Bebé demonio

Capítulo 22 Lo que no se pudo detener

Fue un sábado difícil para ambas.

Recuperarse de algo que viste con tus propios ojos y no pudiste evitar es aterrador, no importa qué tan fuerte seas. Aquellas horas de charlas fueron positivas para Elizabeth, y ella pudo recuperar de a poco la tranquilidad de su corazón en ese lapso de tiempo. Pero ese día no solo era yo quien se preocupó por Elizabeth luego de escuchar las noticias, a diferencia de mi forma de vivir, ella tiene una familia extensa que se preocupa mucho por su bienestar, además de amigos y conocidos cercanos. Así que apenas pudo recuperar la funcionalidad de su celular, de inmediato tuvo muchas llamadas entrantes quienes le preguntaron por su salud y estado actual. El aprecio era evidente en su entorno, un cariño ganado con el tiempo. Era una fortuna también ser considerada alguien importante en su vida.

Una vez que amaneció, noté que Elizabeth se levantó primero de mi cama, aparentemente para ir al baño. Pero de repente escuché una voz de sorpresa que salió de su boca, un sonido que expresaba que se había encontrado con algo muy extraño. De inmediato salí a revisar qué había sucedido, sintiendo un dejá vù al ver la particular escena.

Alterium había bajado las escaleras con su pijama puesta. Aquel conjunto que tenía nubes blancas y estrellas como estampado.

Por razones que comprendía, los ojos de mi amiga lucieron más sorprendidos que cuando se enteró que él era un demonio, pero su expresión no era de terror. Al parecer, el verlo con una pijama infantil era aún más irreal que verlo con su verdadera apariencia. Incluso pude notar, que la imagen imponente que tenía de él se había reducido drásticamente.

—Este, yo... —Contuvo su risa con una expresión seria—. Buenos días y bonita pijama, yo entraré al baño, puedes seguir con tu camino.

Poco después de que entrara al baño, oímos unos leves ruidos de una risa ahogada, siendo la reacción de Alterium muy tranquila, como si hubiera estado esperando aquel desenlace.

Mi voz sonó curiosa:

—No sé porque siento que saliste así para aliviar tu presencia, si en caso Elizabeth te veía de imprevisto.

—¿Fui muy evidente? Pero... valió la pena, ¿no es así? —Su rostro mostró una expresión de querer ser elogiado.

—Lo fue —contesté con una sonrisa.

Así que eres consciente de cómo te ves con él, ¿debería sentirme culpable o aliviada de haberlo escogido?

Como si fuera un desayuno cotidiano, todo transcurrió con tranquilidad al momento de comer todos juntos. Hasta que Elizabeth rompió el silencio al terminar de desayunar:

—Sobre la conferencia, ya me contacté por mensaje con uno de los encargados.

—¿En serio? ¿Y te respondió? —pregunté de inmediato.

—Sí, fue más rápido de lo que creí. —Mostró un semblante aliviado—. Comprendió el por qué falté y me brindó su apoyo. Incluso me dijo que en un par de meses se volverá a hacer otra conferencia, y que con gusto volverá a invitarme, así que estoy muy feliz por esa nueva oportunidad.

—Esa es una buena noticia, me tranquiliza escucharlo, sabía que no perderían la oportunidad de tenerte en su universidad .

Elizabeth reaccionó con una actitud positiva.

—Me siento tan halagada y afortunada.

Al ver la reacción enérgica de Elizabeth, de inmediato el pequeño Arthur chocó su tenedor sobre su mesa. Y balbuceó con energía:

—¡Tata! ¡Mada!

—Oh, bebé Arthur. ¿También estás feliz por mí? Que bebé tan encantador.

—Mada. —Le mostró su tenedor, en el cual tenía incrustada una manzana cortada.

—Al parecer, te está invitando su comida —mencioné con una sonrisa.

Mi amiga no dudó en recibir el pedazo de manzana y lo comió, sintiéndose muy conmovida por su regalo. Era una actitud que demostraba la confianza del pequeño Arthur por Elizabeth, algo que la hizo más feliz. Después de mirarlo por un tiempo, su expresión se tornó sorprendida, como si hubiera descubierto algo totalmente inesperado en él.

—Recién puedo notar con detalle que sus ojos son idénticos a los tuyos, Lilian. Nunca pensé ver a alguien más con este tipo de color de ojos, son tan bonitos.

Con un tono relajado, no tardé en aclarar la situación:

—Cierto, no te lo explicamos antes. En realidad no son su color de ojos reales, Alterium hizo que él manifieste una apariencia familiar y humana similar a la mía. Lo hizo para no sentirme incómoda con el pequeño Arthur.

Ante mi breve explicación, Alterium solo asintió con la cabeza.

—Así que es por eso que siempre me sentí familiar con el bebé Arthur. —Sonrió un poco.

—Además, su apariencia es idéntica a la de su padre, ¿tal vez quieras ver cómo es en realidad? —Miré hacia mi costado —. Claro, si lo permites Alterium.

—Eso depende de Elizabeth. —La miró a los ojos—. ¿Quieres ver su verdadera apariencia?

Elizabeth no tardó en contestar:

—La verdad es que sí tengo curiosidad, me gustaría conocerlo mejor, tal como es en realidad. Juro que no me sorprenderé mucho.

—Entonces, lo haré.

Casi de inmediato, los ojos de su hijo se tornaron de un rojo intenso, sobresaliendo de su cabeza sus pequeños cuernos grises. La mirada de Elizabeth era quieta, pero estaba segura que sus pensamientos eran vastos en su interior. Sin poder extender más su silencio, ella mencionó algo totalmente inesperado para nosotros:

—Lilian, de alguna manera, no sé porque sigo viendo tus ojos en él.

No pude decir ninguna palabra cuando escuché dicha afirmación y experimenté una extraña sensación en mi cuerpo, mirando a Elizabeth con una expresión de confusión.

—¿Será una coincidencia? Debe ser cosas mías por haberme acostumbrado a solo ver su anterior apariencia. —Alzó su mirada hacia Alterium—. ¿Verdad?

Él miró por un momento a su hijo y luego miró a Elizabeth.

Su voz sonó calmada:

—Hay muchas coincidencias en este mundo.

Relajé mi expresión y suspiré, afirmando lo dicho por Alterium:

—Sí, simplemente es eso.




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