Los días transcurrieron serenos, sin nada que pudiera incomodarme. Casi parecía que mis plegarias habían sido escuchadas. Incluso estaba al tanto de que Elizabeth seguía de buen ánimo. Habíamos mantenido contacto todos estos días, así que no había mucho de qué preocuparme.
Por lo que siendo ya miércoles, mi punto de atención era la mejora en la motricidad del pequeño Arthur. Cada día era más ágil para caminar, razón por la cual su padre también estaba en una nueva etapa de su cuidado. Al ser un bebé curioso, ahora no dudaba en explorar cada rincón de mi casa con la ayuda de Alterium. Algo particular de todo esto es que, en este momento, le llamaba más la atención el altar de mi familia; su interés estaba centrado especialmente en los adornos dorados que tenía alrededor, pero también sentía curiosidad por las fotos colocadas en mi mesa alta, la cual estaba cubierta con una tela mostaza.
Él por fin se encontraba en la primera etapa de su desarrollo de conciencia, tratando de comprender el mundo que le rodea. Por ahora, su mundo más cercano es mi hogar y pronto esto cambiaría. El pequeño Arthur ya tiene más de 9 meses; su edad era un indicio suficiente para darse cuenta del tiempo que llevaban viviendo en mi casa. Desde este momento, solo quedaban dos meses para que nuestra convivencia terminara, pero todavía no quería sentir la nostalgia de cuando ese día llegara.
Mientras exploraba con entusiasmo sus nuevos juguetes sobre la suave alfombra, no dudó en tirarlos y después recogerlos en un bucle que parecía interminable. Hasta que se cansó de hacerlo y solo miró por un tiempo los juguetes que había tirado. En ese momento, mis manos se ocupaban de limpiar la mesa del comedor, mientras que Alterium limpiaba la cocina. De repente, al voltear hacia el pequeño Arthur, quedé pasmada al notar que sus juguetes no yacían en el suelo, sino que levitaban en el aire, como si una fuerza invisible los atrajera hacia él.
¿Esa no es la habilidad de Alterium? ¿Ya se manifestó a una edad tan temprana?
—¡Alterium! Tienes que ver esto, ¡sus juguetes están levitando! —hablé con cierta emoción.
Su padre no dudó en hacerme caso y se acercó hacia la escena mientras aún los juguetes se encontraban levitando. La expresión de sorpresa en su rostro fue una combinación de asombro y orgullo. Alterium se acercó más hacia al costado de su hijo, se arrodilló ante él y, de inmediato, sus juguetes cayeron al piso al notar a su padre viéndolo fijamente por unos segundos.
Alterium no tardó en hablar:
—Arthur también heredó la habilidad de mi madre, algo tan difícil de heredar, ahora él lo posee. —Su mano acarició su cabeza—. Eso es increíble, hijo.
—Dada. ¡Dute! —balbuceó, señalando sus juguetes caídos.
—Si también heredas la habilidad de la piroquinesis, te podrás convertir en un demonio igual o más fuerte que yo. —En un contraste diferente, la expresión de su rostro se tornó pensativa por un momento—. Así que es por esto que... —Su mirada se tornó cálida de nuevo. —Está bien, tu madre también estaría orgullosa de ti.
Al mirar esta escena, me di cuenta de lo suave y atento que era Alterium con su hijo. Si no había heredado la personalidad de su padre, estaba segura que lo había heredado y aprendido de su madre.
A pesar de las duras circunstancias que vivieron, debió ser una mujer muy cariñosa y atenta.
—Obtener habilidades debe ser tan emocionante como escuchar las primeras palabras de un bebé, incluso yo puedo sentir tu emoción. —Incliné mi cuerpo hacia su hijo y le sonreí—. Felicidades, pequeño Arthur.
—¡Baba! —Chocó sus manos con entusiasmo.
—Es muy emocionante. Un demonio puede tardar décadas sin saber que tiene habilidades.
Me agaché hacia su costado y giré mi rostro hacia él.
—Ahora creo que entiendo mejor la situación. Imagino que no debe ser nada fácil tener el control sobre algo. Hacer levitar varios objetos a la vez parece ser difícil.
—En realidad no solo se trata de hacer levitar cosas o seres, sino de tener el control en todos los aspectos, tanto externos como internos. Solo la conciencia es algo que no se puede controlar de la misma manera, ya que no es algo tangible.
Mi expresión se tornó sorprendida, meditando todas las posibilidades de su habilidad.
—Entonces, ¿podrías controlar hasta el latido del corazón de cualquier ser?
—Por supuesto. —Su mirada se tornó distinta a la usual y volteó a verme con una expresión de curiosidad—. De hecho, es mi opción favorita para la tortura. Que coincidencia.
Sonreí de forma nerviosa.
—Oh, ya veo...
En situaciones como estas, recuerdo que estoy frente a un demonio poderoso y temido.
—Supongo que son cosas que el pequeño Arthur tendrá que aprender.
—Así es, pero él tendrá a su padre como su tutor. —Giró a ver a su hijo—. Ser fuerte no es algo que se logra solo con heredar esta habilidad; me llevó miles de años perfeccionarla. Es una lástima que no pude lograrlo cuando peleé con mi hermano en mi juventud. La segunda vez que nos encontramos, él tenía la vitalidad suficiente como para evitar ser controlado por mí; el reino que lo protege le prestó su vitalidad. En el inframundo, nuestras habilidades también dependen mucho de eso.
Al escuchar su relato, no dudé en ser directa y entusiasta:
—Aunque aún no haya ocurrido, no debemos subestimar la posibilidad.
Alterium me miró por un momento y expresó con confianza:
—Se hará realidad.
Después de aquella corta charla, de inmediato nuestra atención se direccionó hacia su hijo. Así que no tardé en jugar con el por un momento.
—Así que, pequeño Arthur, ¿quieres practicar tu nuevo descubrimiento? Este osito quiere volar. —Agarré su juguete y lo lancé hacia arriba con una mano. Este de inmediato quedó suspendido en el aire, así que no dudé en aplaudir como respuesta—. ¡Muy bien! Lo lograste.
—¡Dute! —Señalo.
—¡Sí, está muy alto tu osito!
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Editado: 24.05.2026