Bebé demonio

Capítulo 33 Promesa

Mis palabras, llenas de promesas, nunca fueron vacías.

Le dimos a la administración del hospital todo el dinero que querían para la operación de Víctor; incluso la última súplica de un padre desesperado no fue escuchada por el director del hospital. Hasta el final, la avaricia siempre estuvo en lo alto de la balanza de la vida.

Pero no fueron los únicos que se salieron con la suya. Nosotros también obtuvimos una prueba fundamental que sería útil después de su operación.

Si no fuera porque una situación parecida le sucedió a alguien cercano a mi madre, algo que no tuvo un desenlace feliz debido a la negligencia del hospital al negarle la operación por falta de dinero, hubiera sido complicado saber cómo actuar en el caso de Víctor. Incluso si es un recuerdo triste, ahora agradecía a mi madre por brindarme ese conocimiento, a pesar de que era muy joven en ese momento.

La razón principal por la que Víctor iba a ser operado de inmediato era porque tenía el dinero que ellos querían. Me aterraba pensar qué hubiera pasado si Alterium no me hubiera ofrecido aquella cantidad de dinero por ser mis inquilinos. Incluso con el conocimiento que tenía de su situación, el tiempo definitivamente no nos habría perdonado. Sin embargo, no fue así. Solo podía aferrarme a la esperanza de que nada sería en vano.

Ahora, todo lo que quedaba era esperar: una tormentosa y larga espera.
Incluso el ambiente del hospital era frío, más frío de lo usual, a pesar de ser un día caluroso.

Ver a Valentina, ya sin lágrimas y con los ojos hinchados de tanto llorar, aferrada a la mano de su hijo mientras lo llevaban a la sala de operación, era desgarrador. Víctor aún le sonreía, manteniendo la esperanza de que todo saldría bien, solo para darles fortaleza a sus padres. Un hijo que contenía sus lágrimas a más no poder porque se negaba a mostrar esa imagen de él hasta el último momento. Fue una escena tan desconsoladora y, a la vez, tan poderosa, que solo pude pensar que la vida sería demasiado cruel si abandonaba la fortaleza de un niño que solo anhelaba ser feliz junto a sus padres.

Cuando Víctor giró para verme, aún con una sonrisa en su boca, fue como si, con su mirada inocente, me pidiera que cuidara de sus padres. Asentí con firmeza y le devolví la sonrisa de la misma manera, aunque sentí un punzón en el pecho y un nudo en la garganta que hizo temblar la expresión tranquila que intentaba mantener.

En el momento en que Valentina soltó su mano y permitió que se lo llevaran al quirófano, Ernesto la abrazó con fuerza para consolarla. Él también estaba asustado y nervioso, pero ahora estaba decidido a ser el soporte emocional de su esposa, tal como ella lo había sido para él durante tanto tiempo.

Mi acto de cariño más sincero hacia ellos fue abrazarlos en ese instante y susurrarles con una voz suave y cálida:

—Todo estará bien, les prometo que todo estará bien.

La operación de Víctor inició oficialmente a las 3 de la tarde. Fue un momento tan silencioso que solo podíamos sentir el latido de nuestros corazones.

El neurocirujano a cargo de la cirugía nos explicó que, debido a la ubicación del astrocitoma pilocítico, el procedimiento era extremadamente delicado y complicado. La extracción del tumor cerebral podría extenderse por más de once horas, y ese tiempo de espera sería una angustia constante que no se calmaría hasta recibir los resultados de la cirugía.

Con el paso de las horas, cuando dieron las 7 de la noche, nuestra sorpresa fue enorme al ver a Elizabeth entrar apresurada al pasillo del hospital, buscándonos desesperadamente con una expresión desorientada. Su aparición inesperada avivó de inmediato el ánimo de Valentina y Ernesto, quienes se mostraron más que sorprendidos con su presencia.

—¿Cómo es posible? ¿Elizabeth, no estabas fuera de la ciudad? Nos lo dijiste hace algunos días. Además, ¿cómo supiste que estábamos aquí? Mírate, estás agotada. Por favor, descansa un rato en mi asiento —le dijo, cediéndole su lugar sin dudarlo.

—Hola, Valentina, perdonen mi tardanza. Solo apresuré las cosas. De todos modos iba a venir a la ciudad en un par de días. No podía quedarme allá sin hacer nada después de escuchar lo que le pasó a Víctor —aclaró Elizabeth antes de girarse hacia mí—. Gracias, mi querida Lilian, por no ocultármelo. Me habría sentido muy apenada si lo hubiera descubierto tarde y no hubiera podido ayudar en algo.

—No podría ocultarte algo así, Elizabeth. Gracias por venir desde tan lejos. Y... Valentina, perdóname por no ser discreta, pero creí que era importante que Elizabeth también supiera sobre la situación de Víctor. Él la aprecia mucho, al igual que a mí. Además, ella ha estado tan preocupada por él como yo.

—Claro que no me molesta, Lilian. Al contrario, es un gesto muy amable de tu parte haber venido desde tan lejos por mi Víctor, Elizabeth, y eso es suficiente para nosotros —respondió Valentina, tomando sus manos con cariño.

Ernesto también intervino, conmovido:

—Elizabeth, en verdad eres muy gentil por haber hecho esto por Víctor. A mi hijo le habría gustado verte antes de entrar a la sala de operaciones.

—Es una pena haber llegado demasiado tarde para verlo antes de su cirugía… —Elizabeth alzó la mirada—. Valentina, quizá no comprenda por completo cómo te sientes en este momento, pero, como ser humano, puedo entender lo doloroso que es ver sufrir a alguien tan preciado de tu familia. Eres una madre maravillosa y fuerte, nunca dudes de ello. —Volteó a ver a Ernesto—. Al igual que tú, Ernesto. Eres un padre del que Víctor está orgulloso, lo pude notar en la manera en que siempre te mira. Criaron a un hijo igual de maravilloso, y sé que jamás se rendirá ante las adversidades. Así que, definitivamente, todo saldrá bien. Cuentan con todo mi apoyo, no duden en pedirme ayuda para lo que necesiten.

Los ojos de Valentina se llenaron de lágrimas de repente, alertándonos a ambas.




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