Bebé demonio

Capítulo 28 Un amor del pasado

La cocina quedó hecha un desastre, pero el postre nos quedó delicioso. Lo curioso fue que esta vez fui yo quien se esmeró en poner en desorden mi propia cocina, aunque la satisfacción vino con el resultado. Y fue lo suficientemente bueno como para disfrutarlo junto a Elizabeth, quien nos visitó justo a tiempo. Después de experimentar tanto caos, aquella noche del martes no había sido tan pacífica para mí como aquel día.

Al día siguiente, mi mejor amiga no dudó en hacer espacio en su horario laboral para que pudiéramos ir de paseo juntas. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos, y ahora era una gran oportunidad para relajarnos. Fue una tarde agradable y divertida, que parecía que terminaría cuando el sol se ocultara. Sin embargo, esto no fue así.

Un hombre de lentes y cabello castaño fue chocado accidentalmente por Elizabeth cuando intentó señalarme una tienda, provocando que las hojas que llevaba en su fólder salieran volando por el aire. Mientras ella trataba desesperadamente de recogerlas y le pedía disculpas, su expresión mostró conmoción cuando, de forma amable, el hombre le contestó que no se preocupara por lo sucedido. Era como si hubiera visto un fantasma del pasado en el momento en que volteó a mirarlo fijamente, y no fue diferente para él. En ese instante comprendí que no era un desconocido para Elizabeth.

Aquel hombre se acercó a ella, incapaz de ocultar la desesperación de sus palabras:

—Elizabeth, ¿eres Elizabeth, verdad?

Mi amiga le contestó con desconcierto:

—¿Iván? Tú eres Iván... Ha pasado mucho tiempo, demasiado tiempo...

—No pensé volverte a ver de esta forma —respondió en tono suave y con anhelo.

—Yo... Pensé que nunca te volvería a ver. Tú te fuistes del país. ¿Cuándo volviste?

Como si recordara su propia realidad, su expresión se tornó triste.

—Volví hace un año junto con mi hija. Perdona por no volver a tratar de contactar de nuevo, no tenía el v...

Elizabeth le interrumpió y habló de manera firme:

—Está bien, Iván, solo fuimos buenos amigos en ese tiempo. Ahora tienes una familia y me alegra verte con buena salud. Tu esposa e hija deben estar esperándote, ya es tarde —sonrió un poco—. Encontrarnos de esta manera ya fue bastante afortunado.

Ella intentó terminar la conversación de forma tajante, pero para su sorpresa Iván no cedió y respondió:

—Mi exesposa murió hace quince años, y ahora mi única familia es mi hija, ella pronto será mayor. Pasaron muchas cosas hace veinticinco años, cosas que no pude contarte por miedo a que te pasara algo. Por eso también me alejé de ti.

—¿De qué estás hablando? —Lo miró confundida—. ¿Por qué estaría en peligro solo porque en ese tiempo te comprometiste?

—Este no es el lugar adecuado para hablar de esto. Me gustaría que fuéramos a un lugar privado para conversar, si me lo permites en otro momento. Además, veo que estás acompañada... Tal vez es tu hija. No quiero incomodarlas.

Tornándose silencioso el lugar, Elizabeth reaccionó mostrándose más calmada y no dudó en presentarme:

—Ella es Lilian, una gran amiga... y para mí, casi como una hija.

—Un gusto en conocerlo, señor.

—Igualmente, Lilian —respondió con cortesía y volvió a girar hacia Elizabeth—. Entonces...

—Iván, si tienes curiosidad sobre mí, solo te puedo decir que nunca tuve una pareja en todos estos años. Dediqué mi vida a mi profesión y me fue bastante bien, gracias a Dios.

Él se mostró sorprendido por aquella revelación, pero no dudó en sonreír levemente al escuchar esto último.

—Me alegra tanto que hayas cumplido tu sueño.

—Sobre lo que mencionaste antes, el sábado estaré libre por la tarde. Podremos hablar tranquilamente ese día. Te dejaré mi tarjeta de contacto. —Sacó una pequeña tarjeta azul de su cartera para entregársela.

—Muchas gracias, Elizabeth. No dudaré en contactarte, y perdóname por decirte esto de forma tan abrupta. No quise molestarte de esta manera.

—No lo hiciste, Iván. Ahora somos adultos, podremos comprender y hablar las cosas mejor que cuando éramos jóvenes. Estaremos en contacto de nuevo. —Alzó torpemente su mano derecha, que aún sostenía algunos papeles-. Oh, cierto. Tus hojas de apuntes... Veo que aún amas escribir poemas.

Con una expresión tímida, no dudó en tomar sus hojas de vuelta.

—Sí, sigue siendo mi pasatiempo favorito.

—Definitivamente no has cambiado mucho —mencionó de forma nostálgica—. Hasta pronto, ve con cuidado.

—Hasta luego, Elizabeth. Fue maravilloso volverte a ver.

Cuando ese hombre llamado Iván se alejó lo suficiente de nosotras, la expresión calmada de Elizabeth se desvaneció y parecía que sus ojos estaban llorosos, expresando anhelo y nostalgia. Había sido una conmoción que había podido manejar, pero no lo suficiente para resistirlo por mucho tiempo.

—Mi estimada Lilian, perdón por mostrarte una escena así, se suponía que este debía ser un día divertido. Y ahora me ves en este estado tan lamentable. Pero no te preocupes, estaré bien en unos segundos.

—Está bien, tómate tu tiempo, Elizabeth. —La consolé palmeando suavemente su espalda—. Puedo darme cuenta de cómo te sientes, lo puedo ver en tu mirada. Ese hombre es más que parte de tu pasado.

Limpiando sus ojos llorosos, ella suspiró para aliviar sus propias penas.

—Él todavía es mi amado Iván, mi primer y único amor que no pude olvidar. Y también aquel al que nunca pude confesarle mis sentimientos, sentimientos que creí que llevaría a la tumba.

—Elizabeth...

—Noto que hay muchas cosas que aclarar del pasado y creo que fui ignorante de mi propia realidad, pude ver su tristeza en cada expresión de su rostro. Tengo que escucharlo y enfrentar lo que sea que surja sin dar marcha atrás. Deséame suerte, Lilian

—Todo estará bien, Elizabeth. Podrás hacerlo. Sé que todo saldrá bien.

—Gracias, mi querida amiga.

Ese hombre tiene una presencia suave y calmada, supongo que puedo confiar un poco en él, aunque apenas lo conozca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.