A simple vista, es sencillo reconocer cuando un hogar irradia calidez: pintado de colores claros y con una agradable sensación al llegar. Eso es lo que muestra la casa de Ernesto, que también funciona, en parte, como una pastelería. Una combinación perfecta, sin lugar a dudas.
Padre e hijo no pudieron ocultar su sorpresa al ver una casa así, tan diferente a la mía, por lo que se mostraron muy curiosos apenas llegamos a nuestro destino. Pero eso cambió cuando toqué la puerta; el primero en darnos la bienvenida fue el propio Ernesto:
—¡Lilian!, qué alegría tenerte por aquí. Te estábamos esperando.
—Después de leer el mensaje que me enviaste, tenía que venir a felicitarte personalmente. —Balanceé su mano derecha con emoción y luego extendí mi mano libre, que sostenía tres bolsas—. Traje estos regalos para ustedes tres, espero que les gusten. Y un pastel de felicitaciones que Alterium lleva, sé que tu esposa hace los mejores postres, pero junto con Alterium también hicimos nuestro esfuerzo para prepararla para ti.
—Muchas gracias a ambos. Definitivamente lo disfrutaremos; en esta casa nos encantan los postres. Pasen, por favor, siéntanse como en casa.
Aunque Alterium se había mantenido en silencio todo ese tiempo, apenas dejó el pastel sobre la mesa de la sala, miró fijamente a Ernesto como si analizara cada aspecto de él. No era una expresión de desconfianza, sino la de alguien que analiza ante qué tipo de humano está a punto de entablar una conversación.
Definitivamente no quería ser descuidado cuando hablaba con él, no cuando sabía que lo que más deseaba era que se llevaran bien. Y era probable que Alterium hiciera lo mismo con la familia de mi amigo.
Ernesto no fue ajeno a la presencia particular de Alterium, no solo por su belleza irreal y su mirada fija, sino también por el aura tan enigmática que poseía. Él es amable por naturaleza, pero muy perspicaz con las personas, incluso sin saber que en realidad estaba frente a un demonio. Así que no dudó en acercarse a Alterium con cierta cautela.
—Debes ser el familiar del que me habló Lilian. Por fin te conozco en persona, Alterium; es un gusto conocerte. Ella me habló de ti y también de tu hijo, que, por cierto, es un bebé muy bonito.
Cuando creí que no volvería a ver su saludo formal, el rey del Inframundo inclinó medio cuerpo junto a su hijo y apoyó su mano sobre el pecho para completarlo. Era como si considerara necesario realizar aquel saludo de su mundo, ya que Ernesto es un amigo importante para mí, sellando su impecable saludo con una sonrisa.
Nunca había visto tanta sorpresa en el rostro de Ernesto, hasta que vio a Alterium en esa posición. Incluso noté que su esposa había aparecido detrás de él para presenciar la peculiar escena.
Con su usual voz profunda, Alterium respondió:
—También es un gusto conocerte a ti y a tu familia, Ernesto.
—Ah... Sí... Gracias, fue un saludo nuevo en verdad, no sé si hacer lo mismo. —Sonrió de forma nerviosa.
—No es necesario, es solo una formalidad mía.
De inmediato no dudé en intervenir para aclarar la situación:
—Es un saludo de su lugar natal, un lugar muy lejano, así que es un poco peculiar, como notarás. Él está adaptándose a nuestras costumbres.
—Así es —agregó Alterium.
—¡Es como el saludo de un príncipe!, ¿no es así, Ernesto? Qué encantador muchacho y qué lindo bebé. —Haciendo acto de presencia, la esposa de Ernesto no dudó en acercarse a nosotros—. También es un gusto conocerte, Alterium. Siéntete cómodo en nuestra casa. Y muchas gracias, Lilian, por visitarnos. Eres muy amable por traernos tantos regalos y este delicioso pastel. Traeré algunos de los bocadillos que hice; son los más populares de mi pastelería. Después prepararé el almuerzo dentro de poco. ¡Les va a encantar!
Ernesto le habló a su esposa en un tono preocupado:
—Iré a ayudarte, Valentina, querida. Es mucho lo que tienes que preparar tú sola.
—No es necesario, Ernesto. Ya me ayudaste ayer con la preparación previa. No vas a dejar la visita sola, ¿no? Sé que tienen mucho de qué platicar, querido. Le avisaré a Víctor que venga a saludarlos.
El ambiente se quedó en silencio apenas Valentina se fue, siendo rechazado por segunda vez. Con Ernesto otra vez frente a Alterium, él no dudó en ser más agradable con mi amigo.
—Sé que no me conoces mucho, pero yo pude hacerlo a través de Lilian. Solo puedo decirte que eres muy afortunado de tener a Lilian como amiga, al igual que ella lo fue al conocerte.
—Sí que lo es. Me ayudó mucho en la empresa y con mi familia. Gracias a ella pude trabajar más tranquilo.
—Tú también la ayudaste mucho, según lo que ella me contó, por lo que todo buen gesto siempre será retribuido. —Sonrió de manera amable—. Gracias por cuidar de Lilian. Como su familiar, te lo agradezco.
Si hablas tan directamente, será un poco vergonzoso, Alterium. Parecieras ser en verdad mi familiar.
—No hay por qué agradecer, ella es como una hija para mí. En mi familia, todos la queremos.
Lo miró fijamente.
—Entiendo, de eso no lo dudo, Ernesto.
—¡Edo! —balbuceó el pequeño Arthur al reconocer el nombre que tanto repetía.
—Oh, ¿reconoce quién soy? Qué inteligente bebé —mencionó Ernesto, sorprendido.
Después de escuchar que me consideraban parte de ellos, aquellas palabras de Ernesto me llenaron de una nostalgia absoluta. Pero también me sentí muy feliz en ese instante, por lo que solo pude sonreír ampliamente y unirme a la plática.
Cada vez que los visitaba, era muy reconfortante estar con ellos. Su hogar siempre tenía el ambiente de una familia estable y cálida. A pesar de las adversidades y de lo mucho que se esforzaron por darle una vida digna a su único hijo, nunca se desmotivaron de formar una familia feliz. Era algo que admiraba y deseaba proteger a toda costa.
Víctor no tardó en aparecer entre nosotros a los pocos minutos de llegar. Él se podía describir como un niño muy animado y hablador, tanto que irradiaba una vibra de alegría en esta casa. Había luchado por tanto tiempo para tener la salud que tiene ahora, que su sonrisa solo expresaba felicidad al poder correr sin mucha dificultad.
#35850 en Novela romántica
#18193 en Fantasía
#6270 en Personajes sobrenaturales
Editado: 24.05.2026