Bebé demonio

Capitulo 8 Día de compras

Entre el bullicio de la gente y los murmullos de algunos, era increíble el nivel de atención que recibían el pequeño Arthur y Alterium en ese momento, aún más que en la calle. Esto también se debía a la peculiar vestimenta de Alterium, además de su atractivo rostro humano.
Era tanta la incomodidad de ambos, que la reacción del pequeño Arthur fue esconder su rostro en el pecho de su papá, y debido a esto, Alterium ya mostraba una expresión inquieta al ver a su hijo en ese estado.

—Destaco demasiado... La curiosidad humana es abrumadora —murmuró en un tono serio.

Antes de que el ambiente se tornara peor, le indiqué de inmediato con mi mano derecha:

—Caminemos rápido, será mejor ir a otro lugar menos transitado.

Mientras ideaba qué hacer, ya que era su llamativo conjunto de ropa lo que más destacaba, nuestra primera parada fueron las tiendas de ropa masculina. Tal vez quien más disfrutó la situación al medir el cuerpo de Alterium fue la propia señora que nos atendió, ya que no sabíamos con exactitud su talla en ropa humana. Así que, sin importar mucho el diseño, casi todos los conjuntos le quedaron muy bien. Claro que también le escogí algunos de ellos, y esto se repitió en dos tiendas más.

Para finalizar esta primera parada, lo siguiente fue encontrar un buso para él. No solo porque pasaría más desapercibido si lo usaba, también sería cómodo para Alterium hacer las demás compras vestido de esa forma.

—¿Te parece uno azul con rayas negras? —indiqué con mi mano.

—Tu sentido del gusto es bueno, estaré satisfecho con cualquier elección tuya —contestó mirándome a los ojos.

Parece que me está dejando escoger porque está indeciso sobre cuál opción elegir.

—Si tienes un gusto particular, escoge el que quieras. Solo elegí este porque me pediste ayuda, igual me alegra saber que estás conforme con mi estilo.

—Entonces aceptaré el que escogiste, también me gusta.

Ante la mirada satisfecha de Alterium, el pequeño Arthur también palmeó contento el buso que estaba colgado.

—Señora, su esposo es un hombre muy considerado. Se parece a mi esposo cuando era joven —mencionó de forma repentina la dueña de la tienda de ropa, volteando a ver a su pareja, quien era el que la ayudaba.

—No me sonrojes, querida —contestó el hombre mayor, algo nervioso.

He oído esto tanto, que ya ni sé cómo negarlo...

Suspiré y traté de explicar la situación, pero Alterium no dudó en hablar primero:

—Siendo ella una familiar cercana, ¿no es adecuado este tipo de comportamiento?

Al mostrar alivio en mi mirada, la dueña solo contestó de forma nerviosa al equivocarse:

—Entonces era solo una familiar. Discúlpenme, pero eso no le quita lo considerado y guapo que es. Su hijo también es un bebé encantador.

—Gracias por el cumplido. —Sonrió por su halago.

—Ahora mismo le envuelvo el buso —respondió encantada.

Al verlo fijamente, en ese momento noté cuánto él trataba de integrarse de forma natural con las personas de su entorno. Era como ver a un ser humano y no a un demonio. No estaba segura de cuáles eran sus pensamientos, pero me tranquilizaba verlo más cómodo.

Sin embargo, su expresión cambió a preocupación cuando los ojos del pequeño Arthur comenzaron a cristalizarse, a punto de llorar. Y no tardé en mostrar la misma expresión.

No puede ser, acaso...

El fuerte llanto del pequeño Arthur nos sorprendió a todos.
Pero al haberlo oído llorar varias veces, casi por instinto logré saber qué había pasado.

Definitivamente es... su pañal.

—Señora, pagaré ahora mismo el buso. ¿Hay algún baño cercano aquí? —expresé agitada.

Mientras el pago era realizado con mi tarjeta de crédito, la mujer mayor no dudó en guiarme de forma rápida:

—Solo vayan recto por el pasillo y encontrarán un baño disponible.

—¡Gracias!

—Gracias. —Asintió Alterium.

Cuando giramos para irnos con las bolsas de compras, la mujer adulta gritó sin dudarlo:

—¡No olviden regresar, serán bienvenidos siempre!

Nosotros solo le devolvimos la sonrisa por cortesía, para luego irnos tan rápido como pudimos, por lo que perdí el aliento en el trayecto. El pequeño Arthur me miró sobre el hombro de su papá, con una expresión llorosa y sorprendida al ver el raro gesto que hacía al correr.

Esto me pasa por no hacer tanto ejercicio… solo cuando limpio la casa. Por lo menos logré calmar al bebé.

Cuando llegamos a los baños, de inmediato me dirigí hacia Alterium, tomando un bocado de aire para aliviar mi cansancio.

—Yo lo cambiaré en el baño de mujeres. Tú puedes cambiarte de ropa en el baño de hombres, creo que comprendes la situación de los baños. —Señalé con mi dedo índice.

Alterium vio los dos carteles distintos que daban a entender que estaban separados por géneros.

—Está bien, gracias, Lilian.

Asentí al mismo tiempo que él, por lo que fue cuestión de pocos minutos para que el momento de emergencia que vivimos terminara. Ahora el pequeño Arthur estaba limpio y contento, y Alterium por fin tenía una expresión de absoluta comodidad, debido a que se había puesto el buso azul.

—Tal como pensé, te queda perfecto —expresé satisfecha.

—Es tal como lo describiste, una ropa muy cómoda. —Bajó su mirada hacia mí—. Ahora sí parezco humano, ¿verdad?

Respondí aquello asintiendo con la cabeza con mucha firmeza. El pequeño Arthur, de repente, comenzó a balbucear, mirando de forma curiosa a su papá. Tal vez era la primera vez que lo veía usar un color tan llamativo de ropa. De manera cuidadosa, dirigí a su hijo hacia los brazos de su padre, pero para mi sorpresa y la de Alterium, el pequeño Arthur quiso quedarse conmigo un poco más y se aferró a mí. Por lo que Alterium me indicó con un gesto de aprobación que no había problema si lo seguía cargando, mientras él sostenía y llevaba todas las bolsas.

Poco después caminamos de regreso por donde habíamos entrado. Primero nos dirigimos a que Alterium comprara algo de ropa interior para hombres. Por supuesto que esta vez no me pidió que escogiera por él; creo que era consciente de que aquello era demasiado personal como para pedirme ayuda, siendo el encargado de la tienda quien lo guio esta vez.




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