Bebé demonio

Capítulo 17 Enfrentar lo pendiente

—No pensé en verte de nuevo de esta forma. Veo que tu apariencia no es lo único que ha cambiado. Solo tengo curiosidad de algo, ¿por fin pudiste superarme?

Su mirada egocéntrica, esa que todavía esperaba verme reaccionar con temor, se desvaneció cuando no aparté mis ojos de él ni por un momento.

—Lo siento, no me gusta tener recuerdos banales que no aportan nada en mi día a día.

Soltó una risa sarcástica ante mi convicción de mantenerme serena por cada palabra que soltaba, expresando esta vez palabras de enojo:

—¿Así que ahora no soy nada? ¿Acaso no te acuerdas que fuiste tú quien se confesó a mí? En ese tiempo era muy popular, ¿pero por qué te acepté a ti? Cierto, nunca te di la explicación que querías después de terminar.

—¿Eso cambiará algo del presente? Solo con mantener esta conversación contigo es una pérdida de tiempo. Tengo cosas más importantes que hacer.

Cuando giré mi cuerpo para irme, sentí cómo su mano quiso tocar la mía en un intento de frenarme, así que lo traté de apartar de inmediato, pero su reacción fue más rápida que la mía, logrando sostener mi muñeca derecha.

—¡Todavía no he terminado de hablar! No te vas a ir ahora. —Después de unos segundos, su expresión se relajó un poco—. Te lo diré, sé que todavía sientes algo por mí. Nunca podrás encontrar a otro chico guapo con mucho dinero.

—Mientras más te escucho, más desagradable es mirarte. Tengo que irme, así que suéltame.

Ignorando mis palabras, Alonso solo siguió hablando:

—En ese tiempo eras una mujer tan bella, con buenos méritos académicos, que con solo andar contigo mi popularidad sería igual a la tuya, incluso cuando no eras de un estatus alto. Eso fue lo que pensé en ese tiempo, así que cuando te confesaste a mí fue lo más maravilloso que me pudo suceder. Y por supuesto que no dudé en darte todo y fingir ser el novio más amable y atento que vieron tus ojos. Después de todo, por eso te fijaste en mí.

Mi mano se soltó de su agarre de forma brusca.

—Te dije que me sueltes.

—Lilian, caíste en desgracia demasiado pronto. Fuiste un precioso adorno que fue roto hasta el punto de ser inservible. Lo único hermoso que aún mantienes es el color de tus ojos, como si fueran turmalinas marrones. Me gustaban, eso no fue mentira. Pero tú ya no tenías valor después de todo, por eso te dejé. —Se acercó a mí de forma peligrosa—. ¿Crees que me servías luego de terminar la preparatoria? ¿Crees que me importó verte triste luego de la pérdida de tus padres y de tu hermano? Tú tuviste la culpa de acabar así. Las cosas habrían sido diferentes si tú no te me hubieras confesado ese día y si tampoco arruinaras tu bello rostro, que es lo único bueno que te quedaba.

En realidad, en ese momento no estaba aturdida por sus palabras hirientes y desagradables, sino por el hecho de haber sentido algún grado de afecto y “amor” por él en esa época, cegándome por completo ante su acto de buen novio. Estaba bastante decepcionada de mí misma, pero a la vez trataba de comprenderme. Aquella Lilian del pasado no sabía distinguir ante un engaño tan obvio.

Mi respuesta hacia él fue más directa:

—Tu nivel de narcisismo es tanto que crees que aún te veo de esa forma, cuando lo único que siento ahora es asco al verte. ¿Eso es lo que querías oír?

—¡¿Asco?! ¿Acaso no estás consciente de tu apariencia actual? Ya no te acuerdas que ese día viniste hacia mí llorando, tu rostro lucía irreconocible, aunque yo ya te había dicho que habíamos terminado. ¿Aun así querías verme para hablar sobre eso? Tan solo te quedaste de forma patética tendida en el piso. Te merecías el golpe que te di. —Se rió de forma desvergonzada.

Sus palabras recrearon en mi memoria ese instante de penumbra en mi vida. El dolor físico que sentí en ese momento no se compara con el dolor que sentí en mi corazón. No bastaba que mis amigos me hubieran abandonado, también la persona que creí amar me dio la espalda de una forma tan cruel.

Y fue por mi don, que apenas había obtenido, lo cual por fin entendí al verlo, que Alonso en realidad nunca me amó. Porque lo único que sentí de él en ese instante fue desprecio y asco.
Y aquello no ha cambiado, incluso ahora.

Fui demasiado débil en ese entonces, una mujer vulnerable que trató de buscar consuelo en las personas equivocadas. Ni siquiera le pude decir algo para defenderme. Sin embargo, esta vez él podrá oírlas:

—Me golpeaste y me humillaste frente a tantas personas. Un miserable cobarde que cree ser superior a otros por su apariencia y dinero. Pero en realidad solo eres una escoria vestida con ropa cara.

No suelo actuar tan impulsivamente, menos al conocer las consecuencias, pero tampoco lo iba a dejar que me siguiera insultando como en el pasado.

—¡Con qué derecho me dices eso! ¿Acaso no te has visto en un espejo? ¡Sigues siendo patética! ¿Todavía crees que alguien se fijaría en ti? Pobre de tus padres, ni siquiera muertos descansarán en paz al haber dejado atrás a una hija como tú...

Mi cuerpo reaccionó de forma rápida al escuchar esto último, por lo que mi mano derecha se impulsó hacia su rostro, dándole una fuerte cachetada que lo hizo callar al instante y lo dejó estático por varios segundos.

A mi familia, ni siquiera los menciones con esa sucia boca.

Viéndolo aturdido y con el rostro mirando en dirección contraria, me agaché de inmediato al estar cerca de un pequeño cúmulo de arena combinada con un polvo rojizo y agarré una porción de él en mi mano derecha, haciendo un puño para ocultarlo.

De repente, oí su risa retorcida y su voz llena de enojo al mirarme.

—¿Cómo te atreves a golpearme y dañar mi rostro? ¡En verdad tienes ganas de que te golpee otra vez!

Antes de que pudiera tocarme, al acercarse a mí con intenciones de jalarme el cabello, aproveché ese momento de cercanía para tirar la arena que sostenía en mi mano hacia sus ojos, que para mi suerte le llegó sin ningún problema debido a que el viento iba hacia su dirección. No tardé en escuchar de inmediato sus alaridos de dolor por el fuerte ardor que le causaba, ya que al parecer el color extraño que tenía aquella arena era debido a que había sido contaminada con un químico de extraña procedencia. Lo supe cuando sentí un poco de ardor en mi mano derecha.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.