Bebé demonio

Capítulo 35 Un ser distinto

Cuando Víctor regresó a su hogar, fue el momento en que por fin pude sentir un sentimiento pleno de calma y felicidad. Sin embargo, lo que sintieron Valentina y Ernesto probablemente fue más que felicidad: habían vuelto a casa con el tesoro más grande que tenían. Esa angustia y tristeza que los martirizó día y noche parecía ahora haber sido solo una larga pesadilla.

Era evidente que aún quedaba un largo camino por recorrer en su recuperación, pero era algo que lograrían superar, de eso no tenían dudas. No solo contaban con mi apoyo, sino también con el de Elizabeth, lo que les permitió mantener esa calma y confianza que ahora podían experimentar.

Mi amiga tiene conocidos que trabajan en un centro especializado en rehabilitación neurológica; al ser cercanos a ella, no sería difícil pedirles que le brinden el tratamiento necesario. Como el hospital está cubriendo parte del costo de la rehabilitación durante estas semanas críticas, el resto de los meses ellos podrían hacerse cargo, con Elizabeth garantizando su nivel de profesionalismo.

Pero lo que le ofreció a Valentina no fue solo una recomendación a través de sus contactos; ella misma se encargaría de cubrir el costo del resto del tratamiento de Víctor. Ante este gesto, Valentina se sintió muy avergonzada por recibir tanto apoyo a cambio de tan poco. Sin embargo, antes de que pudiera rechazar su ofrecimiento, Elizabeth le aseguró que con solo uno de sus deliciosos postres gratis sería suficiente como agradecimiento.

No obstante, esa forma de recompensa no fue suficiente para Valentina. Así que Elizabeth tuvo que cambiar de estrategia y ofrecerle cubrir al menos la mitad del pago, sin posibilidad de negociación, dado que ambos le habían permitido ayudar en lo que necesitaran, y eso era lo mínimo que podía hacer por ellos. Sin poder decirle nada más, Valentina aceptó, y prometió que haría todos los postres que deseara como muestra de gratitud. Y eso también me incluía a mí.

Luego de aquella promesa, y siendo ya un día sábado, por fin Víctor podía descansar en su cómoda cama. El hospital era un lugar sobrio y frío para un niño tan alegre como él; no había punto de comparación con su cálido hogar. Lamentablemente, ese día Elizabeth no pudo asistir por motivos familiares, pero Alterium, el pequeño Arthur y yo sí pudimos ir a visitarlos. Y es probable que mi amiga también lo haría apenas se desocupara.

Mientras Valentina y Ernesto estaban ocupados acomodando los objetos altos del cuarto de Víctor para que todo quedara al alcance de su hijo cuando lo necesitara, Alterium no tardó en ofrecer su ayuda. Fue algo muy oportuno, considerando su estatura, ya que no fue necesario utilizar una silla para alcanzar los objetos más altos. Como no requerían más ayuda y yo los observaba desde el comedor, me dediqué a alimentar al pequeño Arthur.

Sentado en una silla de comer que originalmente había sido de Víctor cuando era un bebé, el pequeño príncipe disfrutaba muy a gusto de su tarta de manzana. Tal era la curiosidad que le despertaba ese nuevo sabor, que no soltó ni por un instante el pedazo que había tomado de su plato, manteniéndolo en la boca con entusiasmo.

—Pequeño Arthur, espera un poco. Tus cachetes tienen migajas de la tarta y casi llegan a tus ojos. —Limpié con cuidado cada rastro de migaja—. Listo, ahora sí puedes seguir comiendo. Tus manitas solo deben agarrar tu postre. Si algo te molesta en los ojos, me avisas y lo limpiaré por ti —le sonreí.

—¡Ba... ba! —balbuceó con dificultad mientras pasaba el bocado del postre.

—Está bien, bebé, come con tranquilidad. Normalmente eres cuidadoso al comer, pero comprendo cuán deliciosa debe estar esta tarta de manzana. Fue hecha especialmente sin azúcar para que pudieras comerla. Los postres de Valentina son muy ricos y únicos. Además, ella se preocupa mucho por la salud de los demás.

—¡Doste! ¡Dito! —exclamó con entusiasmo.

Apenas terminó de balbucear, se transformó por sí mismo en su verdadera forma, ante mi expresión de sorpresa y pánico. Me levanté de la silla apresurada y lo cubrí con mi cuerpo para impedir que Valentina y Ernesto lo vieran. Con una mirada desesperada, giré la cabeza y logré captar la atención de Alterium para que viniera de inmediato.

En solo unos segundos, Alterium apareció detrás de mí, tocó mi hombro y me susurró al oído:

—Está bien, no se dieron cuenta.

—¿Por qué de repente…?

—Mi hijo lo hizo por voluntad propia. Ya tiene la suficiente vitalidad como para controlar su propia apariencia —respondió mientras acariciaba con suavidad la cabeza del pequeño Arthur, que lo miraba confundido—. Antes lo ayudaba a manifestarse con una apariencia humana, pero ahora ya no podré influir mucho en qué forma elija tomar. No te preocupes, haré que vuelva a como estaba antes. Solo no puedo asegurarte que no vuelva a hacerlo.

Viéndolo de nuevo con su apariencia humana, relajé la respiración y hablé en tono de duda:

—Tal vez le pareció que la casa de Valentina era un lugar seguro... tan seguro que simplemente se mostró tal como es.

—Para Arthur, ellos ya no son unos desconocidos —respondió Alterium.

Eso... es verdad.

Volví a dirigirme al pequeño Arthur con una sonrisa, hablándole en un tono suave y suplicante:

—Pequeño Arthur, sé que me entiendes. Por favor, por ahora... solo por ahora, quédate con esta apariencia. ¿Sí?

—Baba, enta —respondió.

—¿Sucedió algo, Lilian? —preguntó Valentina de repente, apareciendo junto a Ernesto.

—No, solo que… se ensució su ropa —respondí mientras lo cargaba de inmediato, aún con temor de que pudiera volver a transformarse frente a ellos—. Lo cambiaré ahora mismo. ¿Podrían prestarme su mueble para cambiarlo? Prometo no ensuciarlo.

Será difícil volver aquí con Alterium y el pequeño Arthur de ahora en adelante. Por ahora, solo puedo hacer esto.

—Por supuesto, no pasa nada si se ensucia. Arthur debe estar incómodo. Además, veo que comió bastante bien el postre que le di. Casi lo terminó todo.




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