo que me sintiera emocionada por el avance de su aprendizaje, así que no dudé en sonreír por dentro al sentirme afortunada de presenciar algo tan particular.

Creo que puedo acostumbrarme a ver esto seguido.

Luego de que Alterium lograra cambiar su pañal, cociné una cena ligera y papilla para su hijo. No eran quisquillosos con la comida, así que estaba más que satisfecha. Antes de irnos a dormir, acordamos que mañana también iríamos de compras, después de recibir el dinero por la joya, para que así ambos tuvieran lo necesario durante varios días. Era probable que aquello nos tomara toda la mañana, así que tomé mis propias precauciones.

Al tocar la puerta de su habitación, esperé a que la abriera en un par de minutos para entregarle dos prendas útiles. Pero Alterium no tardó en abrir la puerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.