Si pudiera expresar con palabras cómo fue mi reencuentro con Víctor después de su operación. Fue como si lo hubiera visto nacer de nuevo. Todavía estaba somnoliento, pero aquella sonrisa tan brillante en su boca no desapareció. Su presencia podía sentirse como la esencia de la vida en su estado más puro.
Que solo me bastó tocar su rostro para sentir que era real lo que veían mis ojos.
De repente, con una voz suave, me habló:
—Lilian, estoy seguro de que este será el último gran dolor que deberé aguantar. Así que ya no tengo tanto miedo. ¿Soy un niño valiente, verdad?
Dirigí mi mano a la suya y lo miré con cariño, con unos ojos brillosos al contener las lágrimas.
Y respondí:
—El niño más valiente que he conocido.
Parecía haber pasado muchos días con todo lo sucedido. Las horas que transcurrieron mientras aún Víctor permanecía en el hospital se convirtieron eternas. Sin embargo, para bien o para mal, había algo pendiente a lo que también debíamos poner atención.
No hay proceso que tarde mientras esté bien asesorado y en buenas manos.
Valentina y Ernesto habían pasado por muchos altibajos en estos días, pero al ver que su hijo se estaba recuperando de la operación, encontraron la fortaleza para realizar la denuncia pendiente, algo en lo que también participé de principio a fin.
El abogado que nos ayudó una vez en mi caso también lo hizo con este. De hecho, este hospital ya había recibido denuncias por cobros excesivos y rechazo de atención por falta de dinero, las cuales fueron olvidadas con el tiempo por falta de pruebas. Toda esa evidencia fue recolectada por mi minuciosamente, sabía que valdría la pena al contar con un abogado confiable.
Nadie negaba la gran habilidad médica de los doctores en un hospital tan especializado. Pero ahora se tenían pruebas de primera mano; una grabación al mismo director y la evidencia del pago completo que se realizó en una situación crítica, en la que no teníamos otra opción si queríamos una respuesta inmediata para la operación de Víctor. No fue difícil activar una investigación en el hospital bajo estas circunstancias. Apenas habían pasado cuatro días cuando el director recibió una notificación oficial que informaba sobre la denuncia y el inicio de la investigación.
Tal vez era la primera vez que enfrentaba algo que no podía manejar, y por ello se atrevió a mirar con temor el vacío al que había escalado, sosteniéndose de la débil cuerda que encontró en nosotros.
Tras este hecho, el director no tardó en citarnos personalmente el lunes para tratar de arreglar la situación en busca de una conciliación. Por supuesto, no fue algo a lo que se accedió con facilidad, ni siquiera con las disculpas a regañadientes que le ofreció a Valentina y Ernesto. Sin embargo, se alcanzó el mínimo esperado: la devolución de una cuarta parte del dinero de la operación y un mes de rehabilitación gratuita para Víctor.
Era evidente que una denuncia personal se cerraría con esta conciliación, pero ya existían antecedentes, y la investigación continuaría debido a las irregularidades detectadas y la vulneración de los derechos de los pacientes. Esto era algo que, tal vez, el director no había previsto, pero ya había firmado un documento formal en el que se comprometía a otorgar una indemnización, y eso era algo que ya no podía incumplir.
Cuando Ernesto y Valentina salieron de la oficina del director para ver a su hijo, me quedé un tiempo más con la excusa de aclarar algunos procesos.
El director no tardó el voltear a mirarme con una expresión fastidiada.
—¿Todavía tienes dudas sobre cómo se hará la devolución del dinero? No voy a incumplirlo, y no quiero repetirlo. Además, ya es bastante ofrecer un mes gratis de rehabilitación.
Me acerqué a él de forma directa, mostrando un gesto frío, y no dudé en responder:
—Si Víctor hubiera muerto porque la prioridad era el pago antes de proceder con una intervención de urgencia, esto no habría terminado en una simple indemnización de una parte del dinero y un mes gratis de rehabilitación. ¿Lo entiende, verdad, director? —Toqué su hombro derecho y sentí cómo su cuerpo se tensó por los nervios, pero enseguida cambié mi expresión por una sonrisa falsa—. Estoy agradecida por su comprensión. Espero que siga siendo diligente también con la recuperación de Víctor.
—¿Eso fue una amenaza? —mencionó, nervioso.
—Puede tomarlo como desee. En contraste con su juicio cuestionable, el cirujano a cargo de la operación de Víctor es admirable en cuanto a sus habilidades médicas. No puedo culparlo por no actuar rápido; después de todo, está bajo su mando y solo sigue órdenes. Incluso se disculpó por lo sucedido. Así que, basándome en la buena reputación que aún tiene este hospital, espero seguir viendo buenos resultados en Víctor. No desperdicie buenos médicos por anteponer sus propias ambiciones.
—Este hospital ya tiene una mancha visible por su "buena obra". No soy tan tonto como para esparcirla más, señorita Lilian.
—Es una buena decisión, director. Espero que mantenga ese pensamiento por mucho tiempo y no olvide que seguirá siendo monitoreado. —Me dirigí a la salida—. Eso es todo lo que tenía que decir. Gracias por escucharme, que tenga un buen día.
—Sí, claro... un buen día —murmuró con frustración antes de que cerrara la puerta.
El dinero fue devuelto tal como se acordó, pero ese monto no lo recibí yo, sino que se lo di a Valentina y Ernesto. Aunque al principio lo rechazaron por obvias razones, les revelé que ese dinero le pertenecía originalmente a Alterium. Y dado que él y el pequeño Arthur nos acompañaron el día de la entrega del dinero, antes de visitar a Víctor, esta vez fue Alterium quien les pidió que no rechazaran mi buena voluntad.
Aún sorprendidos por la repentina revelación, también agradecieron al rey del Inframundo por ayudarlos, aunque fuera de manera indirecta. Fue una escena que observé con satisfacción, debido a que ese agradecimiento sincero era algo que Alterium también debía escuchar.
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Editado: 24.05.2026