Bebé demonio

Capítulo 31 Salida al mar

Todo comenzó con un pensamiento fugaz: pasar un fin de semana fuera de casa. Los días eran más calurosos, lo suficiente como para aprovecharlos en la playa, todos juntos. Era el momento perfecto para reunir a las personas que más estimaba.

Primero llamé a Elizabeth para contarle mi idea, pero por primera vez fui rechazada por mi amiga. Ya tenía planes para ese fin de semana: pasar dos días junto a Iván y también conocer a su hija. Por supuesto, no podía interrumpir un momento tan importante para ella. El tono de su voz reflejaba lo emocionada que estaba, así que solo la alenté a no perderse una experiencia así en el futuro.

Mi segunda llamada fue realizada a Ernesto, con la misma intención: invitarlos a una salida grupal. Sin embargo, la familia de Valentina ya se me había adelantado, por lo que pasarían el fin de semana con ellos hasta el lunes. Aunque les costó rechazar mi invitación, no podían faltar a esa visita, ya que hacía mucho tiempo que no los veían. Al final, solo pude desearles que lo pasaran bien en familia.

Siendo claramente un rotundo fracaso mi idea de ir todos juntos, no pude evitar sentirme un poco triste por la situación, algo que Alterium notó por mi tono de voz:

—El sábado iremos solo los tres. Ninguno de mis amigos tendrá tiempo, es una pena.

—¿Es tan malo? Pareces triste.

Sonreí nerviosa ante su pregunta y respondí de inmediato:

—¡No! Solo que quería que nos divirtiéramos todos juntos. Pero esta vez no será posible. Claro, también será genial ir los tres a la playa, al mar... Me gustaría que conocieran ese lugar, por eso lo elegí. No voy a cancelar nuestra salida.

—Entonces haremos que sea un día divertido. No te arrepentirás de que seamos solo nosotros tres.

Mi expresión se volvió más nerviosa al oír esta última frase.

¿Acaso lo he ofendido?

—En verdad, no tuve la intención de...

Su mano tocó mi cabeza, y bajó la mirada hasta estar cerca de mi rostro. Este gesto repentino hizo que mi corazón se sobresaltara.

—Lilian, sé que solo querías que tuviéramos una salida agradable junto con todos tus amigos. No me he ofendido, de hecho, estoy feliz de que pensaras primero en nosotros.

—Al parecer soy fácil de leer —mencioné, avergonzada.

—No, te aseguro que no es así, solo fue esta vez. —Sonrió satisfecho.

Tomé su mano, que aún reposaba sobre mi cabeza, y la sostuve con ambas manos. Pude ver la sorpresa en sus ojos al ver cómo mi expresión nerviosa cambiaba a una más decidida.

—Entonces, escojamos la playa a la que iremos. Mi mundo tiene muchos lugares hermosos, y uno de ellos es el mar. No pueden irse sin haberlo visto, estoy segura de que les encantará.

Con una sonrisa en los labios, respondió:

—A donde nos lleves, sé que será hermoso.

—¡Baba! —balbuceó el pequeño Arthur mientras jugaba con uno de sus juguetes.

—Bien, ¡entonces vamos a alistar todo para ese día!

Los miré detenidamente, como si deseara que el tiempo se detuviera por un instante.

Aún quiero tener más recuerdos bonitos con ustedes, recuerdos que queden grabados en mi memoria hasta el final de mi vida.

Cuando llegó el fin de semana, el sol brillante sobre nuestras cabezas solo indicaba que sería un día muy caluroso. La arena caliente y el familiar olor del mar me hicieron recordar las vacaciones que pasaba con mi familia. Y ahora, estaba con una pequeña familia a mi lado, un contraste diferente, pero no distante.

Sus reacciones fueron variadas, pero satisfactorias. Para ellos, era una vista abrumadora, ya que en el Inframundo no era común ver algo así.

Nos preparamos para disfrutar del mar, especialmente con nuestros trajes de baño. El pequeño Arthur siempre había sido adorable, pero su traje de marinero lo hacía aún más encantador para los curiosos. En contraste, su padre optó por llevar solo un short holgado y cómodo, ya que, con tanto calor, decidió no usar un polo. Esto llamó mucho la atención de todas las mujeres que notaron su presencia, incluso de mí, ya que nunca lo había visto de esta manera hasta este día. Su cuerpo se notaba bien tonificado, era la de un rey que había vivido en el campo de batalla, con cicatrices sutiles. Combinado con su atractiva apariencia humana, resultaba extremadamente llamativo para los humanos en general.

Estaba segura de que su apariencia real era más que abrumadora para este mundo, tanto que muchos humanos dudarían siquiera en verlo a los ojos.

Su piel es pálida cuando es un demonio, pero como humano no lo es tanto. Espero que no le afecte la luz solar en exceso con el bloqueador que le puse a él y a su hijo.

De inmediato, muchas personas se acercaron a nosotros, sobre todo mujeres jóvenes, mientras yo protegía al pequeño Arthur de la muchedumbre. Pero, en lugar de ver que Alterium tomara esta situación con tranquilidad, de manera muy extraña las personas no pudieron avanzar más sobre la arena. Mientras más cerca estaban de él, sus pies se quedaban atascados en la superficie. Incluso muchas llegaron a caerse antes de poder acercarse a unos tres metros de Alterium. Este suceso se repitió tantas veces que les generó temor acercarse más a la zona en donde estábamos, como si estuviera maldita.

La sonrisa maliciosa y satisfecha del rey del Inframundo solo me confirmó quién fue el autor de tal suceso.

—Al parecer, hay zonas malditas en la playa —afirmó Alterium con sarcasmo.

—Y también esa maldición tiene una identidad clara —sonreí—. Pero ahora está tranquilo. Se podría decir que, a veces, el silencio es bastante agradable cuando se está frente al mar.

—El mar en este mundo parece ser un mundo aparte. Es agradable y extenso, tanto que hasta a mi hijo parece gustarle.

—Me alegra escucharlo —contesté satisfecha.

El pequeño Arthur fue cargado de nuevo por su padre, mientras nos adentrábamos más en la arena. El viento y el sonido del mar hicieron que él riera alegremente, como si disfrutara la sensación que percibía.




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