Bebé demonio

Capítulo 7 Un intercambio exitoso

Llegar a la joyería esta vez fue un suceso tranquilo; tan normal que recibimos una cordial bienvenida en vez de una mirada de recelo.
Para nuestro alivio, incluso el pequeño Arthur sonreía al ver tantas joyas brillantes y peculiares expuestas. La curiosidad de un bebé de siete meses se despertaba en esa etapa, aún más su interacción con el entorno.

Al verlo mostrarse animado, una especie de ternura y preocupación invadió mi mente.

Es bueno haber buscado información extra en internet. Mi experiencia personal ya estaba pasando factura, así como mi memoria. Si incluso me pagarán, ¡hay que hacer las cosas bien!

Mi único inconveniente es... no tener información adicional sobre los cuidados de un bebé demonio. Pequeño Arthur, confiaré en ti y en la intuición de tu papá.

—Por lo de ayer... lo siento por mi comportamiento grosero, a ambos. No volverá a pasar.

Una disculpa inmediata fue dada de manera repentina por la joven mujer. Tal vez el regaño de su abuelo fue lo que la llevó a pronunciar esas palabras tan desesperadas. Y no había motivo alguno para guardarle rencor; solo se debía aclarar una situación que no debía repetirse. No solo por mí, sino también por los futuros clientes.

—Gracias por disculparte con nosotros —dijo Alterium, asintiendo también en respuesta—. El buen ambiente en el negocio de tu abuelo es una de sus principales características. Me da gusto que sigas sus consejos.

Un breve silencio permaneció en ella.

—Sí... —su voz se escuchó en un murmullo, hasta que alzó la mirada con una postura recta—. Él llegará pronto. Pueden sentarse a esperarlo; aquí tengo dos asientos pequeños. Como verán, recién hemos abierto, así que será una corta espera. Mi abuelo vive cerca.

Con una voz calmada, Alterium respondió de inmediato:

—Te lo agradezco, pero esperaré de pie. Mi hijo está curioso por ver más de cerca las joyas. —Los ojos de la joven mujer se quedaron fijos en el pequeño Arthur, inquieta por su enérgica reacción de curiosidad. Por lo que Alterium agregó—: Señorita, seremos cuidadosos.

Incluso si sus palabras sonaban suaves, el aire de magnificencia era algo que no podía esconder, aun con su apariencia humana. Y podría ser algo abrumador para alguien que apenas lo conoce.

—No... no hay problema. Pueden apreciar las joyas —respondió algo nerviosa, por lo contundente de su respuesta.

Aligerando un poco el ambiente, también hablé en respuesta:

—Yo, de igual manera, esperaré parada. Seguramente ahí adentro estaremos sentados por un largo tiempo, así que te lo agradecemos de todas formas.

—Bueno, está bien. Llamaré a mi abuelo para avisarle sobre ustedes. —Indicó con la mano antes de retirarse hacia su lugar de atención—. Si me disculpan.

—Claro. —Asentí.

Dando un suspiro, tanto Alterium como su hijo recorrieron los estantes de joyas por unos minutos, hasta que noté al pequeño Arthur fijar su atención en uno en particular.

—¿Te gusta? —Señalé.

—Da, da —balbuceó sonriendo, alzando su pequeña mano hacia la dirección de las joyas.

No estaba segura de qué gesto hice en ese momento, pero probablemente fue una expresión de sorpresa al escuchar al pequeño Arthur responderme con balbuceos, cuando solo esperaba ver sus reacciones usuales. De alguna forma me sentí contenta… era como sentirlo un poco más cercano a mí.

—Normalmente no contesta de esta forma seguido —aclaró Alterium.

—Creo que está emocionado por ver tantas joyas de aspecto llamativo y curioso —contesté.

¿Tal vez veía algo parecido en su lugar de origen y por eso le da curiosidad su semejanza?

—Al parecer le gustan las cosas brillantes, es como buscar luz en la oscuridad. —Sus ojos grises se dirigieron hacia el anillo con una gema incrustada de un peculiar color marrón claro, el mismo que había llamado la atención al pequeño Arthur al principio. Poco después, una sonrisa melancólica bordeó sus labios—. Los demonios también pueden ser atraídos por preciosas gemas que emanan una luz natural, aun dentro de su propia oscuridad.

Mirándolo fijamente, por breves segundos sentí que sus palabras tenían un significado mucho más profundo del que aparentaban. Pero no dije más, así que solo seguí su comentario con normalidad:

—Si el Inframundo es en verdad un lugar tan oscuro, no dudo que sea así. Aunque... es una lástima que mi casa no esté hecha de cosas brillantes. Pero eso no quiere decir que no podamos conseguir objetos luminosos para adornar el cuarto de Arthur; es decir, de ambos.

Alterium rió de forma breve.

—Tienes razón, el Inframundo es un lugar muy oscuro. Pero mi hijo estará bien, incluso con adornos y juguetes sin mucho brillo.

El pequeño Arthur, de repente, estiró sus pequeñas manos hacia mi rostro, sorprendiéndome por su toque inesperado. Con una sonrisa tierna, palmeó suavemente mis mejillas.

Mirándome a los ojos, Alterium agregó:

—Y parece que ha encontrado a alguien que emana una luz aún más atrayente que esas joyas.

Conmovida, estiré con cuidado mi mano derecha hacia el regordete cachete del pequeño Arthur, mientras un leve rubor se formaba en mis mejillas.

—Pequeño Arthur, tienes un gusto muy peculiar. —Reí por un momento antes de sonreír.

—Qué agradable escena.

Al escuchar la voz de un hombre mayor, de inmediato comprendimos que había llegado la persona a quien esperábamos.

El dueño me miró a los ojos y luego observó al pequeño Arthur.

—Discúlpenme. —Tosió un poco, acercando su mano derecha a la boca—. Solo pensé por un momento que parecían una bonita familia y lo dije en voz alta. Lo siento por mi impertinencia, supongo que es porque son familiares.

Sentí en mi cabeza un leve pinchazo de consciencia luego de escuchar su afirmación.

Si supiera que apenas nos conocemos hace dos días...

—No..., no hay problema —respondí de inmediato, mirando de reojo la reacción de Alterium.




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