Durante toda la semana, las visitas de Elizabeth fueron cortas, pero frecuentes. Aunque nuestra conversación era algo privada entre nosotras dos, ella también se distraía jugando con el hijo de Alterium, algo que, por supuesto, a él no le incomodaba, ya que a su hijo le agradaba jugar con Elizabeth. Podría haber sido una semana calmada y aparentemente normal, pero cuando desperté el viernes por la mañana para ir al trabajo, mi mirada quedó perpleja al ver algo totalmente inesperado.
El pequeño Arthur estaba parado, sin ningún apoyo, con una tierna sonrisa mientras caminaba hacia mi dirección.
—Adada. ¡Baba!
En ese instante, yo solo pude divagar en mis pensamientos de forma frenética.
Tiene ocho meses con tres semanas, ¿verdad? Es normal que un bebé humano comience a caminar desde más de los nueve meses. ¿Es porque él es un bebé demonio? ¡Aunque también ha sucedido en bebés humanos!
No pude dar ni un paso más, debido a la combinación de emoción y nerviosismo que sentí al verlo acercarse más hacia mí. Además, de que mis manos se comenzaron a mover de forma extraña, al no saber qué hacer exactamente.
Incluso si eran pasos cortos, el pequeño Arthur se dirigió más rápido hacia mí, equilibrando sus pies para no caerse.
De inmediato mi voz expresó palabras de ánimos:
—¡Estás caminando bastante bien pequeño Arthur! ¡Tú puedes llegar hacia mí!
Al hablar de esa manera, vi cómo Alterium se asomó desde la cocina al notar que algo sucedía en el pasillo de la sala. Su expresión de sorpresa fue evidente al presenciar aquella escena inesperada.
—¿Arthur? Él está...
—Alterium, ¡por fin está sucediendo! Está caminando sin ayuda, ven a mirar de cerca, no puedes perderte de esto.
Sin dudarlo, Alterium no tardó en hacerme caso, mientras el pequeño Arthur se acerca cada vez más hacia su particular objetivo: yo. Pasaron solo unos segundos cuando su diminuto cuerpo finalmente abrazó mis piernas, sintiendo en ese instante una sensación inexplicable en mi pecho. Así que sin dudarlo, lo cargué de inmediato entre mis brazos, y le hablé en un tono orgulloso:
—Lo hiciste muy bien, ¡eres un bebé increíble!
La inocente sonrisa del pequeño Arthur, solo reflejaba que podía sentir mi más sincero cariño por él.
Con Alterium ya frente a mí, no tardé en bajar a su hijo con cuidado para que esta vez caminara hacia él. El pequeño Arthur se sostuvo con firmeza en el suelo y avanzó tambaleándose un poco, pero con una determinación digna de un príncipe demonio. Al llegar, de inmediato se aferró a una de las piernas de su padre y balbuceó de forma triunfante:
—¡Dada!, ¡dada!
Sin preveer la reacción de Alterium, él no mencionó ninguna palabra en ese momento. Simplemente se agachó para agarrarlo y lo elevó muy alto con ambas manos. Su expresión de alegría y emoción fue un escenario hermoso de ver, con el reflejo tenue de la luz del sol que iluminó el rostro de padre e hijo. Era la primera vez que veía una expresión tan relajada y sincera de Alterium, como si su alma se liberara de ataduras por una fracción de segundo.
Cuando Alterium giró su rostro hacia mí, ambos nos miramos con una expresión genuina, porque compartíamos la misma emoción, sintiendo un ambiente particular y nuevo entre nosotros. Sus ojos grises veían fijamente a los míos, pero parecían haberse perdido en sus pensamientos, apartando su vista de la mía por un momento, hasta que me devolvió nuevamente la mirada y me habló con más tranquilidad, tal como era recurrente:
—Creo que mi emoción fue demasiado desbordante. —Acomodó a su hijo con cuidado—. Solo estoy contento de poder verlo crecer de cerca y ser parte de su crianza, ahora que tengo la oportunidad de hacerlo.
—No te preocupes, te comprendo. El crecimiento de un bebé es fugaz, ya sea humano o demonio. —Lo miré de manera directa—. Puedo ser ignorante sobre el tipo de crianza de un bebé demonio en el Inframundo, pero en el futuro hazlo también: sé cercano a él. Incluso si es poco tiempo, no hay mayor felicidad para un hijo que ver a su padre presente en su vida. Ahora tú eres su lugar seguro.
Alterium asintió con la cabeza.
—No dudes que lo haré. Algo que es desconocido para mí, no lo será para mi hijo.
Al oír aquello, solo pude le mostrar un gesto de alivio.
Definitivamente, ya eres un buen padre, Alterium.
Mi expresión se tornó más animada.
—Hoy es un día perfecto para ir a pasear con el pequeño Arthur, le gustará mucho intentar caminar de forma libre en el parque.
—¡Pada! —balbuceó feliz, entendiendo la palabra: «Parque».
—Ya terminé de preparar el desayuno y aún es temprano, así que podremos ir juntos —mencionó Alterium con seguridad.
—Por supuesto, ahora me cambio de ropa y desayunamos juntos.
Ya que no podía dormir bien y tenía mucho calor, por suerte hoy me bañé en la madrugada,
—De inmediato alistaré el bolso de Arthur.
—No hay prisa, aún hay tiempo —aclaré al verlo mostrarse frenético.
Habíamos repetido esta rutina tantas veces que salir sin demorarnos ya era sencillo. Así que nuestra llegada a la empresa fue rápida; de hecho, fue la primera vez que llegaba tan temprano a trabajar.
Cuando estaba a punto de despedirme de ambos para ingresar a mi trabajo, una voz particular me detuvo en hacerlo:
—Qué sorpresa encontrarnos tan temprano y de esta forma, Lilian —mencionó Nora.
—Y con un hombre tan encantador a tu lado, qué mañana tan maravillosa —agregó Luisa.
Siempre intenté evitar la posibilidad de que Alterium se encontrara con ellas, pero no pensé que sucedería de esta forma. La idea de verlas llegar tan temprano no parecía posible, considerando su evidente historial de tardanzas en la empresa.
Solo podía estar segura que algo había ocurrido para que aquello fuera así.
Esto será muy incómodo para Alterium y el pequeño Arthur..., bien, terminemos esto rápido.