En medio de la sala y sentados frente a frente, un silencio se manifestó ante la mirada nerviosa de Valentina y Ernesto.
Tuvo que pasar media hora para que Ernesto reaccionara de su desmayo y otra media hora más para que entendiera que Alterium no era nada de lo que él imaginaba, por lo menos no por completo. Y esto fue posible gracias a la intervención de su esposa e hijo.
La explicación fue algo larga, tanto que incluso me enteré de que Alterium comenzó el legado de su reinado portando el apellido de su madre en su honor y no el de su padre, el cual desapareció para siempre con su muerte. Pero, mientras Valentina sabía más sobre el origen del rey del Inframundo, esa curiosidad humana fue incrementándose y su expresión nerviosa cambió a una de entusiasmo, algo que me hizo darme cuenta de a quién se parecía Víctor, quien tenía la misma expresión, observando con atención la conversación entre los adultos, mientras permanecía sentado junto al pequeño Arthur en uno de los muebles medianos.
Valentina habló en un tono firme:
—Así que prácticamente serías como el máximo representante del Inframundo. Entonces... si gobiernas el Inframundo y también vigilas el equilibrio de nuestro mundo, ¿no serías también nuestro rey?
—De hecho, no soy el único tipo de ser que vigila su mundo —aclaró Alterium con franqueza.
—¡Su contraparte...! —exclamó Valentina, agarrando el hombro de Ernesto con ambas manos y agitándolo con sorpresa—. ¡Oh por... , ellos también existen, esposo! ¿Serán tan angelicales como se cree que son?
Cuando Alterium retomó su verdadera forma, Valentina y Ernesto dieron un pequeño salto, todavía incapaces de acostumbrarse por completo a su aspecto real.
—Debo creer que la cultura humana los ha idealizado como seres bondadosos y agradables a la vista. Solo diré que la verdadera diferencia entre ellos y nosotros es la apariencia y su capacidad de adaptación en su propio mundo.
—Al parecer, no tanto... —murmuró Valentina con desilusión.
Ella no dudó en acercarse al rey del Inframundo con una expresión de arrepentimiento en la mirada.
—Incluso así, eres alguien muy importante. Incluso más que un humano con poder político o monetario. Te hemos tratado como a un simple humano. Rey del Inframundo, ¿no nos guardas rencor, verdad?
—Sé lo que estás pensando, y no estás del todo equivocada —respondió con serenidad—, pero soy un demonio comprensivo. Ustedes son como un gran árbol en medio de un día caluroso. Lilian pudo experimentar tranquilidad y alivio gracias a el en un momento de angustia. Una ayuda desinteresada, que llegó sin pedir nada a cambio. —Me señaló con su mano izquierda y sonrió—. Así que los amigos de Lilian también son mis amigos. Ustedes no son simples humanos.
Expresar tanta cercanía enfrente de ellos, me hizo sentir la extrema confianza que me tenía. Y esa sensación no fue diferente, incluso desde la primera vez nos vimos. Esa espina de curiosidad e intriga aún seguía clavada en mi corazón y sabía que no sería respondida.
Valentina tragó saliva y se atrevió a preguntar con más determinación:
—Y... ¿si no hubiéramos sido cercanos a Lilian?
Hubo una breve pausa antes de que respondiera con sinceridad:
—Simplemente serían humanos que conocí. No tendría razones para dañarlos. Aunque debo decir que tienen mucha más valentía que una persona promedio; en muy poco tiempo pudieron aceptarme, al menos en cierto grado.
Ernesto por fin se atrevió a hablar:
—No puedo decir mucho para defenderme, yo me desmayé al verte. Si hablas de valentía, ese es mi hijo, que ni se asustó al verte así. Y mi esposa, que siempre se mantuvo firme.
—No creas que soy tan valiente, Ernesto. Incluso yo casi te sigo... solo me contuve.
—Si tú no eres valiente, ¿yo qué soy...? —expresó con vergüenza.
—No lo pienses mucho, cariño. Esto no es algo que sucede todos los días.
Alterium interrumpió:
—Solo tratenme como antes. Eso será más cómodo para ustedes y para Lilian. —Volvió a su forma humana para aligerar el ambiente—. Ahora que parezco un humano de nuevo, ¿eso está bien, verdad?
—Muchas gracias, rey Alterium —expresó Valentina con respeto.
—Solo soy Alterium. Pueden tratarme como antes.
—Por supuesto. Muchas gracias, Alterium.
—Te agradecemos por ayudarnos. Estoy muy agradecido por lo que hiciste por nuestra familia —habló Ernesto con una mirada decidida—. Puede que no diera una buena primera impresión con mi reacción... incluso ahora. Pero tu consejo y ayuda, nunca lo olvidaré.
Alterium asintió y respondió:
—Gracias por tomar en cuenta mis palabras.
Ernesto me miró y luego lo miró a él.
—Entonces... por obvias razones ustedes no son familiares, por todo lo que me contaron.
Al escuchar eso, mi expresión se tornó nerviosa.
—Lo siento por eso. Te mentí sobre su origen, incluso te dije que éramos familiares —mencioné en un tono culpable.
—No hay razón para pedir perdón. ¿Cómo podrías decirme que estabas hospedando a dos demonios? Además, sé muy bien que no querías preocuparme. Incluso si él hubiera sido humano, era mejor pensar que era un familiar tuyo.
—Me conoces bien, Ernesto. De hecho, fue por eso —contesté aliviada.
—También... Bueno... debiste asustarte mucho cuando los conociste... Sin ofenderlo, por supuesto —aclaró de inmediato al notar la mirada fija de Alterium en él.
—Ah, sí. Soy una humana después de todo. Pero no pasó nada de lo que imaginas. De hecho, me adapté rápido a tenerlos como inquilinos. Siempre fueron amables y cooperativos conmigo. Tanto que a veces olvidaba que no eran humanos.
Alterium dio un paso adelante para acercarse a mí.
—Si quieres saber a detalle lo que sucedió ese día... digamos que, aunque Lilian se asustó al principio, lo siguiente que hizo fue interrogarme con dureza por obvias razones. De hecho, le supliqué quedarme en su casa por la condición en que llegamos a ella. Y debido a la amabilidad de Lilian, fue por mi hijo que nos quedamos como sus inquilinos.