Bebé demonio

Capítulo 32 Noticias inesperadas

Ya era algo natural tener mañanas animadas por el pequeño príncipe, sobre todo si lo primero que veía al despertar era su gran ánimo, suficiente como para jugar intentando levitar todos sus juguetes en medio de la sala. Pero tal vez debí tener más cuidado con mis propios pensamientos, que aún rondaban de ese fin de semana, cuando tropecé con uno de sus juguetes en medio de la cocina.
En ese instante, sentí la mano de Alterium sostener mi abdomen para evitar que cayera. Sin embargo, no fui la única desafortunada, ya que él también tropezó con el juguete del pequeño Arthur, y ambos terminamos cayendo de espaldas sobre el suelo.
Tardé unos segundos en abrir los ojos al sentirme desorientada por la caída, pero pronto noté que no me había hecho daño gracias a que Alterium había amortiguado el golpe con su cuerpo.

Aún sosteniéndome firmemente por el abdomen con una mano, no dudé en preguntar, preocupada:

—Alterium, ¿te golpeaste la cabeza, verdad? Oí un ruido muy fuerte al caer, y definitivamente no fui yo. —Al no obtener una respuesta, seguí hablando con más insistencia—. Te agradezco por evitar que me golpeara la cabeza, ¿pero por qué no levitaste tu cuerpo para no caer así? Tú recibiste la peor parte.

—Solo pensé en protegerte y estaba distraído. Está bien golpearme así, no duele en lo absoluto. —Mi cuerpo se relajó un poco al escuchar su respuesta—. Además, caíste por el juguete de mi hijo; era mi responsabilidad. Más importante... ¿tú estás bien?

—Claro que sí, todo mi cuerpo está encima de ti. Además, interrumpí lo que estabas haciendo justo cuando ibas a preparar el desayuno. No pasa nada si me sueltas ahora, necesito verte. —Moví mi cuerpo de un lado a otro—. Aunque creo que también caí sobre el cucharón de madera que sostenías, y la verdad es un poco incómodo...

Al girar la cabeza, mi mente se quedó en blanco al darme cuenta de que el cucharón de madera estaba tirado a unos centímetros de mí, sobre el suelo. No fue difícil entender que aquello que sentía como grande y duro era muy diferente... algo mucho más privado.

De inmediato me levanté de un salto, liberándome bruscamente del agarre de Alterium. No pude evitar sentirme profundamente avergonzada, sobre todo al recordar cómo me había movido de manera tan descarada sobre él.

—¡Lo siento! Yo solo… creí…

Cuando volteé mi cuerpo para verlo, noté que había cubierto su rostro con ambas manos. No pronunció ni una sola palabra al principio, mucho menos mostró alguna reacción que me permitiera saber si se sentía incómodo por lo sucedido. Era como si tratara de calmarse a sí mismo.

Finalmente, habló, aún sin bajar las manos de su rostro:

—Parece que estás bien. Lilian...

—Ahora mismo, creo que ya no tanto...

—Soy un demonio, pero también soy un ser masculino. No tienes que disculparte.

—¿Estás... avergonzado?

—De mí mismo. De mis propias acciones, donde mi mente no razona.

Sus palabras fueron tan directas que, por un momento, me hicieron dudar de mi propia voluntad para contener mis emociones. Incluso verlo en ese estado provocó una sensación extraña en mí, algo que agitó mis sentimientos de una manera inesperada. Dirigí una mirada impura hacia el cuerpo de Alterium, dejando que mis ojos descendieran con una curiosidad peligrosa. Tal vez, en el fondo, no éramos tan distintos.

¿Qué estás pensando de alguien que se lastimó por ti, Lilian?

De repente, los balbuceos del pequeño Arthur resonaron dentro de la cocina. Y lo vi caminar apresuradamente hacia su papá, que aún seguía tirado en el suelo.

—¡Dada! ¡Baba! ¡Dada! —Sus pequeñas manos tocaban los brazos de Alterium con insistencia—. ¡Dete, dete!

—Pequeño Arthur, tu papá está bien. Solo ayudemos a levantarlo del suelo con cuidado —dije, intentando calmarlo.

Alterium no tardó en incorporarse, sentándose en el suelo, y yo hice lo mismo, sosteniendo al pequeño Arthur, que seguía tirando del polo de su papá con determinación y evidente preocupación.

—Arthur, estoy bien ahora. Tus juguetes no deben estar aquí tirados. Si los vuelves a dejar en la cocina, esto volverá a pasar. ¿De acuerdo, hijo?

—¡Dada! —balbuceó con firmeza.

—Me alegra que lo entiendas. —Alterium tocó con cuidado la pequeña cabeza de Arthur para reconfortarlo.

—¿De verdad estás bien? También por lo que hice ahí… —pregunté con vergüenza, desviando un poco el contacto visual.

—Sí, estoy bien. No pienses demasiado en ello —respondió, acariciando mi cabeza con una sonrisa—. Yo también fui descuidado. No guié bien a mi hijo para que no jugara en la cocina. No volverá a suceder. Él también ya entendió lo que pasó.

Incluso si el tono de voz de Alterium es profundo y para cualquiera podría parecer intimidante, sus palabras siempre suenan cálidas. Y esta vez, fueron particularmente más amables de lo usual.

—Sé que así será, el pequeño Arthur siempre ha sido muy inteligente.

—Sí... Ya que todo está en orden, prepararé el desayuno que tenía planeado. Les avisaré cuando esté listo.

—Gracias. Aprovecharé para terminar de ordenar la sala con los nuevos juguetes del pequeño príncipe. Quiero usar mi tiempo libre para enseñarle todo lo que pueda aprender un bebé de su edad.

Después de todo, queda menos de un mes y el pequeño Arthur ya tiene más de diez meses.

Pero aún es muy pequeño, a veces pienso que me hubiera gustado empezar a hablarle de mis libros de estrategias militares, pero sé que su padre lo hará a su manera cuando crezca un poco más.

—¡Baba! ¡Dete!

—Me alegra verte tan entusiasmado —le respondí con una sonrisa.

—Te lo agradezco, Lilian —dijo Alterium con suavidad.

—Sabes que lo hago con mucho gusto. Ayer compramos muchas cosas nuevas para él, quiero aprovechar al máximo nuestro tiempo juntos. —Giré el rostro hacia la cocina, recordando algo importante—. Ah, la tijera. Por eso fui allí primero. Definitivamente, tendré más cuidado esta vez.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.