Bebé demonio

Capítulo 12 Un envío especial

Desde aquel día en el que mi pasado y mis pensamientos fueron expuestos por voluntad propia, al igual que los de Alterium, la convivencia entre los tres fue más tranquila de lo usual.
No es que ambos tuviéramos la cercanía suficiente de dos personas que se conocen por mucho tiempo; solo que convivir con alguien sin saber sus verdaderas intenciones puede ser abrumador cuanto más días pasen. Por lo que esa sensación angustiante que me mantenía alerta todo el tiempo disminuyó en gran medida al escuchar su historia. Y no creo que sea diferente para él.

Incluso si todavía desconocemos mucho sobre ambos y ocultamos aún muchas cosas sobre nosotros, lo necesario fue revelado, y es suficiente para llegar a ese punto de equilibrio y confianza.

Como el saber que Alterium no se atrevería a dañarme.

Sin embargo, sé perfectamente que nada es eterno. Y hasta que la estadía de ambos llegue a su fin, muchas cosas pueden suceder, y yo debo estar preparada para enfrentarlas.
Pero por el momento, estoy dispuesta a disfrutar de esta efímera tranquilidad.
Es por ello que estas dos semanas de convivencia son algo que está fluyendo con naturalidad.

Alterium siguió cocinando para su hijo y también para mí, siendo la calidad de sus platillos algo que mejoraba con el tiempo. Era algo que él disfrutaba hacer, como si hubiera descubierto un pasatiempo agradable en el que podía relajarse.

El pequeño Arthur, cada día, era más hábil, y yo me ofrecí a potenciar su desarrollo psicomotriz con juegos aptos para los bebés de su edad cada vez que llegaba de trabajar.
Incluso le comenzaron a gustar las canciones infantiles que reproducía en mi televisor, y animé a su papá a que también cantara para él.
Esa fue la primera vez que vi a Alterium reaccionar un poco avergonzado al actuar de esa manera. Pero no se quejó en lo absoluto; solo siguió haciéndolo, ya que su hijo sonreía al verlo animado.

Y si debo destacar algo significativo que hizo Alterium por mí, fue frenar las malas habladurías de algunas vecinas de alrededor al aclarar, en una pequeña mentira, que él solo era un familiar mío. Ya era demasiado repentino que mi casa estuviera más animada que antes de la noche a la mañana, al no ser recurrente que estuviera iluminada incluso de noche.

De esta forma, otra vez era un domingo.
Siendo ya de noche, había preparado un queque de manzana para nuestra cena, y un puré especial para el pequeño Arthur, una comida que disfrutó con una expresión tierna y alegre.

Al ver por tanto tiempo las interacciones de Alterium con su alrededor, para comenzar un tema de conversación me animé a preguntarle algo puntual:

—Una vez me mencionaste que ustedes saben de nosotros. ¿Es tan necesario saber de los humanos?

Alterium pasó su bocado del postre y no tardó en responderme:

—Los humanos son nuestra fuente de vida. Para ser más exactos, la vitalidad de sus almas lo es.

Mi cuerpo se congeló por un momento al oír aquella información.

—¿Nosotros somos… —mi voz se atascó en mi boca de forma nerviosa— comida para ustedes?

Alterium negó con la cabeza.

—No, es similar al aire que respiras.
Ustedes son nuestra fuente de vitalidad. Las almas que llegan al Inframundo… parte de su vitalidad se queda ahí. —Volteó su mirada hacia mí—.
Ellos al final pasarán por el umbral de la reencarnación, si primero pasan el juicio de los siete infiernos.

No puede ser, mi familia… ellos.

Apreté mi boca y me apresuré en preguntar:

—Ese juicio, si no pasan, ¿qué les sucederá?

Alterium se tomó un tiempo para contestar, pero respondió sin ocultarme nada:

—Se quedarán atrapados para siempre en el infierno que les corresponde. No reencarnarán, incluso pueden llegar a desaparecer por completo.

Desvié mi mirada de él, sintiendo que había oído una gran revelación.
Mi boca tembló un poco, conteniendo mis emociones.

Mis padres y mi hermano… ¿van a tener que pasar por todo eso?

¿No hay tranquilidad para ellos, aun después de la muerte?

Seguí hablando con un poco de dificultad:

—Eso quiere decir que, estando vivos, nosotros no les servimos como fuente de vitalidad, ¿no es así? ¿Pero qué pasa si vienen demonios a matar humanos y toman su vitalidad a la fuerza? —mencioné preocupada.

Con una postura recta, su explicación fue directa:

—Eso ocasionaría un desequilibrio en el Inframundo. Si no llegan muchas almas ahí, nuestra fuente de vitalidad disminuirá. El alma humana nunca se destruye, solo se toma una pequeña parte de ella. —Su mirada mostró seriedad, reflejando su figura autoritaria—. En el Inframundo también hay leyes, y haré que las cumplan mientras yo sea su rey.

Al oír aquello, solo contesté ante su afirmación:

—Estoy segura de que el Inframundo estará en buenas manos, mientras tú seas su rey.

Alterium sonrió un poco.

—Agradezco tu sinceridad, pero es mi deber, desde que decidí tomar el poder de controlar el Inframundo.

Mis manos temblaron de repente al avivar el recuerdo de mi familia. Sentí que mi ansiedad cubría todos mis sentidos. Escuchar que ellos se enfrentarían a tal situación aun después de la muerte, hizo que mi corazón se contrajera de tristeza y desesperación.

—Lilian —pronunció mi nombre con una voz suave—. Tienes a tu familia en ese lugar, entiendo tu preocupación. Al ver cómo cuidas su altar, puedo notar lo mucho que significan para ti.

La compostura que había mantenido todo este tiempo pareció desvanecerse cuando le mostré mi rostro lleno de angustia.

Mirándolo a los ojos, de forma desesperada, hablé sin contenerme:

—Ellos no merecen pasar por todo eso. Ya es suficiente la muerte atroz que experimentaron en ese accidente de tránsito. ¿Por qué deben sentir más dolor y desesperación?

Alterium me miró con una expresión preocupada. Dirigiéndose hacia mí de forma honesta, dijo:




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