Siendo una mañana soleada, estiré mi cuerpo después de desayunar con Alterium y el pequeño Arthur. Al acercarme al calendario que tenía en la pared de la sala, una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro al ver la fecha de hoy.
—Por fin es sábado. Es tan reconfortante cuando llega este día de la semana.
Cuando terminé de hablar, mi memoria recordó de repente a mi yo de hace algunos días, que creyó que tendría la misma rutina por mucho tiempo más.
Mis pasatiempos usuales de leer libros y mirar películas se han reducido drásticamente, pero estuve ocupada en algo más importante. Lo podré hacer más adelante.
Sin embargo, en su defecto, también podría mostrarles esa parte de mi vida.
Al observarlo fijamente de una manera extraña, Alterium me miró con una expresión confundida, así que no dudó en hablarme:
—Ya pasó una semana. El tiempo no perdona, incluso en este mundo.
Aquellas palabras me tomaron por sorpresa, pero le respondí con una expresión genuina:
—Sí, el tiempo es algo aterrador a veces. Sin embargo, he tenido una cena casera y deliciosa todos estos días. Estoy tan agradecida, hasta el punto de estar avergonzada.
—Lo hice porque quería ayudarte. No hay nada de qué estar avergonzada.
—Definitivamente puedo notar que eres un hombre considerado —respondí sin titubear.
Aunque solo habían pasado pocos días desde que nos conocimos, mi timidez al expresar mis pensamientos hacia Alterium había disminuido de alguna manera, debido a la confianza que ahora sentía al estar cerca de él y su pequeño hijo. Sin embargo, aquello fue repentino, incluso para el rey del inframundo.
—¿En serio? Me alegra ser un poco más cercano a ti. Ahora sé qué es lo que piensas de mí. —Me miró a los ojos con un gesto amistoso.
Siendo en ese instante consciente de mis palabras, también sonreí para no mostrar mi nerviosismo. Así que respondí de inmediato:
—Es un cumplido acertado.
—¡Baba! ¡Dada! —balbuceó el pequeño Arthur desde los brazos de su papá, sintiendo un poco de alivio al ser oportuna su intervención.
—El pequeño Arthur también está feliz por ser fin de semana. ¿Verdad, pequeño?
En respuesta, el principe me mostró una expresión feliz.
—Después de todos estos días, por fin te ve temprano y esta vez no te has ido. Así que él está realmente feliz —mencionó Alterium de forma sincera, sintiendo un pinchazo de consciencia—. Aún es un bebé, luego comprenderá que no te podrá ver seguido.
Con una mirada apacible, me acerqué de forma cuidadosa hacia su hijo.
—Lo siento, pequeño. Pero este fin de semana estaré en casa.
Alterium me habló de repente:
—Por cierto, hay algo que mi hijo ha estado practicando en estos días.
—¿En serio? Ahora tengo mucha curiosidad de saber qué es.
Cuidadosamente, bajó a su hijo sobre la alfombra que cubría parte de la sala, permitiendo así que el pequeño Arthur pudiera gatear. Después de unos segundos de duda, logró hacerlo con mucha determinación, incluso si sus frágiles extremidades temblaban un poco. Al ver su logro, mostré emoción en mi rostro; era una sensación tan especial que no podía explicarla en simples palabras, pero sí en acciones. Por lo que, de inmediato, me arrodillé sobre el piso para poder sostenerlo, ya que él iba hacia mi dirección.
—Pequeño Arthur, no pares de gatear.
¡Yo te sostendré! —Cuando vi que intentaba levantarse, lo abracé en el aire y él cayó sobre mí—. Te... te atrapé.
Mi corazón se paralizó por un momento debido al susto, y no dudé en hablar con rapidez, alzando mi cabeza hacia Alterium:
—Está bien, completamente bien.
La mirada de aquel hombre era serena, como si hubiera previsto que aquello sucedería.
—No te preocupes, aprenderá a caminar cayendo unas cuantas veces más. Además, él confiaba en que lo sostendrías; de seguro por eso trató de pararse sin miedo.
Aquellas palabras distorsionaron un poco la imagen que tenía sobre Alterium en estos días.
Esto es repentino, pero tiene razón: no es bueno ser muy sobreprotectora cuando se quiere que un bebé se desarrolle rápido.
Ni siquiera quiero pensar en qué condición un bebé demonio crece en el Inframundo.
Sin embargo, el trato que le da Alterium a su hijo va más allá de un lazo de sangre.
Es el sentimiento de proteger y confiar en lo único que te queda en esta vida.
Con cuidado, me levanté del piso sosteniendo al pequeño Arthur. Mi voz sonó calmada cuando me dirigí hacia Alterium:
—El pequeño Arthur es un bebé enérgico y listo. Estoy segura de que podrá caminar en poco tiempo.
Alterium asintió con buen ánimo a mi respuesta y miró con cariño a su hijo.
Después de aquella situación, el pequeño Arthur intentó gatear unas cuantas veces más, hasta que finalmente llegó la tarde. Luego de almorzar, su hijo se sumergió en un profundo sueño sobre el mueble de mi sala.
Cuando el sol disminuyó su brillo, los fragmentos de luz restantes aún se reflejaban sobre los objetos que adornaban el altar de mi familia.
Y, de forma tan misteriosa, la figura de Alterium miraba hacia una sola dirección; la fotografía enmarcada de mi familia.
—Esta joven mujer es... —pronunció de forma repentina.
Mi voz trató de sonar calmada y completó su frase:
—¿Es una mujer alegre, verdad? Llena de vida, sin muchas preocupaciones, amada por su familia y sus amigos.
—Esa mujer... ¿eres tú, no es así?
Tras un breve silencio, yo solo asentí, acercándome hacia su costado.
Mis palabras esta vez fueron directas:
—Sé que has notado la mirada de lástima de las personas que me ven. Es un contraste abrumador con mi yo del pasado, cuando en ese tiempo lo único que recibía eran halagos porque me veían ser "perfecta". Una perfección que nunca existió en mí.
Solo hay una persona valiosa en este mundo que conoce mis más profundas heridas, y no creí expresar esto con alguien más. Pero, de forma imprevista, no me detuve en hablar: