—Tienes un contrato conmigo que hoy terminará. Que se renueve depende de la decisión que tomarás ahora —mencionó con una voz autoritaria.
Con una expresión relajada, le respondí de inmediato:
—No se preocupe por eso, yo ya presenté mi renuncia al departamento de Recursos Humanos. No renovaré ningún contrato.
A pesar de su esfuerzo por no enfadarse por mis palabras, no logró controlar su propio enojo, incluso cuando intentaba no hablar en voz alta.
—¿Qué acabas de decir? ¡Cómo te atreves a hacerlo sin mi autorización! Es una falta no notificarlo con anticipación. ¿Crees que otra empresa te contratará? Mírate en un espejo y acepta tu realidad. ¡Yo te acepté cuando todas las empresas te rechazaban!
Mi mirada se tornó fría.
—Sobre mi vida personal, ese es mi problema; no tiene por qué tomar en cuenta asuntos ajenos. Y sobre mi renuncia, la presenté con anticipación, simplemente usted no lo sabía ni trató de averiguarlo. Por supuesto que era consciente de que esta sería su reacción. De hecho, hoy se lo haría saber por pura cortesía, pero parece que no resultó como esperaba. Debí suponerlo, sin embargo, este es un momento preciso para solicitarlo.
—¿A qué te refieres? —preguntó desconcertado.
—La recompensa que me dará, ¿la recuerda? Si aún la considera, lo diré ahora. Quiero que no haga nada que perjudique el término de mi contrato ni la tranquilidad de Ernesto en esta empresa, además de que escuche lo que tengo que decir en este momento. Esas tres peticiones son bastante fáciles de hacer, ¿verdad? Espero que cuenten como una recompensa.
—Eso... No seas engreída. Habla antes de que me arrepienta.
—Para empezar, es evidente que intenta convencerme de que deje pasar por alto lo que hicieron sus sobrinas, como si fuera una broma pesada de dos niñas. ¿Realmente crees que lo haré?
Su mano golpeó el escritorio, conteniendo parte de su ira.
—¡Estás completamente bien, ese hombre ni siquiera llegó a tocarte! Ellas no sabían que era un asesino. Incluso si hay pruebas, tus palabras pueden reducir su castigo. Además, puedes pedir una indemnización monetaria a cambio. Te daremos el dinero que solicites. ¿Eso no es suficiente?
—No busco su dinero; lo que realmente deseo es justicia —mencioné con firmeza, notando su sorpresa—. Ese asesino es un ser despreciable que dejó daños irreparables a las víctimas que a duras penas sobrevivieron de él. ¿Se imagina si hubiera sido una de esas víctimas? Si no existiera ninguna prueba en contra de sus sobrinas, de que ellas lo enviaron para hacerme daño, y yo le estuviera implorando justicia al descubrirlo. Ahora mismo estaría siendo expulsada de este lugar sin piedad alguna.
—Eso no es...
—¿No es así? —En mis labios se bordeó una sonrisa sarcástica—. Usted nunca elegiría ayudar a una simple secretaria por encima de sus sobrinas, supongo que es comprensible, es su familia. —Me acerqué a él, manteniendo mi mirada fija en sus ojos—. Pero parece que aún no comprende algo importante. Este caso ya ha salido en las noticias nacionales y el nombre de esta empresa será manchado por esa razón. ¿Sabe por qué? ¿Imagina qué ocurrirá si elige respaldar a sus sobrinas, quienes fueron cómplices indirectas de un asesino tan peligroso y buscado? Habrá evidencia que será expuesta, los medios no perdonan nada cuando se trata de aumentar su audiencia, supongo que yo también podría decir muchas cosas al respecto para que logren su cometido.
—Maldita mujer... —Rechinó sus dientes.
—Es consciente de que digo la verdad. Pero está en sus manos elegir: ayudar a sus sobrinas o permitir la decadencia de la reputación de su empresa. Usted es un hombre de negocios muy ambicioso, sabe perfectamente qué hacer en estas situaciones.
Su expresión de conmoción revelaba que estaba momentáneamente desconcertado, aunque sabía que para alguien como él, esta situación no tardaría en resolverse.
—¿Estás sugiriendo que abandone a mis sobrinas? ¡No puedo hacerlo! ¡Ellas son de mi sangre! —exclamó, conteniendo su voz para no hablar más alto.
—Tómelo como un último consejo de su secretaria; después de todo, es usted quien tiene la última palabra.
—Mi empresa... Me ha costado tantos años... —murmuró tocándose su cara con ambas manos.
—En este mundo no hay decisiones fáciles; es comprensible el no querer hacerlo, pero solo tienes segundos para elegir. —Señalé el reloj de su oficina—. Porque cuando salgamos de aquí, su decisión será expuesta.
Él de repente se rió de mis palabras, mostrando una mirada resignada y llena de resentimiento.
—Es ahora cuando muestras tu verdadera cara. Siempre supe que eras un lobo vestido de oveja. Y uno que no dudará en morder la mano de quien lo ayudó. Mis sobrinas tenían razón en odiarte y desconfiar de ti.
También me reí de sus palabras, contestando de inmediato:
—Es una lástima que mi salvador solo me trató como un lobo encerrado en una prisión, utilizándolo a su conveniencia y siempre obviando los maltratos que recibió. ¿Por qué no podría tener el derecho de morderlo? —Caminé hacia la salida—. Señor Alfonso, es hora de salir, lo están esperando. Solo eran unos pocos minutos.
—Eres peor de lo que pensaba Lilian... —Tardó unos segundos en hablar—. Abre la puerta.
Cierto, la verdad es aterradora cuando no la quieres escuchar.
—Gracias por su comprensión.
Cuando abrí la puerta, los policías nos miraron con confusión debido al ambiente tan sombrío que había en ese instante. Pero de inmediato se nos acercaron para realizar lo que estaba pendiente por concretar.
El oficial habló con autoridad:
—Si nos va a acompañar, hágalo ahora. No podemos tardar más tiempo.
—No lo haré —contestó Alfonso de inmediato.
—¿No irá? —Lo miró desconcertado—. ¿No apoyará a sus sobrinas?
—Así es.
—¿Tío qué pasa? —mencionó Nora confundida.
Al tomar valor para hablar, su voz sonó fría y apagada:
#35850 en Novela romántica
#18193 en Fantasía
#6270 en Personajes sobrenaturales
Editado: 24.05.2026