Bebé demonio

Capítulo 29 Sorpresas

Incluso si por llamadas y mensajes, Elizabeth me contó que todo había salido bien en aquella reunión y que no debía preocuparme. Al día siguiente, ella no tardó en ser sincera y decirme lo realmente había sucedido: el pasado reveló mucho más de lo que esperó escuchar de él. Malentendidos que quedaron en el olvido y ahora fueron recordados.

Efectivamente, no había nada de malo con Iván, sino su pasado, que fue su propio Infierno personal.

Cuando llegué a la casa de Elizabeth para acompañarla, noté que sus ojos estaban rojos de tanto llorar. En ese instante supe cuán importante era Iván para ella, más de lo que había imaginado. Me contó toda su historia, y tanta era su confianza en mí que Elizabeth no omitió ningún detalle de lo sucedido.

Ambos fueron amigos desde niños y se separaron abruptamente cuando ella tenía 20 años y él 21 años. De manera inesperada, Iván le anunció que iba a casarse con una mujer de cuya existencia ella nunca había escuchado. No pudo procesar la noticia, ya que todo ese tiempo había creído que los sentimientos de ambos eran mutuos y que pronto podrían ser algo más que amigos. El quiebre de su relación se debió a que Iván no solo iba a casarse, sino que también se iría a otro país con aquella joven mujer que provenía de una familia adinerada, al igual que él. Elizabeth solo pudo pensar que nunca tuvo una oportunidad con Iván, ya que siempre los padres de él la miraron con desdén por su posición económica. Ahora, Iván parecía aceptarla solo como una amiga.

Pero todo siempre fue una fachada llena de mentiras, de la cual Iván solo pudo decirle para protegerla. Los padres de él eran gente muy influyente, con un gran poder político y económico. Así que desaparecer a una persona no les sería difícil, y Elizabeth era una de esas personas. Con el afán de poner fin a la relación y cercanía que tenían ambos, los padres de Iván lo comprometieron con una mujer que consideraron adecuada para él. Antes de eso, amenazaron la vida de Elizabeth para que su hijo aceptara ese matrimonio. Obligado a hacerlo, tuvo que irse lejos para mantenerla totalmente a salvo. Ni siquiera pudo contarle la verdad porque quería que ella fuera feliz con alguien que la amara y protegiera, sin tener en mente su existencia, que eventualmente creyó que olvidaría.

Cuando Iván tenía 28 años, se resignó a nunca salir de un matrimonio arreglado en el que nunca pudo amar a una mujer que solo lo maltrató física y psicológicamente. En todo ese tiempo, ni siquiera tuvieron hijos porque Iván odiaba tener intimidad con ella. Sin embargo, llegó un día en que aquella mujer traspasó los límites de su relación y con drogas lo forzó a tener intimidad con ella, un acto atroz que lo marcaría de por vida. Y esa también fue la razón por la que tuvo a su única hija.

Pero a pesar de todo lo que pasó, nunca pudo odiar a su preciada hija, a quien siempre protegió y fue su única luz en ese mundo oscuro sin salida. No fue hasta tres años después que por fin pudo ser libre de su tormentoso matrimonio, cuando su esposa falleció por una enfermedad hereditaria que la desahució en poco tiempo. Para alivio de Iván, su hija no heredó esa enfermedad. Aun así, él seguía atado a su familia y buscar a Elizabeth le sería imposible por muchos años más.

No fue hasta que su hija cumplió trece años que los padres de Iván terminaron falleciendo en un accidente de avión. Fue impactante para Iván saber que la vida de sus padres se había desvanecido de forma tan repentina y que ahora era totalmente libre, además de ser el dueño legítimo de todos los bienes de ellos al ser hijo único. Sin embargo, decidido a cambiar esa vida que había arruinado sus esperanzas, abandonó todo lujo y se quedó solo con el dinero que él mismo había ganado con su esfuerzo. Casi toda su fortuna fue destinada a donaciones importantes; ni siquiera sus suegros pudieron quedarse con ninguna parte de ella. Solo una parte de esa fortuna fue destinada a su única heredera, su hija.

De esa manera, la vida sencilla y tranquila que siempre había anhelado vivir con su hija se hizo realidad. Pero habían pasado tantos años que el miedo a ver a la persona que amaba odiarlo o ignorarlo por lo que pasó fue más fuerte. Ese temor se convirtió en más años, y sus anhelos se transformaron en poemas escritos en hojas. El tiempo se detuvo cuando su hija decidió ir a vivir al país donde nació su padre y también residía aquella mujer que Iván nunca pudo olvidar y siempre recordó con cariño: su primer y único amor, Elizabeth.

Toda esa historia fue desgarradora de escuchar de principio a fin, y pude comprender mejor cómo se sentía Elizabeth cuando terminó de contármela. Aquel hombre que tanto quiso y creyó que fue feliz todos esos años sufrió tanto solo para protegerla. Ni siquiera pude imaginar el grado de tristeza que sintió al escucharlo directamente de la boca de Iván.

Aún con los ojos llorosos, Elizabeth habló temblorosa:

—Todavía puedo recordar cómo lloraba con cada palabra que me contaba. Era un dolor tan profundo que había guardado durante tantos años, sin decírselo a nadie. Iván solo pudo ser fuerte por su hija. Mi corazón aún duele solo de recordarlo. Imagínate lo que fue para él decírmelo, cuánta valentía tuvo que tener para hacerlo.

Elizabeth había lidiado con casos similares de sus pacientes, así que no le resultaba difícil escuchar sin involucrarse demasiado emocionalmente, manteniendo un grado de empatía necesario para ayudarlos a superar y enfrentar su sufrimiento. Siempre fue muy profesional, incluso lo llegó a ser conmigo. Pero ella seguía siendo humana y sentirse tan afectada y desconsolada es algo que no pudo evitar expresar. Elizabeth en este momento solo era alguien que quería proteger la felicidad de aquel hombre que tanto daño recibió. Si todavía quedaba algunos años más para encontrar esa felicidad perdida, ella lo haría sin dudarlo.

No tenía muchas palabras para decirle, que solo consolarla. Sabía que el tiempo podría sanar de forma progresiva las heridas de ambos. Recuerdos como esos nunca se borran completamente, pero sí se pueden crear mejores recuerdos en el futuro. Aún no era demasiado tarde, y ambos eran conscientes de ello.




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