Bebé demonio

Capítulo 25 El dolor de la traición (Parte 1)

El día no estaba soleado; no había ni un rastro del brillo del sol al amanecer. Aun así, me levanté temprano y me vestí adecuadamente para la ocasión. Al llegar a la oficina, tuve un encuentro bastante fortuito al ver a ambas hermanas estar cerca de mi lugar de trabajo, algo que esperaba encontrar pero no tan pronto. Era evidente que de forma deliberada estaban esperando ver entrar a una secretaria sin vida, ni rumbo después de haber experimentado una de las experiencias más horribles que un ser humano puede atravesar.

Me estremecí ante sus miradas expectantes, sintiendo una abrumadora sensación como si fuera el centro principal de un espectáculo. No había ni un poco de arrepentimiento en sus miradas, solo decepción.

¿Será así hasta el final?

—Buenos días —saludé fingiendo tranquilidad.
Al cambiar mi expresión a una incrédula, fue Luisa la primera en hablarme:

—Lilian. Te ves... Bien.

—¿En serio? Pero por la forma en que lo dices. ¿Tal vez no debería estarlo? —Sonreí de forma casual.

—No dije eso, solo que te ves de buen humor hoy. ¿Acaso ya renovaste tu contrato? —Se apresuró en preguntar.

Su hermana Nora de inmediato tocó su hombro derecho para intervenir.

—Eso debe ser Luisa, es imposible que se vaya de esta empresa con los beneficios que le da nuestro tío. Es una lástima.

Me acerqué a ellas y me paré de manera recta sin perder la compostura.

—Me preguntan el por qué hoy estoy de buen humor. Debe ser porque siento que me he librado de algo molesto. ¿Puede ser que ustedes no vieron las noticias? —pregunté curiosa.

Nora se rio de forma sarcástica.

—¿Noticias? Estuvimos en una fiesta hasta muy tarde, ¿por qué veríamos las noticias? ¿Eso qué tiene que ver contigo?

Luisa añadió:

—Estás siendo extraña. ¿A quién le importa ver las noticias? Nosotras nunca las vemos. Pasan cosas horribles por ahí. Solo tú te preocupas por personas ajenas.

—Oh, ahora lo entiendo, tiene mucho sentido, admito que usualmente no me gusta verlas. —Acomodé mi silla para sentarme—. Así que también es bueno salir a divertirse. Entonces seguiré con mis obligaciones.

—Maldita rara —murmuró Luisa.

—Regresemos hermana, tendremos que verla por mucho tiempo más en este lugar como para perder el tiempo con ella.

—Qué dolor de cabeza. Deberían traer a otra secretaria, al menos que sea menos engreída y no tenga cicatrices visibles en su rostro.

—¡Esto es tan molesto!, nada cambiará con quejarnos, nuestro tío solo nos compara con ella —su voz sonó tensa—. Tenemos que ver algo primero, esto es más importante.

—... Sí.

Cuando me quedé sola, finalmente pude relajar todo mi cuerpo, me estaba ahogando al sentir sus fuertes intenciones maliciosas.
Siendo consciente de lo lejos que podrían llegar por odiarme y sacarme de aquí, ya no me quedaba nada de comprensión por ellas, solo ser paciente con lo que vendrá después.

Sacaron conclusiones apresuradas y orquestaron algo tan nefasto en mi contra; era cuestión de esperar unos días más para no volver a verme. ¿Fue tan difícil hacerlo?

La falta de comunicación y el rencor realmente pueden arruinar una vida entera.

De un momento a otro, sentí la repentina presencia de Ernesto detrás de mi espalda, agarrando mi hombro de forma frenética.

Su voz sonó eufórica:

—Lilian, ¿estás bien, verdad? Tu nombre estaba en la televisión, ¡era tu nombre completo! Hoy me enteré al salir de casa, mi esposa me avisó sobre la noticia de ese asesino y sus víctimas. Ella y mi hijo también están preocupados por ti, temían que fueras tú.

Después de ver su expresión agitada y preocupada, cambié mi estado de ánimo al saber que había alguien en esta empresa que me apreciaba sinceramente.

La familia de Ernesto son personas muy agradables y atentas, me siento afortunada de también haberlos conocido.

—Estoy muy bien, Ernesto. Por fortuna, no fui una víctima de ese sujeto. Muchas gracias por preocuparse por mí. —Mostré una expresión animada.

Él de inmediato suspiró y relajó sus hombros.

—Creo que por fin puedo respirar, te llamé en el camino pero no me contestabas así que me apresuré en llegar con la esperanza de verte aquí.

De inmediato saqué mi celular de mi bolso y vi con sorpresa la larga lista de llamadas que tenía de él.

—Lo siento, no me di cuenta. Tal vez sucedió porque estaba en el autobús y no escuché tu llamada... Tenía el volumen bajo —mencioné avergonzada

—Está bien, Lilian. Lo importante es que estás bien —dijo mientras sacaba su celular con un semblante más tranquilo en su rostro—. Un momento, le mandaré un mensaje a mi esposa.

—Claro.

—Respondió rápido. Ella y mi hijo me dicen que se alegran de que estés bien. Están muy aliviados, en verdad nos asustamos demasiado.

—No quería preocuparlos de esta manera. De todas formas, muchas gracias por su apoyo. Además, hoy es mi último día, debe ser un momento agradable —hablé con cautela.

—Cierto, es una lástima que hoy esté nublado...

—Debe ser agradable hablar demasiado en horario laboral —mencionó nuestro jefe al ingresar de forma repentina a la oficina.

—Jefe, buenos días. —respondí de inmediato.

—Solo..., solo estábamos hablando por un corto tiempo.

—Ya veo, Ernesto. Se les ve muy enérgicos el día de hoy, pero les he enviado trabajo a su correo. No pierdan el tiempo. —Giró su rostro hacia mí—Sobre todo tú, Lilian, debes estar agradecida de que te permita la renovación de tu contrato.

—Claro que sí, jefe. —Me esforcé por sonreír.

Cuando él por fin se fue, Ernesto de inmediato me miró confundido.

—¿Él aún no lo sabe?

—No, probablemente ni siquiera preguntó al departamento de Recursos Humanos, ya que ni sus sobrinas lo saben.

—Será una sorpresa no muy grata...

De inmediato me mostré más sería y toqué su hombro derecho.

—Ernesto, de hecho, es probable que pronto llegue una visita inesperada a la empresa, así que no te asustes por ello. Son personas que se contactaron conmigo antes.




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