Un día antes del paseo programado, Elizabeth regresó a su casa temprano y con prisa, ya que su hermana mayor la había visitado sin previo aviso. Eso significaba que no tuvo la oportunidad de conocer al pequeño Arthur. Sin embargo, siendo ya domingo, por fin estábamos los cuatro reunidos en mi sala a la hora acordada, para luego tomar un taxi juntos y así llegar a Atalaya lo más temprano posible.
La naturaleza adorable del pequeño Arthur hizo que Elizabeth cayera ante el encanto de un bebé tierno. Por lo menos, esa fue su primera impresión al verlo cuando Alterium por fin se lo presentó.
—¿En verdad no es un ángel? —La expresión de Alterium se desencajó por segundos—. Tiene un carácter tranquilo y amigable, hiciste un buen trabajo en la gestión de sus emociones. Es decir, en simples palabras, la actitud de tu hijo es el reflejo de su crianza. —Se acercó a él con una gran sonrisa—. Un gusto conocerte, Arthur. Bonito nombre, bebé.
Al sentirse halagado, Alterium le respondió con buen ánimo:
—Siendo su padre, hago lo mejor que puedo como alguien primerizo.
—Tata —balbuceó Arthur, algo tímido, pero no dudó en responder también—. ¡Baba! —Alzó su mano derecha hacia mi dirección, sorprendiéndome por su gesto.
—Oh, ¿tal vez me estás presentando a Lilian? No te preocupes, soy su mejor amiga. Espero también ser tu amiga en el futuro.
El pequeño Arthur solo pareció sonreír por el rostro animado de Elizabeth. Hasta que la expresión de mi amiga se volvió pensativa al voltear a ver a Alterium.
—Después de escuchar tu historia, sigo pensando que debió ser duro perder tu casa y encontrar una temporal luego de aquel incendio. Es difícil en estos tiempos conseguir un hogar propio o alquilar uno, aún más con un hijo a tu cuidado. Pero llegaste a un buen lugar, lo siento por lo defensiva que estuve el viernes.
Mirándolos a ambos en ese instante, solo pasé saliva con dificultad.
Sí, esta es una mentira a medias.
No es que no sea buena mintiendo, solo que soy mala ocultándole cosas a Elizabeth y no quiero hacerlo. Pero por las circunstancias actuales, era necesario para su tranquilidad mental. Así que fue iniciativa de Alterium contarle esta excusa a medias del porqué está viviendo en mi casa, ya que la realidad es demasiado descabellada como para procesarla ahora. Y no todas las personas reaccionan igual.
Alterium no dudó en contestarle con algo de sinceridad:
—No te preocupes por eso, era un hombre desconocido que apareció de repente en la casa de tu amiga. Sería extraño que no estuvieras alerta y a la defensiva.
Al escuchar una respuesta tan directa, que explicaba de forma clara cómo se sentía, Elizabeth no dudó en terminar esta charla por ahora:
—Sí... eso mismo, gracias por comprenderme. Entonces, no nos demoremos más, ya los atrasé bastante. ¿Está todo listo, mi querida Lilian?
—Así es, lo primordial para el paseo. Y las cosas del pequeño Arthur. —Volteé a ver la maleta que cargaba Alterium—. ¿No es así, Alterium?
—Lo está, fui cuidadoso en alistar todo lo necesario para mi hijo.
—Perfecto. —Asentí y cargué el bolso con la comida que preparé para nuestro almuerzo.
—Lilian, no cargues sola esa bolsa tan pesada. Soy mayor que tú, pero aún tengo músculos en los brazos. —Tomó una de las asas de mi bolsa—. Así está mucho mejor.
—Gracias, Elizabeth, creo que me entusiasmé de más al llevar tanta comida.
—No, para nada. Es la cantidad correcta.
—Si requieren ayuda, también puedo cargarla si desean que lo haga. Será más cómodo caminar para ambas si yo la sostengo —intervino Alterium, al ver lo pesada que era a simple vista.
Sabía que para Alterium cargar eso no era nada, pero no dudé en negarme, ya que primero estaba la comodidad y el cuidado de su hijo.
—Estaremos bien, Alterium. Ya estás cuidando a tu hijo y llevas sus cosas; también sería incómodo para ti. Nosotras podremos con esto. —Miré la pantalla de mi celular—. Ya llegará el taxi que pedí por aplicativo. Tenemos que salir ahora.
—Esto se siente emocionante, no hay nada como disfrutar un fin de semana de esta manera —dijo Elizabeth, llevando la bolsa un paso delante de mí.
—Te doy toda la razón, Elizabeth —respondí con entusiasmo. Luego dirigí mi mirada hacia Alterium, al estar ahora frente a él—. Te aseguro que será una de las experiencias más reconfortantes que tendrás en ese lugar. Yo me encargaré de que así sea.
—No lo dudo —mencionó Alterium con un gesto positivo, abriéndonos la puerta para poder salir primeras.
En medio del caótico camino por el tráfico, el escenario cambió a uno pacífico después de varios minutos de viaje, llegando a nuestro destino una hora y media después. Cuando por fin entramos a Atalaya, y tras dejar que verifiquen nuestras entradas, noté cierta sorpresa en la mirada de Alterium. Sus ojos grises brillaban curiosos bajo la tenue luz del sol, una expresión que ya había visto antes. Atalaya es descrita como un lugar campestre y familiar, con sitios variados de entretenimiento y muchos años de funcionamiento; su atractivo también va de la mano con algunas reservas naturales que yacen cerca del sitio, de las cuales se tiene acceso a varias. Verde, frondoso, con un clima templado y a veces caluroso, perfecto para tener un respiro para uno mismo. La vista natural y hermosa es algo que no se aprecia con frecuencia en la ciudad donde estábamos. Incluso el pequeño Arthur se notaba curioso y emocionado por explorar el lugar. Se podría decir que la selección del sitio fue un éxito, ya que lo pensé primero en ellos.
Tenía que mostrar también parte de la belleza natural de este mundo.
Tal vez era mi imaginación, pero Alterium trató de no intervenir mucho en la interacción que tenía con Elizabeth durante todo el tiempo que caminamos por el lugar, hasta que encontramos un sitio cómodo para los cuatro. Era como si nos estuviera dando un espacio para divertirnos y hablar entre nosotras, mientras él se entretenía con su hijo.